Barry STRAUSS, La batalla de Salamina. El mayor combate naval de la Antigüedad

Barry STRAUSS, La batalla de Salamina. El mayor combate naval de la Antigüedad, Barcelona, Edhasa, 2006, 448 pp. [ISBN 978-84-350-2678-7]

 

De gran acierto debemos calificar la edición traducida al castellano de la obra de Barry Strauss aparecida en 2004 bajo el título de Salamis: The Greatest Naval Battle of the Ancient World, 480 BC, que alcanzó gran éxito editorial en su país, Estados Unidos, y que ya ha sido traducida a cinco idiomas. No sólo hay que agradecerle al autor su acercamiento a un tema y a una batalla tan interesante, sino que, además, guardando las distancias, este trabajo de inspiración herodotea viene a sumarse a la revisión de dicho historiador y vuelve a ponerlo de moda, lo cual ya consiguió recientemente Ryszard Kapuscinsky con sus Viajes con Heródoto.

La originalidad del trabajo de Strauss trabajo reside en su concepción de la obra y en la elección de un método, en cierto modo también muy próximo al de Heródoto. Los editores españoles lo catalogan de «ensayo histórico» dada su peculiar planteamiento, pues, en realidad es una propuesta atrevida y acertada, por cuanto el estudio puede considerarse a mitad de camino entre una sesuda monografía sobre el tema propuesto y la novela histórica tan en boga en la actualidad, pero con la virtud de saber extraer de cada una de ellas lo positivo. De esta manera, el autor no sólo se aseguraba la atención de los estudiosos de la historia de Grecia, sino también la aceptación de los aficionados a la historia desde la visión más prosaica y más literaria de la novela histórica, en especial sobre el mundo clásico, tan en boga por obras como las de Massimo Manfredi o Gillian Bradshaw, por citar algunos nombres de actualidad. Así, para quien participe de las dos aficiones, la del especialista en historia antigua y la del «devorador» de novela histórica, la obra de Strauss resulta una lectura altamente gratificante, por cuanto cumple la máxima clásica del docere delectando.

No obstante, el éxito de la obra no reside exclusivamente en la concepción de la obra, sino en otros factores de los que a continuación daremos cuenta.

 

 

En primer lugar, el historiador, Barry Strauss, profesor de Historia y Cultura Clásica en la Universidad de Cornell, es un gran estudioso de la historia griega, no sólo de aspectos meramente políticos, como los manifestados en obras suyas como  Athens after the Peloponnesian War: Class, Faction and Policy 403-386 BC, de 1986, sino también de otras cuestiones como la estrategia y los hechos militares, demostrados en obras como The Anatomy of Error: Ancient Military Disasters and Their Lessons for Modern Strategists, de 1990. Como cúmulo de sus investigaciones y de sus conocimientos multidisciplinares, el autor abarcará en esta obra cuestiones históricas, sociales, económicas, demográficas, militares, topográficas, náuticas, climáticas y eólicas, gastronómicas y alimenticias, etc., para ofrecer su visión de la batalla desde todos las perspectivas y factores que pudieron influir en ella, incluyendo referencias a hechos históricos anteriores y posteriores, en especial de la Guerra del Peloponeso. Así, la estancia en Grecia y Turquía le permitió conocer de primera mano la topografía y orografía de las zonas del Ática y de las islas cercanas donde se produjo la batalla de Salamina y de las ciudades e islas del mar Egeo, así como las condiciones climáticas (en especial, la intensidad y dirección de los vientos) del estrecho de Salamina y diversos aspectos arqueológicos.

También allí se documentó sobre la maniobrabilidad y construcción de trirremes y otros aspectos de las marinas de la Antigüedad. En cierto modo, la obra resulta una pequeña enciclopedia sobre la batalla estudiada.

Además, el estudio demuestra un gran conocimiento de las fuentes de la Antigüedad, centrándose sobre todo en las figuras y obras de Heródoto, de Esquilo (en concreto, su obra Los persas) y de Plutarco (Vida de Temístocles), que, en especial en los dos primeros casos, servirán de hilo conductor de sus presupuestos históricos y de sus suposiciones e hipótesis sobre todo aquello de lo que no hay argumentos ni restos históricos demostrables. Junto a ello, la obra destila un profundo conocimiento de la crítica moderna sobre el tema. En este sentido, dos de los aspectos que alejan al presente estudio de las tradicionales monografías históricas, en ocasiones tan farragosas y difíciles de leer, reside, por un lado, en la inserción de notas, no a pie de página, sino al final del libro —clasificadas por capítulos en 19 páginas—, y sólo para indicar de manera general la referencia literaria clásica de las que saca sus hipótesis, y, por otro, en reducir al mínimo —sólo catorce páginas—, al final del libro, las referencias bibliográficas, catalogándolas por temática. Aquí se puede plantear, no obstante, un pequeño reproche al profesor Strauss, por cuanto, salvo escasas excepciones, toda la bibliografía está en lengua inglesa, sin referencias a obras en otros idiomas; con todo, el traductor ha incluido la indicación de ediciones en castellano de los textos clásicos greco-latinos.

El libro, tras los preceptivos agradecimientos y unas pequeñas páginas dedicadas a notas sobre onomástica, toponimia y abreviaturas, cronología del año 480 a. C. y sobre las embarcaciones (en cierto modo, estas páginas iniciales podrían considerarse una introducción), se estructura en cuatros partes o, quizás sea más correcto decir fases respecto de la batalla de Salamina: «El avance», «La trampa», «La batalla» y «La retirada»; las dos primeras partes se dividen en cuatro capítulos cada una y las dos últimas en otros tres respectivamente (el primero y último de los catorce serán el prólogo y el epílogo de toda la obra).

De esta «introducción» destaca un desglose de los distintos momentos de recopilación del material y de la composición del presente estudio, así como el cuadro cronológico por el cual se nos indica que desde los preparativos de la batalla (las maniobras de Jerjes para hacer cruzar a todo su ejército desde Asia a Europa en el Helesponto) hasta la retirada persa del Ática y la vuelta de los espartanos al Peloponeso, sólo transcurrieron cinco meses, de mayo a octubre del 480 a.C., y que la batalla se desarrolló en un solo día (se propone el 24 de septiembre).

La narración del estudio se articula en todos los casos de la misma manera: tras un mapa de la zona, donde se sitúan los accidentes geográficos fundamentales para los hechos y las posiciones ocupadas por sus protagonistas, cada capítulo, intitulado con un topónimo (Artemisia, Termópilas, Atenas, Salamina, Falero, Andros y Susa), comienza generalmente con la presentación de un personaje, no sólo de primera línea como Temístocles de Atenas, la reina Artemisia de Halicarnaso, el rey Tetramnesto de Sidón o Euribíades de Esparta, sino también secundarios para la guerra como Hermótimo, un eunuco de Jerjes, Sicino, el esclavo de Temístocles, o el poeta Esquilo, utilizados estos últimos para dar cierto halo de misterio a los hechos. Con el personaje de cada capítulo se introducen los proyectos, preparativos y movimientos previos de tropas, embajadas, consejos de guerra y asambleas relativos a la batalla y se analiza su importancia respecto de la misma.

A partir de la descripción del personaje se analizan en cada capítulo diversos factores, cruciales o no, de los preparativos de la batalla, de la batalla en sí y de sus consecuencias e implicaciones: en cierto modo, cada capítulo, salvo los de la cuarta parte, «La retirada», suponen pequeñas aportaciones, pequeños granitos de arena, que hacen comprender en su conjunto el hecho puntual de la batalla de Salamina, conduciendo, por tanto, a un único fin. Unido a esta disposición narrativa, hemos de decir que también resulta atractiva la consideración de los hechos desde la perspectiva de los griegos (sobre todo) y de los persas, con las implicaciones de los protagonistas y también de los personajes anónimos.

Otra característica atractiva del libro es el empeño de su autor por mostrarnos de un lado la psicología de los personajes principales (Temístocles, Jerjes, Euribíades y la reina Artemisia, sobre todo), sus tejemanejes, sus formas de actuar; así, en varios momentos se habla de la improvisación de los griegos y de la falta de escrúpulos de Temístocles a la hora de traicionar a los suyos y provocar la guerra, se expone la actitud de Jerjes, que no atiende a ningún consejo, pues ya tiene tomada su decisión, y, por último, se indica que entre los contingentes y nobles persas no había unión, sino sólo una ambición y un deseo por medrar y adquirir el favor real. Junto a ello, es remarcable una gran meticulosidad por parte del autor a la hora de describir la situación política en Grecia, marcada por la total desunión y la gran rivalidad entre las distintas poleis, así como el conglomerado de razas, costumbres, modos, fuerzas y armas que había en las tropas persas al servicio de Jerjes.

Otro factor que hace excelente el resultado de la obra de Strauss es el estilo narrativo, ágil, accesible, en ocasiones emocionante y dramático, con digresiones que detienen y retrasan la culminación de los hechos; en otras ocasiones con precipitación de los acontecimientos. Con frecuencia, la descripción de los hechos tiene ciertos tintes cinematográficos que enganchan al lector, pues al describir la ansiedad, la angustia o la espera de los personajes se crea en el lector dichas sensaciones.

En este sentido, una de las mayores preocupaciones de Strass ha sido intentar contar lo que hacían o pensaban los pobres, los remeros, los soldados anónimos de a pie, así como retratar qué les pasaban a los niños, ancianos y mujeres.

La narración de los hechos se ve favorecida también el paso de lo trivial a lo crucial dentro de los hechos se hace con gran naturalidad, de manera que no sólo resulta atrayente la narración, sino que, en consonancia con la combinación de personajes vitales como Temístocles y Jerjes con personajes secundarios, cuasi anónimos, nos hace conscientes de que los grandes acontecimientos de la historia son inviables sin los hombres anónimos que en ellos participan. En parte, esta doble combinación pretende realzar el significado de la batalla de Salamina: para Strauss es la victoria de la democracia y la victoria del talento de un personaje ambiguo como es Temístocles. Así, la obra se concibe ad maiorem gloriam de Temístocles, de la democracia y de Atenas.

Un elemento que añade valor a este ensayo es el atrevimiento de su autor a entrar en el terreno de lo que podríamos llamar ucronía, es decir, elucubrar o hipotetizar, a veces en exceso, acerca de cómo habría sido la historia en caso de que la batalla de Salamina hubiera sido vencida por los persas o acerca de los proyectos y previsiones que cada uno de los bandos tenía. Por consiguiente, aparecen con gran frecuencia el verbo «imaginar» y sinónimo, así como formas verbales condicionales que denotan planes, proyectos de los personajes y un futuro que ahora sabemos a ciencia cierta irreal e imposible. De hecho, en clara vinculación a esta tendencia, también se puede leer qué es lo que harían o qué penalidades podrían pasar los remeros, los pobres, los desprotegidos, etc. Desde el punto de vista de la concepción de la obra esta tendencia recurrente a las hipótesis e incluso a la divagación da un toque de irrealidad, originalidad y creatividad al libro que contrarresta o, mejor dicho, equilibra la profunda investigación de su autor, pues, además, Strauss deja claro al lector cómo debe discernir entre lo erudito y lo novelesco.

En el epílogo, en relación con la concepción de la obra ad maiorem gloriam de Temístocles, de la democracia y de Atenas, se ofrecen reflexiones interesantes sobre la democracia como el gran legado de Salamina, llegando en un somero repaso a la democracia del siglo V a.C. hasta Pericles. Con todo, Strauss no puede abstraerse de criticar dicha democracia, por cuanto, tras la guerra, Atenas se erigió como un imperio democrático, o, si lo preferimos una democracia imperialista (¿en clara, pero velada crítica a la política de Estados Unidos?), de manera que el imperio aqueménida en el Egeo fue sustituido por el imperio ateniense. Además, se enuncia el conflicto desde una perspectiva quizás anacrónica, como el primer enfrentamiento entre Occidente y Oriente, entre la civilización contra la barbarie: Jerjes, el rey tirano de Persia y representante de todo el Oriente Próximo y Medio, es un vengador, un cruel castigador que no tolera los errores, pero va a ser derrotado por Temístocles, el guía de Atenas, el adalid de la democracia y de la libertad como fundamentos de Occidente y el defensor de la ciudad y de la cultura cuna de la nuestra propia cultura occidental.

Por otro lado, al menos, para nosotros, la obra en sí y su estilo ofrecen ciertas reminiscencias añadidas que nos recuerdan a Herótodo y detectables por muy diversos factores: Strauss cuenta algunos pasajes desde la perspectiva del que ha viajado y ha visitado los lugares de la batalla (como Heródoto hizo en su momento); el investigador norteamericano ha elegido conscientemente al público al que va a dirigir su obra (estudiosos y entusiastas de la historia antigua) y constantemente quiere compensar datos complejos con descripciones más mundanas (del mismo modo que Heródoto tenía un público al que debía mantener atento y al que no podía aburrir contando sólo las Guerras Médicas); además, siempre que tiene ocasión se aleja de la narración de los hechos para detenerse en digresiones, anécdotas y tópicos de la Grecia antigua —no necesariamente de los años de las citadas guerras, sino también de hechos anteriores y posteriores a las mismas—, adquiriendo la obra cierto cariz enciclopédico.

Con todo, pocas obras quedan exentas de algunos defectos, que en ocasiones pueden considerarse excesos de lo que en un principio eran puntos positivos del libro: uno de ellos es el uso de estas digresiones y tópicos sobre la Grecia antigua, pues a veces resultan superfluos e innecesarios (por ejemplo, al citar Eleusis explica los misterios eleusinos, al mencionar el monte Himeto explica los productos típicos del lugar, o al describir a Sostrato de Egina nos hace un excursus sobre el poder marítimo de la isla antes de las Guerras Médicas); también se producen repeticiones un tanto pesadas (por ejemplo, cuando menciona el número de barcos de cada contingente en casi todos los capítulos) o el suspense de algo ya conocido en ocasiones puede resultar un tanto cargante. Achacable probablemente al traductor, se producen molestos errores en la trascripción de los nombres propios griegos al castellano y en el uso de términos técnicos, de los que a continuación sólo damos unos ejemplos: Tespia en lugar de Tespias, Mycale por Micale, Euphrantides por Eufrántides, dobletes como Piteas/Pitias y Egaleo/Egileo, deme en lugar de demo, paean por peán. En las notas, se ofrece el nombre del autor clásico traducido al castellano, pero el título de la correspondiente obra no, por lo que leemos citas tan chocantes como Esquilo, Persians, o Plutarco, Life of Themistocles.

Desde el punto de vista de la consideración de los hechos, quizás por dar esa visión cercana a la novela histórica y por cierta imparcialidad a favor de los griegos y de la democracia, hay momentos en los que la batalla parece estar concebida a modo de un western (o las películas modernas donde generalmente norteamericanos se defienden contra invasores), donde los buenos, defensores del orden y de los grandes principios de la democracia y de la libertad, —los griegos y Temístocles—, luchan contra los malos, el tirano imperialista sin límites a sus ambiciones y sus súbditos, —el gran rey, Jerjes y todos sus súbditos persas, medos, bactrios, fenicios, carios, egipcios, etc.

Por otro lado, al leer el epílogo y reflexionar sobre el conjunto de la obra, queda la sensación de que la batalla está narrada desde un posicionamiento tan favorable a los griegos, que parece que todos los hechos sucedieron por voluntad de los griegos y de Temístocles, planteando el proyecto de Jerjes como un ansia de derrotar a los griegos para vengarse y reconociendo escuetamente el mérito de Jerjes y de su expedición, al tiempo que se recrea en señalar todos los errores tácticos y logísticos de la empresa.

A pesar de todas estas carencias, peccata minuta en un trabajo de tanta calidad, en su conjunto es altamente recomendable la lectura de esta obra por la buena difusión de un tema del que siempre hablamos los helenistas, pero del que a partir de ahora a buen seguro nos hemos enriquecido gracias a los datos y perspectivas de Strauss.

Publicado en Gerión (2007), 25 vol. 2, pp. 177-182.

J.F. GONZÁLEZ CASTRO, Palabras castellanas de origen griego

J.F. GONZÁLEZ CASTRO, Palabras castellanas de origen griego. Madrid, Ediciones Clásicas, 1998, 130 págs. ISBN 84-7882-160-0

De declarada finalidad didáctica como uno de sus objetivos primeros el presente trabajo hace gala, a su vez, de una sólida y rica base científica para un estudio metódico y hasta creativo de los helenismos en la lengua castellana. El libro se configura en tres partes: una primera de introductoria, la segunda con el léxico griego-español, para concluir con un listado de términos español-griego.

En la primera parte introductoria González Castro recoge y trata los puntos más indispensable para que el lector pueda hacerse con las reglas —por lo menos las indispensables— de transcripción griego-castellano (ya sean vocales simples, diptongos, consonantes y espíritu áspero), incluye también dos apartados más sobre sufijación (se centra en -ema, -itis, -mo, -terio) y compuestos híbridos, para concluir con la obligada reseña bibliográfica, buena y corriente al uso. Deberemos observar, sin embargo, que se mantiene el espíritu áspero como ‘h’ en ‘hidro’ siempre y no sólo como segundo elemento de compuestos tal como se nos dice (cf. págs. 6 y 103-104). En segundo lugar, y no en menoscabo de las necesidades pedagógicas, pensamos que sería bueno ampliar la nota bibliográfica con estudios sobre helenismos en otras lenguas: tratándose de las lenguas románicas en la península ibérica, la riqueza léxica se adapta de forma muy parecida en unas y otras (al respecto se puede citar un opúsculo de J. Coromines, Les relacions amb Grècia reflectides en el nostre vocabulari, 1936).

El segundo bloque, el más importante del libro, está propiamente dedicado al léxico. Y aquí conviene resaltar que entre las originales aportaciones de esta obra se encuentran, precisamente, una cantidad nada despreciable de términos que no aparecen en el Diccionario de la Real Academia: por ejemplo sobre gramática y concretamente términos específicos de métrica (‘anadiplosis’, ‘coliambo’, ‘coronis’, ‘crasis’, ‘escazonte’, ‘heptemímera’, ‘lecito’), también se cuentan en este apartado numerosos términos usuales del mundo de la biología y medicina (‘electrograma’, ‘electrocardiograma’, ‘meyosis’…), o términos de  carácter científico más general (‘haliéutica’, ‘climatólogo’, ‘electroacústica’, ‘electrodinámica’…), amén de otros más usuales, que hasta nos atreviríamos a calificar de corrientes, como ‘antievangélico’ o ‘antilogaritmo’ (éste en las aulas de ciencias). Sería bueno, pues, un vaciado exhaustivo de todo el vocabulario que este léxico aporta y que, como decimos, no se recoge en el DRAE o enciclopedias al uso. La lista no sería parca: ‘fototropismo’, ‘dodedáctilo’, ‘endoblasto’, ‘endosperma’, ‘endoblasto’, ‘haliófito’, ‘isótero’, ‘escazonte’, ‘lecito’, ‘acarpo’, ‘abléfaro’, ‘glosoplejía’, ‘hamadríade’, ‘braquipnea’, ‘antievangélico’…

Hace bien el autor en señalar que algunas palabras se introdujeron más como meros galicismos, con mayor fuerza, pues, por el francés que por el griego (cf. ‘estratega’/’estratego’, ‘higiene’, ‘metilo’ del fr. méthyle). En otros casos fue por cultismo latino helenizado: lat. spira (del gr. speíra) ‘espiral’, sisymbrium (del gr. sisýmbrion) ‘sisimbro’, sceptrum (del gr. sképtron) ‘cetro’, p(h)alangae (del gr. phálagx) ‘falange’ y ‘palanca’. O del árabe también, con influjos del griego: ‘almástiga’ (cf. mastíchê), ‘alambique’ (cf. ámbix). No estaría de más, pensamos, incluir la parte del étimo latino en compuestos híbridos (‘automóvil’ y un largo etcétera).

Otro punto a su favor son los numerosísimos nombres propios de origen griego que se recogen (echamos en falta ‘Alicia’, ‘Demades’, ‘Demágoras’, ‘Eurípides’). Por claros motivos de necesidad pedagógica hace bien su autor de obviar nombres propios difíciles de explicar como ‘Odiseo’, ‘Aquiles’, ‘Yocasta’ cuyas explanaciones requieren mayores conocimientos de gramática histórica, como el mismo nombre de ‘Zeus’.

Con prurito por llegar a ser lo más completo posible el trabajo recoge dobletes en la grafía, como ‘anemona/e’, ‘(p)seudónimo’, ‘(p)sicología’, ‘(p)neumonía’. Se recoge ‘colesterina’ (el galicismo) de stéar, pero no el término más corriente, que es ‘colesterol’. Se podrían añadir numerosos términos, sobretodo en los compuestos de preposición, por ejemplo ‘antiemético’, etc.

Casi no se han detectado errores: ‘Quersoneno’ por ‘Quersoneso’, ‘Praxiteles’ por ‘Praxíteles’, ‘filau-tía’, ‘hi-drópata’, ‘hidros-fera’, ‘sín-tesis’, ‘paro-nomasia’ (se deberá revisar la separación de palabras). Y a la hora de enunciar el término griego convendría uniformar la inclusión o no del artículo como marca de género. Un índice de palabras españolas con su correspondiente griego concluyen dignamente el volumen.

RAMON TORNÉ TEIXIDÓ

http://daidalea.blogspot.com

Valerio Massimo Manfredi, El Ejército Perdido y Michael Curtis Ford, La Odisea de los Diez Mil

Valerio Massimo Manfredi, El Ejército Perdido, Grijalbo Barcelona, 2008.
Michael Curtis Ford, La Odisea de los Diez Mil, ediciones Debolsillo, Barcelona,2004.
En el siglo IV a. C. un militar ateniense se embarcó en una expedición que un príncipe persa, Ciro, quería llevar contra su hermano, el rey Artajerjes, para hacerse con el poder del imperio persa. La expedición condujo a 10.000 griegos mercenarios y a un número mayor de tropas persas y de los pueblos nativos de todos los territorios intermedios entre la costa del Mar Egeo de Asia Menor y Mesopotamia. Después de atravesar toda Asia Menor y llegar hasta las puertas de Babilonia, la expedición fue un fiasco, ya que el príncipe murió en el primer combate. Ahora quedaba esperar la suerte de los soldados que, al unirse al príncipe. se rebelaron contra el rey. Estos 10.000 griegos eran temidos como hoplitas, mercenarios máquinas de matar y se les permitió volver a su casa, seguidos, perseguidos y hostigados a través del desierto y de un territorio hostil, teniendo que remontar ríos y valles desde casi el Mar Rojo hasta el Mar Negro en el norte de Asia Menor para llegar finalmente al Mar Egeo.
Esta peripecia histórica fue narrada por ese general ateniense, llamado Jenofonte y el libro es conocido como La Anábasis. Casualmente es uno de los dos autores y una de las obras que hay que traducir en las Pruebas de Acceso a la Universidad de Zaragoza (PAU).
En el 2001 Michael Curtis Ford publicó una novela histórica titulada La Odisea de los diez mil que, lógicamente, cuenta dichos hechos desde la perspectiva y la amenidad de la literatura atual de corte histórico.
Ahora, en de Noviembre de 2008, se ha editado un libro de un gran seguidor y heredero de Ford y uno de los actuales gurús y maestros de la novela histórica, el italiano Valerio Massimo Manfredi; el título es El ejército perdido, y se centra en la figura de Jenofonte para narrar esta odisea.
La sinopsis de la editorial sobre la novela de Manfredi dice: «La historia de una mujer cuyo amor por Jenofonte la empujó a abandonar a su pueblo y acompañarle con el ejército de los diez mil durante una de las campañas bélicas más duras de la Antigua Grecia. La victoria no es el único camino hacia la gloria. 401 a.C. Treinta años de guerra entre Esparta y Atenas han llevado a Grecia al límite de sus fuerzas. En este momento de profunda crisis, Ciro, hermano del emperador persa Artajerjes, decide reunir un enorme ejército de mercenarios griegos, que pasará a la historia con el nombre de «Los Diez Mil». Aunque anunció que su propósito era combatir a las tribus rebeldes, el verdadero objetivo de esta marcha de tres mil kilómetros sigue siendo uno de los grandes enigmas de la Antigüedad. Tras la muerte de Ciro en una batalla, los mercenarios quedaron abandonados a su suerte en un territorio que les era hostil. Poco después, los jefes griegos son aniquilados en una emboscada; Jenofonte, un culto y experimentado guerrero ateniense, toma el mando de la fracasada expedición y emprende el regreso a su patria. A su lado siempre está Abira, una joven tan enamorada de él que había abandonado a su familia y su pueblo para seguirle. El ejército perdido narra la épica aventura de Los Diez Mil y a la vez la historia de un amor incondicional que nunca vaciló ante las mayores adversidades».
Sobre Manfredi en nuestro blog, pincha aquí.
La sinopsis de la editorial sobre La Odisea de los Diez Mil dice: «En el año 400 a.C., tras una larga guerra, Atenas ha sido vencida por Esparta, sus naves destruidas y su ejército desmembrado. Sin embargo, miles de soldados veteranos están dispuestos a seguir luchando, y se forma un ejército de mercenarios que acude a la llamada de Ciro, hermano del rey persa, que pretende hacerse con el trono. Jenofonte, un joven ateniense, discípulo de Sócrates y guerrero, decide unirse al ejército mercenario junto a su fiel esclavo Teo, con el objetivo de alcanzar la gloria y emular las grandes victorias de su padre, uno de los grandes héroes de Atenas. Así es como el ejército de los Diez Mil emprende una travesía épica, de Grecia a Persia, durante varios meses, donde conocerán la gloria con algunas victorias, pero también el sabor amargo de la derrota. El destino llevará a Jenofonte a capitanear a estos valientes veteranos en su regreso a Grecia, desafiando al enemigo, a las tribus hostiles, el rigor del invierno, el desierto, las montañas nevadas y el hambre. La odisea de los Diez Mil es una epopeya magnífica y un episodio heroico de la historia digno de ser recordado, que Michael Curtis Ford recrea con magistral realismo».
Sobre Ford, pincha aquí.
Que las disfrutéis, porque en nuestra opinión es una de las mejores obras de Manfredi, con una buena combinación de historia y de ficción, con su maestría narrativa y su buen manejo de las fuentes históricas. En comparación con la novela de Ford, Manfredi resulta más creativo y más cercano a la ficción, mientras que Ford se muestra más fiel a sí mismo, dejando menos margen a la ficción, salvo en los diálogos, y ateniéndose de manera general a las fuentes a pies juntillas. Ambas son muy buenas obras, merecen la pena y docent delectando.

Valerio Massimo Manfredi, Los Idus de Marzo

Valerio Massimo Manfredi, Los Idus de Marzo, editorial Grijalbo, Barcelona, 2009.
Los adictos a la novela histórica de temas clásicos y los incondicionales de Valerio Massimo Manfredi esperábamos con expectación su nueva novela, Los Idus de Marzo, editada el pasado mes de Noviembre y en la que aborda de una forma original un tema muy conocido de la historia de Roma, el asesinato de Cayo Julio César acaecido en los Idus de Marzo (día 15) del año 44 a. C.
La sinopsis en la sobretepa y en la web de la editorial dice: ««¡Guárdate de los idus de marzo!» Esta fue la célebre advertencia que hizo un adivino a Julio César, infausto presagio de lo que iba a suceder. El complot ya estaba urdido y los conspiradores decididos a dar el golpe fatal. Tampoco las palabras de aviso del adivino fueron las únicas que escuchó César en los días previos al asesinato, pero era tan grande su confianza que las rechazó. En muchos aspectos la de César fue una muerte anunciada. Esta obra de Valerio Massimo Manfredi es la crónica implacable de las cuarenta y ocho horas anteriores al sangriento acontecimiento que había de cambiar la historia. En ella todos los personajes -desde César hasta Porcia, desde Cicerón hasta Bruto, la mano ejecutora- van asuminedo su papel con la tensa cadencia de una tragedia griega. Y es que a veces la historia es la mejor novela…».
La originalidad reside en la combinación de personajes reales de la Historia con mayúsculas, como César, Bruto, Cicerón, Marco Antonio, Cleopatra, etc., con personajes históricos que participaron en los acontecimientos de aquel período, como Publio Sextio, Antistio, Gayo Trebonio, Artemidoro, etc., con personajes completamente ficticios, aunque verosímiles, que crea Manfredi para su trama novelesca, como los correos Rufo, Vibio, Mustela, etc., soldados y esclavos.
La novela pretende narrar los acontecimientos entre las Nonae de Marzo (día 7) hasta los Idus, casi hora por hora, focalizando la acción en tres tramas: los últimos momentos de César entre la incertidumbre de una conjura y su planificación de la guerra contra los partos; los conjurados, jugando con el tiempo en contra y dubitativos respecto de los miembros de la gente que debía participar en la misma; y por último, las peripecias y luchas de los correos de los partidarios de César y de los conjurados contra la naturaleza, las inclemencias del tiempo y entre ellos (probablemente la parte más original de la novela).
Manfredi prescinde de toda la erudición sobre un hecho tan conocido y se dedica a narrar aspectos menores y crear una trama imaginaria sobre cómo pudieron desarrollarse los hechos.
Sin embargo, desde nuestra opinión y conocimiento de otras obras de Manfredi, podemos decir que no es de sus mejores novelas; más bien todo lo contrario: no es una novela histórica fiel a los hechos, donde Manfredi suele ser detallista, sino que más bien es una novela de ficción histórica, donde los personajes reales interactúan con personajes ficticios; a diferencia de otros títulos de esta segunda faceta novelística, como El imperio de los dragones o La conjura de las reinas o La última legión, el autor italiano no logra crear una emoción trepidante, los diálogos no son tan redondos y ágiles como los de otras ocasiones y el dibujo psicológico de los personajes no resulta original ni atractivo.
Sobre Manfredi en este blog, pincha aquí.

Simon Scarrow, Los Lobos del Águila

Simon Scarrow, Los Lobos del Águila, ediciones Edhasa, Barcelona, 2005.
Seguimos con la saga del Águila, es decir, las aventuras de Quinto Licinio Cato, un singular centurión (primero optio) en la Segunda Legión en tiempos del emperador Claudio a las órdenes de Aulo Plautio y Vespasiano en la conquista de Britania.
La cuarta entrega de la serie se titula Los Lobos del Águila (título original en inglés The Eagle and the Wolves, publicado en 2003). A los personajes históricos de la saga como Aulo Plautio y Vespasiano, se suma ahora Verica, rey de los atrebates, una tribu celta que vencida por los catavelaunos se alió con Roma, ayudándola en su conquista de Britania.  En esta novela, Verica, viejo y cercano a la muerte, reina sobre un pueblo hambriento y no puede prestar ayuda a los romanos en la defensa y vigilancia de Calleva, su capital, ni de la ruta de suministros necesarios para la guerra contra Carataco, líder de los britanos.  Por ello, solicita a los romanos la posibilidad de crear unas cohortes de soldados atrebates al servicio de Roma para defender Calleva y los suministros. Aulo Plautio accede y, como no, Cato y su inseparable centurión Macro serán los encargados de instruir estas dos cohortes, que, a imitación del ejército romano, serán instruidas y lucharán bajo estandartes, no de las Águilas romanas, sino de los Lobos (cohorte de Cato) y Jabalies (cohorte de Macro); de ahí, el título de la novela: como la cohorte del protagonista será la que más sobreviva, serán los Lobos del Águila.
La novela se centrará por tanto en el entrenamiento de estos soldados atrebates al servicio de su rey y de Roma y los conflictos políticos que ello conllevará.
Respecto de la instrucción, las cohortes de Lobos y Jabalíes pronto tendrán que entrar en combate contra los durotriges de Carataco; una primera victoria elevará su moral, al tiempo que provocará disensiones internas sobre el uso de las cohortes atrebates para rebelarse contra Verica y pasarse al bando de Carataco, para independizarse o para continuar con los romanos.  No obstante, una nueva batalla con los durotriges conllevará el asedio de Calleva, la destrucción de gran parte de la cohorte de Jabalíes y la resistencia de la de los Lobos.  Esta es la parte de la guerra vista desde el campo de batalla, como algo confuso, humano, casi sin orden ni sentido.
Paralelamente, como a lo largo de toda la saga, las intrigas políticas dan la dimensión histórica de las batallas y de los imperios.  Junto a las ambiciones personales estarán las realidades de los estados, tanto para romanos como para celtas.  En el caso de los atrebates, Verica, el viejo rey, es sabio por viejo, recuerda los viejos tiempos en los que los catavelaunos lo expulsaron de su reino y cómo se vio forzado al exilio y a pedir la ayuda romana para recuperar su reino, a pesar de tener que pagar el precio de la alianza (y yugo) romano.  Sin embargo, nobles atrebates y el propio sobrino del rey, Tincomio, harán lo posible por romper la alianza con los romanos y una traición interna sumada a un ataque externo de los durotriges será el nudo y el desenlace de la novela.
Paralelamente, en el ámbito romano también se encuentran las intrigas: Quintilio, un tribuno aristócrata con pocos escrúpulos y más cobardía, medrará todo lo posible por ascender e incluso conseguir a modo de protectorado una especial de proconsulado del reino atrebate, aunque sin conseguirlo.  La figura e integridad de Vespasiano lo evitarán.  A pesar de ello, son interesantes las negociaciones de romanos y atrebates para mantener la fidelidad de éstos para con aquéllos, plagadas de desconfianzas, dudas, recelos, traiciones, verdades.
La novela tiene todos los ingredientes ya consabidos de la saga (y que ya hemos descrito a colación de otras novelas de Simon Scarrow en este blog, pincha aquí), con un dominio de la estragegia, el mundo militar, y, narrativamente hablando, de la intriga, con un clímax guerrero que se incrementa con la aparente salvación gracias a la llegada de las seis cohortes del legado Vespasiano y con la definitiva salvación no descrita de la llegada de las legiones del general Aulo Plautio.  Como indica Scarrow en su nota histórica, puesto que se lo ahorra en la narración, el mantenimiento de Verica en el trono y de su capital Calleva como eje central de la vía de suministros romanos fueron vitales para la victoria definitiva producida poco después contra Carataco y sus britanos. 
No obstante, en esta ocasión, no hay amoríos ni líos de faldas, Cato es más soldado que otra cosa; en su entorno, la lealtad, el mando, la obediencia serán nuevos y moldearán su carácter; tampoco hay una aventura un tanto forzada de héroes como en la tercera novela de la serie, sino una verosímil situación.
La sinopsis en la web de la editorial Edhasa dice: «Aún en Britania, Quinto Licinio Cato ve la alegría de su ascenso a centurión empañada por una misión casi imposible: convertir a una tribu de bárbaros, los Lobos, en una unidad al servicio del ejército romano que deberá cubrirle las espaldas en su avance por el interior del país. Los infructuosos intentos por dotarlos de disciplina, pese a la ayuda de Macro, darán pie a divertidas escenas, pero hay poco tiempo para las bromas cuando una turbamulta de salvajes se dispone a atacarles.  La presencia de los romanos en Britania es un aspecto de la historia antigua poco tratado hasta la fecha en novelas históricas, y la obra de Scarrow cubre perfectamente esta carencia».
Sobre Simon Scarrow en este blog, pincha aquí.

Publicado en Sobre Griegos y Romanos.

Simon Scarrow, Centurión

Simon Scarrow, Centurión, Edhasa, Barcelona, 2008.
Centurión, con el subtítulo de La rebelión amenaza al imperio romano, es el Libro VIII de las aventuras de Quinto Licinio Cato.  Hemos hecho un salto, tras leer las tres primeras entregas (El águila del Imperio, Roma vincit! y Las garras del águila).
Una de las virtudes de esta saga de Simon Scarrow es que puedes leer cualquier entrega sin que sea necesario conocer las anteriores, puesto que son pocas las cosas que se dan por supuestas.  En este caso sólo el hecho de que los dos personajes principales, Quinto Licinio Cato, ahora centurión y prefecto interino de una cohorte de soldados auxiliares, y su amigo Macro, prefecto de una legión y tribuno ocasional de una legión, han sido agentes al servicio de Narciso, secretario del emperador Claudio, con la misión de espiar a Casio Longino, gobernador de Siria.  Echa esta salvedad, la novela continúa con el papel parcial de Cato y Macro como espías de Longino, quien, para desembarazarse de ellos, les impondrá las órdenes de dirigir una reducida avanzadilla de unos mil hombres para intentar sofocar una lucha interna en la ciudad de Palmira, reino intermedio entre Roma y Partia, ávidas de entrar en guerra entre sí y que utilizan el territorio de Palmira como el detonante de una guerra entre las dos potencias.  En Palmira, el rey Vabathus, que mantiene un pacto de amistad con los romanos, se ha tenido que refugiar en la ciudadela ante la sublevación de su hijo Artaxas, partidario de los partos que lo apoyan.  Los otros dos hijos del rey, Amathus y Balthus, son tildados de idiota uno y borracho el otro.
Longino decide enviar a Macro y Cato al frente de esos mil soldados a la espera de reunir dos legiones y solucionar el conflicto: hay una carrera entre Roma y Partia, pues la primera que llegue a Palmira destruirá a la facción contraria a sus intereses y se hará con el control de la ciudad, de las rutas comerciales y del estado bisagra entre ambos imperios.
En su marcha por el desierto camino de Palmira, los romanos de Cato y Macro son atacados por los partos y sólo la intervención de los palmirenos dirigidos por el segundo hijo del rey, Balthus, les salvará de morir aniquilados.  Balthus les ahyudará a entrar en la ciudadela y a resitir más tiempo, tanto a romanos como a palmirenos, a la espera de ver quién llega antes.  Cuando la situación de los de la ciudadela se hace desesperada, llega Longino con las legiones, pero en un ataque de ambición y soberbia, decide atacar a los palmirenos rebeldes en su fuga, sin saber que les han alcanzado las tropas partas.  En un primer combate, por culpa de Longino los romanos están a punto de sucumbir, pero, gracias a Cato, al amanecer, los romanos aniquilan a los partos y a los rebeldes.
Una sinopsis más breve la encontramos en la web de la editorial y en el libro: «Palmira es apenas un pequeño reino en pleno desierto objeto de deseo tanto de Roma como de Partia; no hay duda de que puede convertirse en una auténtica pesadilla para el Imperio, y, cómo no, para el prefecto Macro y el centurión Cato.  Una revuelta en Palmira hace que el Imperio mande tropas para ayudar al rey y defender las fronteras, pero la intimidante presencia de los legionarios lleva a Partia a desencadenar una guerra de consecuencias insospechadas en un territorio que Macro y Cato conocen mal, pero que no tardan en aprender a odiar, y en el que la táctica de las falanges resulta insuficiente ante jinetes y arqueros tan hábiles como los partos. Y lo único que les faltaba era la sospecha de que existe un traidor en sus propias filas, quizás en círculos muy próximos al propio rey; o que Cato se enamorara de la aristócrata hija del embajador romano…
En esta ocasión Simon Scarrow nos deleita con una estupenda novela sobre la durísima vida de las legiones en el desierto».
La nueva entrega supone un cambio de escenario, pues ya no se sitúa en Britania, como las tres primeras, sino en Palmira, pero los ingredientes que le han dado tanto éxito a las novelas de Scarrow está presente: diálogos ágiles, ahora con más sentido del humor, con descripciones casi cinematográficas, sobre todo de las batallas y las estrategias; gran habilidad en el uso de la tensión narrativa y el equilibrio entre lo militar y lo personal en Macro y Cato (que se vuelve a enamorar, en este caso de Julia Sempronia, hija de un senador que actúa de embajador en la corte palmirana, Lucio Sempronio), y entre la guerra como algo noble y la política y la diplomática como una falsedad y una hipocresía.
De nuevo una novela de aventuras trepidante y entretenida para el verano, sin grandes pretensiones didácticas ni eruditas, pero que engancha al lector
Sobre Simon Scarrow, ya hemos hablado en la reseña de Roma vincit!, picha aquí.

Simon Scarrow, Las Garras del Águila

Simon Scarrow, Las Garras del Águila, ediciones Edhasa, Barcelona, 2004.
Acabamos de leer la tercera entrega de las aventuras de Quinto Licinio Cato, un optio de la Segunda Legión, personaje central de la saga de novela histórica de Simon Scarrow.  El título de la novela es Las Garras del Águila (título original en inglés When the Eagle Hunts), con el subtítulo de Un optio contra los bárbaros britanos.
En entradas anteriores hemos comentado los dos primeros libros de la saga: El Águila del Imperio y Roma Vincit!.  Todo lo dicho sobre ellos es válido para la tercera entrega, por lo que no vamos a añadir muchos datos sobre la valoración de los personajes reales y ficticios. 
Sin duda, son novelas de intriga y acción muy amenasy válidas como lecturas de verano sin más pretensiones que entretener, al tiempo que se puede aprender aspectos del ejército romano y de la conquista de Britania por parte de las legiones romanas.  También remitimos a las dos novelas anteriores para el análisis de aspectos compositivos y narrativos.
No obstante, quizás esta entrega sea menos realista y verosímil, por cuanto la peripecia que han de vivir Cato y su centurión Macro es un tanto forzada, aunque no por ello trepidante y atractiva para el lector, aunque para ello, la novela pierda visos de realidad, pues no trata apenas el tema de la conquista de Britania por los romanos.
Con todo, resulta interesante la lectura de la «Nota del Autor» para conocer el grado de realismo de la novela: aquí, Scarrow, comenta que en la toma de la «Gran Fortaleza» de los druidas, se había basado en el estudio arqueológico de las defensas y estructura defensiva de Maiden Castle en Dorset, que, no obstante, no suponían un gran escollo para el avance militar romano ni para sus máquinas de guerra.  Por otro lado, también indica Scarrow que ,dado el temor que la figura de los druidas provocaban sobre los romanos, había extremado la figura de estos en una secta imaginaria extremista y violenta a la que llama «druidas de la Luna Oscura», que, aunque irreal, encierra ciertos rasgos siniestros realmente atribuidos a los druidas, muy lejos de la imagen ideal de los druidas de Astérix y la tradición moderna de los druidas que se pasean por Stonehenge.
La sinopsis del libro dice: «Tras la sangrienta conquista de Camulodomo, durante el crudo invierno del año 44 d. C. el ejército romano se prepara para extender la invasión de Britania con un contingente de 20.000 legionarios armados hasta los dientes. El general Aulo Plautio confía en que la llegada de la primavera facilite la campaña, pero, inesperadamente, su familia es raptada por los druidas de la Luna Oscura.  Se necesitan dos voluntarios lo suficientemente audaces para adentrarse en el peligroso territorio de la tribu de los durotriges, encontrar a la familia del general y, sí es posible, rescatarla antes de que sean sacrificados, y, para su desgracia, el centurión Macro y el optio Cato serán los elegidos».
Entran en acción dos personajes nuevos, dos bárbaros de la tribu de los icenos, Prasutago y Boadicea (también conocida como Boudica), la que con el tiempo -años 60-61 d. C:- se convirtió en caudillo de las tribuos britanas contra los romanos.
Sobre Simon Scarrow, véase lo ya dicho en Roma Vincit!.

Simon Scarrow, El Águila del Imperio

Simon Scarrow, El Águila del Imperio, ediciones Edhasa, Barcelona, 2001.
Hace poco os hablábamos del segundo libro de esta colección de novelas de recreacón histórica sobre la conquista de Britania por parte de los romanos (Roma Vincit!).  Pues bien, nuestra última lectura ha sido el libro primero de las aventuras del optio Quinto Licinio Cato, El Águila del Imperio, de Simon Scarrow, publicada en 2000 con el título original de Under the Eagle.  
El inicio de la saga se estructura básicamente en una línea histórica general: la conquista de Britania por parte de los romanos, donde desde un principio aparecen dos personajes importantes, el legado Vespasiano y el tribuno Vitelio, ambos en el ejército romano de época del emperador Claudio.  Esta trama conjuga las ambiciones de Roma como imperio, pero también las ambiciones personales para conseguir un nombre y un status dentro de ese ejército y de esa Roma; así, junto a los dos militares, habría que nombrar a personajes involucrados en los tejemanejes políticos como Flavia -esposa de Vespasiano-, Narciso -liberto mano derecha del emperador Claudio-. 
Dentro de estos líos políticos, traiciones y lealtades, un hecho resultará primordial para la trabazón de la acción: el ejército romano leal a  Claudio tiene que recuperar un arcón lleno de oro que Julio César tuvo que abandonar en unas marismas en su fracasado intento de conquistar Britania. Este oro significa poder y la llave del poder en Roma.
Por otro lado, está la trama de la vida cotidiana, la de los soldados de las legiones, encarnada por el personaje central de la saga, Quinto Licinio Cato, optio de una centuria en la segunda legión, y su superior inmediato, el centurión Macro. La vida militar del joven y sus escarceos amorosos, todo ello fuera de su ambiente natural, pues fue criado en el palacio imperial, suponen la primera etapa de las aventuras de Cato: su instrucción militar, sus sufrimientos, su racionalidad y su sensatez se mezclan para perfilar la nueva realidad del joven optio.
Aunque la novela tiene un fin, de un modo cinematográfico, deja abierta las puertas a la continaución en otras obrar, por cuanto ni la trama de la conquista ni la de la vida del joven avanzan mucho en esta primera entrega.
En el mismo sentido de lo que ya comentamos, el ritmo es trepidante, los diálogos, ágiles, las tramas están bien conseguidas, el conocimiento del mundo romano en general y el militar en particular son excelentes.  Scarrow ha conseguido conjugar en esta serie la novela de aventuras, la novela juvenil, la novela histórica y la novela de espías con un resultado muy fresco y entretenido, sobre todo para lecturas de verano y lecturas sin grandes pretensiones sesudas e intelecturales.
Sobre Simon Scarrow puedes leer lo que ya dicho en entradas previas de este blog, en su web o en wikipedia.

Simon Scarrow, Roma vincit!

Simon Scarrow, Roma vincit!, ediciones Edhasa, Barcelona, 2001.
Acabamos de leer el segundo libro de las aventuras de Quinto Licinio Cato, narradas por Simon Scarrow; el título original de la novela es The Eagle’s ConquestLa Conquista del Águila«) (2001), aunque en España ha sido traducida como Roma Vincit!, con el subtítulo de Un Optio en la Invasión de Britania.  Se trata de la continuación de El Águila del Imperio (2001)
La sinopsis del libro en la web de la editorial Edhasa cuenta lo siguiente: «En el verano del año 43 d.C., la invasión romana de Britania se encuentra con un obstáculo insperado: la desconcertante y salvaje manera que tienen los rudos britanos de enfrentarse a las disciplinadas tropas imperiales. La situación es deseperada y quizá la inmineete llegada del emperador Claudio para ponerse al frente de las tropas en la batalla decisiva sea el revulsivo que unos legionarios aterrados y desmoralizados necesitan.
Sin embargo, los romanos deben resolver un conflicto interno que amenaza los cimientos del imperio, pues parece que alguien está dispuesto a acabar con la vida de Claudio desde sus propias filas. Desacreditado y sospechoso de alta traición, nuestro legionario Cato deberá demostrar de nuevo que no es optio sólo gracias a sus influencias».
Nos encontramos ante una trepidante novela de acción e intriga situada durante el imperio de Claudio, hacia el año 43 d. C., cuando tiene lugar la conquista de Britania por parte de las legiones romanas.
Quinto Licinio Cato es un optio en una cohorte de la segunda legión que participa en la conquista de Britania.  En la novela se mezclan personajes reales com Vespasiano, por enconces legado de dicha legión, Claudio el emperador, Vitelio, a la sazón tribuno de la segunda legión, Carataco, líder de los britanos, etc., con personajes ficticios y necesarios para la evolución de la trama.
Los personajes centrales son Cato y su centurión y superior en el mando Macro, quienes vivirán no sólo los avatares propios de las conquistas militares romanas, sino también una confabulación para asesinar al emperador Claudio encabezada por una facción disidente en la sombra, los Libertadores, con caras reales en la trama como Vitelio, la esclava Lavinia, Flavia -la esposa de Vespasiano- y líderes britanos como Carataco y Belonio.
Conforme el emperador Claudio va tomando parte en la acción, los hechos militares son menos importantes en la narración, mientras que la trama de la conspiración acaba siendo el centro de la novela.
El estilo de Scarrow es ágil, mantiene permanente la emoción, por cuanto la acción nunca decae; los diálogos son fluidos y las descripciones precisas.  El autor británico manifiesta un gran conocimiento del mundo romano en general y del ejército en particular, como lo demuestra a la hora de reflejar los trabajos y las penurias de los soldados, no sólo en la lucha, sino en los momentos de avance y de descanso.
Con todo ello, Scarrow consigue verosimilitud en medio de la invención, es decir, su recreación histórica no es fantasiosa, sino que tiene tintes de realidad, de posibilidad y de credibilidad.
Sin duda, el éxito de la saga habla a favor de estas novelas de aventuras históricas en período romano y de las que tanto gusta el público británico, ya que se centran en la conquista romana de la isla.  Altamente recomendable, por tanto, como novela de entretenimiento juvenil y de momentos de esparcimiento, pues ni requiere altas dosis de sesudos conocimientos ni está basada una intriga lenta llena de personajes históricos que la harían farragosa.
Sobre el autor, recogemos el breve artículo de Wikipedia: «Simon Scarrow es un escritor inglés nacido en Lagos (Nigeria) en 1962. Se ha convertido en los últimos años en un fenómeno en el campo de los ciclos novelescos de narrativa histórica gracias a la serie sobre las aventuras de Quinto Licinio Cato, que desde la primera entrega se convirtió en una de las mayores y agradables sorpresas para la crítica y los lectores de narrativa histórica en varios países.
El primer libro de la serie comienza en el 42, durante el gobierno del emperador Claudio cuando su protagonista, Cato, formando parte de la Legión II Augusta se encuentra en plena conquista de Britania, la cuál ya había sido visitada por Julio César un siglo antes.
También hay que resaltar una serie de reciente publicación que trata sobre las vidas de Napoleón Bonaparte y el duque de Wellington, cuyo primer tomo se titula Sangre Joven».
Una buena crítica del libro la podéis encontrar en el blog El baúl con libros (pincha aquí).

Mary Renault, Alexias de Atenas

Mary Renault, Alexias de Atenas, Edhasa, Barcelona, 1992.
La última novela histórica que me he leído ha sido Alexias de Atenas de Mary Renault, en la edición de 1992, reeditada en 2003. No obstante, la edición es la misma que se editón en 1984, traducida por Elena Rius con el título de El último vino, más acorde con el título original, The last of the wine, editada en 1965.
La editorial nos ofrece esta sinopsis: «El momento de máximo esplendor de Atenas, el siglo de Pericles, empieza a desvancerse, y Alexias, prototipo del joven ateniense de su tiempo, se convierte en testigo de unos acotencimientos que desemobarán en la guerra del Peloponeso. Con un estilo ágil y elegante, huyendo de la retórica ampulosa, Mary Renault nos ofrece en esta novela una amplia panorámica de los orígenes y las causas de la decadencia de la civilizacion helénica (un proceso en el que personajes como Sócrates, Jenofonte, Alcibíades o Platón también desempeñaron un importante papel) y al mismo tiempo una soberbia recreación de la vidad cotidiana en la Grecia del siglo V a. C. Un emotivo canto a la amistad y el amor entre jóvenes guerreros, agridulce como el último vino que se comparte antes de entrar en combate».
Como reproche a la editorial, aparte del penoso tratamiento de los nombres griegos con una transcripción equivocada y libre, salvo en los personajes principales, hay que decir que la sinopsis tiene algunos errores: no se presentan los acontecimientos que desembocan en la guerra del Peloponeso (431 a. C.), sino que ésta está ya comenzada desde el principio de la novela y se muestran acontecimientos que explican momentos de dicha guerra, sobre todo a partir del año 415; también es exagerado que la novela muestra los orígenes y causas de las decadencia de la cultura helénica, pues en todo caso lo sería de Atenas y no de todo el mundo griego y pasaría por alto el legado de Alejandro Magno, salvo que ya lo considere dentro de la decadencia y causa de la misma.
Dicho esto, probablemente sea una de las mejores novelas históricas sobre la Antigüedad que conozco y sobre todo de las dedicada al mundo griego antiguo por muy diversas razones.
En primer lugar por el conocimiento de las fuentes clásicas, de la historia, de la sociedad y del período en el que se enmarca la acción: Tucídides, Platón, Jenofonte, Diógenes Laercio y otros autores clásicos se filtran en los hechos de la novela; el retrato de los personajes no sólo es acorde con el momento que vivieron, sino que además refleja perfectamente el ambiente histórico, cultural, social, político y familiar de la época.
En segundo lugar, es un acierto la combinación e interacción entre los personajes ficticios (Alexias, Lisias y sus familias) con los históricos (Sócrates, Jenofonte, Alcibíades, Terámenes, Critias, Anito, etc.).
La descripción sutil y delicada del amor homosexual está muy conseguido y permite hacerse a la idea de la custión de la homosexualidad en Grecia sin cebarse en la misma ni ahondar en cuestions escatológicas, escabrosas y soeces.
La trama de los personajes principales corre acorde con la trama histórica y en todo momento conserva la tensión del dramatismo.
El estilo y el lenguaje también son atractivos.
En la novela, Alexias, un joven de buena familia ateniense con sus principios tradicionales, entregado al deporte, se verá atraído intelectualmente por el círculo de Sócrates, formado por personajes como Fedón, Cármides, Jenofonte, Eutidemo, etc.) y se enamorará de otro pupilo socrático, Lisias, con el cual compartirá amor, guerras, deporte, vida, servicio militar como caballero, como marinero y como hoplita. Conforme va creciendo y consolidando su amor por Lisias, la situación de su ciudad irá a peor: comienza con la esperanza de la expedición a Sicilia, para pasar a las amarguras, penurias y derrotas en Sicilia, donde su padre participa y desaparece, en Samos, donde él mismo participa en la flota ateniense, en la batalla de las Arginusas, donde naufraga. También asistirá a la desintegración de la democracia en Atenas y la sucesión de poderes oligárquicos alentados por los espartanos (con Lisandro, y los reyes Agis y Pausanias a la cabeza), participando en el bando democrático contra los gobiernos de Critias, de Terámenes, el gobierno de los Treinta, participando en las tropas de File, etc.
En un cuadro histórico perfectamente dibujado se produce una acción de unos jóvenes de fuertes convicciones políticas democráticas entregados a su amor y su amor por la patria.
Para quienes conocemos de cerca este período de la historia, la lectura del libro es como poner cara y sentimientos a los personajes que conocemos en los relatos históricos de Tucídides, Jenofonte, Platón y otros autores, contemporáneos y posteriores.
En suma, es una novela esencial para entender Grecia y Atenas en su momento de declive. Sin duda, además, puede tener un gran rendimiento pedagógico para el alumnado de secundaria y universidad para ayudar a comprender de un modo más vivido y humano lo cruel de la historia.

Sobre Mary Renault, la editorial Edhasa nos dice en la contraportada de la edición: «Mary Renault (Mary Challans, 1905-1983) es una de las helenistas y escritoras más importantes de todos los tiempos. Formada en Oxford en literatura clásica, descubrió su vocación como escritora mientras ejercía de enfermera, y ya en 1939, con su primera novela, obtuvo un importante respaldo de crítica y lectores. Acosada por el moralismo de la época que le tocó vivir, después de servir en la segunda guerra mundial como enfermera, se estableció en Ciudad del Cabo en compañía de Julie Maillard y juntas recorrieron buena parte del continente africano y casi toda Grecia. En su amplia obra, comparada a menudo con la de Marguerite Yourcenar y Robert Graves, destacan las novelas históricas El rey debe morir, La máscara de Apolo, Teseo, rey de Atenas, Alexias de Atenas, Alejandro«. Para más información http://es.wikipedia.org/wiki/Mary_Renault.

Publicado en Antiquitas Graeca et Latina.