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Blog de reseñas bibliográficas de Chiron
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Clelia Martínez Maza, Hipatia

Clelia Martínez Maza, Hipatia, editorial La Esfera de los Libros, Madrid, 2009
Otro de los libros que han vuelto a poner de moda la figura de Hipatia entre nosotros es la obra de Clelia Martínez Maza titulada Hipatia: La estremecedora historia de la última gran filósofa de la Antigüedad y la fascinante ciudad de Alejandría, editada por la Esfera de los Libros.
De la novela histórica de Magdalena Lasala, La conspiración Piscis ya hablamos hace poco. La novela ya comentada y esta obra de la que vamos a hablar comparten la autoría femenina y una visión muy especial del papel de la mujer y de Hipatia en su época.
Ahora, en la Hipatia de Martínez Maza nos encontramos con una obra completamente distinta. No es una novela, sino una monografía histórica profunda, bien estructurada y documentada, pero escrita no sólo para sesudos historiadores y entendidos en la materia, sino también para una divulgación -algo culta- de lo que las novelas y el cine con la película Ágora de Alejandro Amenábar, de próximo estreno, van a popularizar.
El trabajo de Martínez Maza no resulta una monografía plagada de datos, referencias cruzadas y notas al pie de página que para eruditos están muy bien, pero para un público general enerva. Su verbo es fácil y discurre con ligereza, sin extenderse en profundas disertaciones o extensas digresiones, sino que con gran claridad explica el ambiente social, político, económico, cultural y sobre todo religioso de Alejandría (incluida su posición ambigua respecto de Roma, Constantinopla, los emperadores y los papas y patriarcas de la iglesia cristiana) y cómo ese ambiente desembocó en los acontecimientos que destruyeron el Serapeo, cómo los fanáticos cristianos atacaron el judaísmo y el paganismo y el Museo como centros de culturización y cómo esa barbarie religiosa acabó con Hipatia y la Biblioteca de Alejandría, símbolos de una ciudad, pero también de una cultura greco-latina ya por entonces milenaria, dando pie al inicio del oscurantismo de la Edad Media y la opresión cristiana.
El bloque central del libro no es tanto Hipatia sino el planteamiento de la evolución del cristianismo desde una postura comprensiva a una postura represiva bajo el afán de intentar conjugar en una misma persona el poder político, militar y social con el liderazgo religioso en nombre de un obispo, un patriarca y en su momentos de los papas.
La incompresión, la barbarie y el poder llevados a sus fanatismo extremo que no respeta nada.
Resulta interesante ver cómo la novela de Lasala y el estudio de Martínez Maza corren paralelos en el planteamiento no sólo de los hechos históricos, sino del trasfondo filosófico, religioso y cultural de Hipatia y su entorno. Ambos libros se complementan y mientras que Hipatia da una base real a La conspiración Piscis, este da vida y palabra a los personajes históricos de los documentos y de las fuentes históricas.
Recomendamos su lectura, aunque los pasajes dedicados al paganismos, las facciones cristianas (oficiales y heréticas, arrianismo y nicenismo, etc.) quizás resulten demasiado extensas.
En la web de la Esfera de los Libros podemos leer la sinopsis de la obra: “Hipatia de Alejandría, la última filósofa de la Antigüedad, murió de forma terrible: asesinada por una muchedumbre de fanáticos cristianos dirigida por el ambicioso obispo Cirilo. De esta manera, el mundo clásico, la libertad de conciencia y la búsqueda de la belleza y la armonía en el interior del ser humano fueron definitivamente derrotados a principios del siglo V de nuestra era. Pero ¿quién fue realmente esta filósofa, matemática y astrónoma? La profesora Clelia Martínez ahonda en su biografía y en la de la historia ciudad en la que vivió siempre, la misteriosa Alejandría, para darnos la visión más completa de Hipatia y de su época. Así, nos descubre la vida de la ciudad del Faro y la Biblioteca, recreando la tensa atmósfera del panorama religioso, las relaciones entre los distintos centros de poder y las pasiones de todos los personajes relacionados con el crimen que provocó el fin de la Antigüedad”.
Sobre Clelia Martínez Maza, la propia editorial nos da su perfil biográfico y un abreviado curriculum: “Clelia Martínez Maza es profesora titular en el Área de Historia antigua de la Universidad de Málaga. Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid, se doctoró en 1997 y ha ampliado sus estudios en Roma, París, Cambridge, Oxford y Harvard. Su actividad investigadora se ha centrado en el estudio de los cultos mistéricos y sus relaciones con el cristianismo, y en la cristianización de la religiosidad pagana entre los siglos IV y VI, temas a los que ha dedicado distintos trabajos publicados en revistas especializadas y realizados en el seno de proyectos de investigación financiados por la Dirección General de Ciencia y Tecnología (DGCYT). En el volumen Entre fenicios y visigodos, publicado por esta editorial, es autora de los capítulos dedicados ala Hispania Bajoimperial (siglo IV)”.
Para saber algo más sobre la autora y el libro, pues visitar esta noticia en el periódico El Sur, versión digital www.sur.es.
Publicado en Antiquitas Graeca et Latina.

Valerio Massimo Manfredi, Quimaira. Clasificación de sus novelas históricas

Valerio Massimo Manfredi, Quimaira, ediciones DeBolsillo, Barcelona, 2003
Quizás uno de los autores más de moda en los últimos años en el campo de la novela histórica sea Valerio Massimo Manfredi.
Acabamos de leer uno de sus libros, Quimaira, de 2001 y editado en castellano por primera vez en el año 2003, y puede ser un buen momento para repasar la bilbiografía de este autor de moda de obras de un género tan en boga en los últimos tiempos.

Nosotros dividiríamos las obras literarias del autor italiano, al menos, en cuatro categorías.

La primera categoría sería la novela histórica propiamente dicha, con gran rigor histórico en el estudio de los hechos reales, sus fuentes, su geografía, su contexto. Aquí hace gala de su sapiencia como profesor de Historia Antigua y creemos que es el campo donde Manfredi resulta mejor escritor y sus obras más atractivas. En este grupo deberíamos citar su trilogía sobre Alejandro Magno (Aléxandros: El hijo del sueño, Aléxandros: Las arenas de Amón y Aléxandros: El confín del mundo), El tirano, sobre la figura de Dionisio, tirano de Siracusa, o El ejército perdido, recreación de los hechos narrados por Jenofonte en su Anábasis.
Una segunda categoría sería novela de ficción histórica, es decir, novela con personajes reales o contexto histórico auténtico, pero que cuenta hechos no constatados en la realidad, sino a lo sumo meras hipótesis, por lo que supone una ficción, a modo de novelas de aventuras situadas en el mundo antiguo; dentro de este grupo incluiríamos Talos de Esparta, sobre un joven espartano disminuido físico, La última legión, sobre el último emperador de Roma, y El imperio de los dragones, sobre supuestos soldados romanos que llegaron a China y entraron en contacto con un mundo y una civilización nueva. En este grupo es donde, probablemente, Manfredi sea más creativo.
La tercera categoría estaría compuesa por novelas pseudo-históricas o novelas de ficción con trasfondo histórico antiguo; se tratan de entretenimientos donde Manfredi destapa y desarrolla la visión aventurera y romántica del arqueólogo moderno, a la sombra del Indiana Jones cinematográfico, con tintes detectivescos e inclusos de novelas de espías. En medio de sus trabajos de arqueología, los personajes se verán envueltos en misterios y se desarrollarán maldiciones etruscas, profecías griegas, conjuras y complots modernos. A este grupo, pertenecen El oráculo, La torre de la soledad, Quimaira, Paladión. No son de gran calidad literaria, pero son buenas para distraerse, como las novelas de piratas, de ciencia ficción, etc.
El último grupo, la cuarta categoría,  lo constituye, por ahora, una sola obra, Akropolis, en la que nos muestra lo que para él son las claves de la importancia de Atenas en la Antigüedad y de su pervivencia hasta la actualidad; la obra estaría a mitad de camino (o en un cruce de caminos) entre el ensayo, la novela, los apuntes de clase…
Os animamos a que leáis y a que leáis a Manfredi. Que lo disfrutéis.
Sobre Manfredi, la editorial Debolsillo dice: “Valerio Mássimo Manfredi nació en Módena en 1944. Se considera, ante todo, un especialista en el mundo antiguo. Arqueólogo de formación, ha ejercido como profesor en diversas universidades italianas y de otros países, y ha participado en muchas excavaciones y en varias expediciones científicas, algunas de las cuales ha dirigido personalmente. Colaborador de la revista Panorama y del periódico Il Messagero, ha escrito numerosos artículos y diversos ensayos de divulgación histórica. En nuestro país es principalmente conocido por ser el autor de la trilogía sobra la figura histórica de Alejandro Magno, Alexandros, pero también ha escrito otras novelas, basadas siempre en mundo antiguo, entre las que cabe destacar La conjura de las reinas, Paladión, El faraón del desierto, Quimaira y La última legión“.
Sobre Quimaira, su resumen cuenta lo siguiente: “Fabrizio Castellani, un joven y brillante arqueólogo, llega al museo de la ciudad toscana de Volterra para descifrar el secreto que esconde una famosa estatua etrusca. Esa misma noche, una inquietante llamada telefónica y el terrorífico aullido de una bestia interrumpen su estudio. Al día siguiente es descubierto el cadáver de un hombre que ha sido atacado salvajemente por un desconocido animal de dimensiones inauditas. Es el inicio de una serie de espantosas muertes que Castellani relaciona con un asesinato cometido en la antigüedad. Mientras tanto, se descubre una inscripción en bronce que contiene una maldición arrojada a raíz de ese crimen. Convertido en detective del pasado y del presente, Castellani deberá enfrentarse a esa misteriosa maldición que parece retornar de tiempos remotos”.
Publicado en Antiquitas Graeca et Latina.

Gillian Bradshaw, El heredero de Cleopatra

Gillian Bradshaw, El heredero de Cleopatra, ediciones Salamandra, Barcelona, 2003
Publicada en 2001 en lengua inglesa, El heredero de Cleopatra fue traducida al castellano y editada en el 2003 aprovechando el tirón que con otras novelas la estadounidense Gillian Bradshaw había conseguido entre el público de lengua castellana. Con títulos como Teodora, la emperatriz de Bizancio o El faro de Alejandría, Bradshaw mostró una gran maestría en la creación de personajes ficticios dentro del período histórico greco-romano (es el caso de la médica en El Faro de Alejandría, que no desmereció en otros títulos como Ciudadano del Imperio) y un gran tratamiento de fuentes y rigor histórico en el retrato de personajes históricos (como ocurre con Teodora en el primero de los títulos o posteriormente con Arquímedes en El contador de Arena)
Sin embargo, mucho nos tememos que con El heredero de Cleopatra nos encontramos ante una novela que se encuentra muy lejos de sus predecesoras.
La novela es una ficción histórica sobre cuál pudo ser el final de Cesarión tras la toma de Egipto por Octavio Augusto y la muerte de Cleopatra. Cesarión, al que voluntariamente la autora hace epiléptico como su supuesto y posible padre, Julio César, aparece medio muerto en un campamento en el desierto egipcio a punto de ser incinerado en su propia pira funeraria; escapa, es encontrado por un comerciante egipcio de baja clase social y se desarrollarán a partir de aquí una serie de tramas de viajes, negocios, amores, peligros y traiciones que acaban con un Cesarión perdonado por su primo lejano.
Ni las tramas son creíbles ni el dibujo de los personajes es real; la acción resulta predecible constantemente y un toque femenino con el enamoramiento de Cesarión y Melanthe y un toque americano con un “happy end” más que cuestionable (ambos toques rastreables en obras como El faro de Alejandría) deslucen por completo la novela, a la que no nos queda otro remedio que calificar de prescindible.
Por último, lamentar el trabajo de post-producción de la editorial en la traducción (no es la primera vez que lo detectamos en sus libros): aunque la traducción esté bien, desluce enormemente el descuido e ignorancia de las reglas mínimas de transcripción de los nombres clásicos al castellano: no es admisible el uso de formas como Kleón, Kinesias, Archibios, Melanthe, etc., en lugar de las correctas Cleón, Cinesias, Arquibio, Melante, etc.; menos perdonable aún es el uso de formas a veces transcritas y a veces no (Ario y Areios); pero todavía enerva y molesta más que no se sepa que Cisalpine Gaul es el término inglés para la Galia Cisalpina, región situada entre el valle del Po y los Alpes. El colmo de estos despropósitos, posiblemente por correción ortográfica del ordenador, es el cambio de nombres, ya que Marco Vipsanio Agripa pasa a ser Marco Vespasiano Agripa.
La sinopsis de la novela en la web de Ediciones Salamandra dice: “Considerado por algunos la pieza clave de la posible unión entre Roma y Egipto, y despreciado por otros como el indigno fruto de la pasión amorosa de Julio César por Cleopatra, Cesarión es tal vez el personaje más enigmático de aquella fascinante época histórica. Supuestamente asesinado por orden de Octaviano, el hijo adoptivo y sucesor de César, que lo veía como una seria amenaza para sus sueños de expansión del Imperio, poco se sabe de la suerte que corrió el joven heredero de Cleopatra. Apoyándose en la hipótesis de un Cesarión que, tras sobrevivir al intento de magnicidio, se enfrenta al terrible dilema de cambiar de identidad y rehacer su vida o sucumbir ante lo inevitable, Gillian Bradshaw —autora del superventas El faro de Alejandría— narra la dramática situación de un joven obligado a renunciar a sus valores más preciados, el deber y el honor, para iniciar en el anonimato un recorrido por tierras de un Egipto que falsamente creía conocer y cuya maravillosa riqueza se despliega ahora ante sus ojos. Desprovisto de títulos, posesiones e incluso de su nombre, este viaje, tanto geográfico como íntimo, hará que afloren en Cesarión sentimientos prohibidos como la amistad, la honestidad y el amor, que abrirán en él las puertas hacia la verdadera percepción de la condición humana”.
Sobre Gillian Bradshaw, la web de Ediciones Salamandra ofrece unos breves apuntes biográficos: “Gillian Bradshaw es una de las escritoras de narrativa histórica más importantes de Gran Bretaña. Licenciada en Literatura e Historia Clásica en la Universidad de Cambridge, sus obras destacan por el riguroso trabajo de documentación e investigación que realiza antes de escribirlas. De sus diez novelas publicadas en inglés hasta la fecha, SALAMANDRA ha editado la trilogía sobre Bizancio compuesta por Teodora, emperatriz de Bizancio, El faro de Alejandría -que obtuvo un extraordinario éxito de ventas en nuestro país-y Púrpura imperial, El heredero de Cleopatra y ahora El contador de arena. Ganadora del Premio Alex 2001, Gillian Bradshaw reside actualmente en Inglaterra”.
Publicado en Antiquitas Graeca et Latina.

Gillian Bradshaw, Ciudadano del Imperio

Gillian Bradshaw, Ciudadano del Imperio, ediciones Zeta Bolsillo, Barcelona, 2006
Una de las figuras más importantes de las últimas décadas dentro del panorama de la novela histórica es Gillian Bradshaw, norteamericana nacida en Falls Church, pero afincada desde hace ya unos años en Gran Bretaña. Su maestría en el manejo y conocimiento de los hechos históricos y de las fuentes histórica y literarias de donde se obtiene la información y el contexto va acompañada de un profundo saber sobre las costumbres, usos, creecias, tecnología y sociedad greco-romana; además, en la creación de las tramas de sus personajes se muestra hábil, sabiendo mantener hasta el final la intriga de los hechos y el devenir de la narración.
Conocidas son obras suyas como El Faro de Alejandría, La púrpura imperial, El contador de Arena, El heredero de Cleopatra y Teodora, emperatriz de Bizancio.
La novela que vamos a comentar hoy es Ciudadano del Imperio (Render unto Caesar), editada en 2003 en inglés, y en 2006 en castellano en la colección Zeta Histórica (http://www.zetabolsillo.com/).
La sinopsis de la novela es la siguiente, según reza en la contraportada: “Hermógenes, un comerciante romano de Alejandría, se dirige a la capital del Imperio para cobrar una deuda familiar. El deudor es Tario Rufo, un rico e influyente cónsul romano que no sólo se negará a devolverle el dinero, sino que intentará asesinarlo. Hermógenes sobrevivirá gracias a la intervención desinteresada de una ex gladiadora de origen cántabro. El alejandrino, a pesar de las amenazas de Rufo y de su círculo de amistades, no cesará en el empeño de ver saldada la deuda que provocó la ruina de su familia. En tan quimérica misión, Hermógenes recorrerá las calles de Roma, conocerá a gente de todos los estratos sociales y lidiará con toda clase de dificultades en una ciudad en que las luchas por el poder están a la orden del día. Una visión de la discriminación que padecían los ciudadanos romanos de los confines más alejados del Imperio”.
Al margen de lo entretenida de la narración y de las peripecias del personaje, para el lector que se introduce en el mundo clásico debe resultar muy interesante la descripción del ambiente de corrupción política en los albores del imperio en las altas capas de las magistraturas romanas; igualmente resulta valiosa la descripción de detalles de la vida cotidiana y de la sociedad romana de la época: la mezcla de razas en una Roma cosmopolita, la relación entre amos y esclavos, los bajos mundos de Roma en la Subura y otros barrios, la vida en las insulae, etc. El aprovechamiento didáctico de la novela es bastante alto. Quizás se pueda reprochar que, como en otras novelas de Bradshaw, hay un happy ending y una relación amorosa feliz que puede dar un toque “cursi” al relato. No obstante, a pesar de ello, la novela es altamente recomendable.
En http://www.lecturalia.com/autor/374/gillian-bradshaw podemos leer sobre la autora: “Escritora estadounidense nacida en Falls Church, Virginia, el 14 de mayo de 1956. Cursó estudios en la Universidad de Michigan, en donde obtuvo por dos veces premios por sus trabajos sobre la Grecia Clásica. Sus novelas se encuadran dentro de los géneros de la ficción histórica, la fantasía histórica, la ciencia ficción, la literatura juvenil e infantil y ficciones contemporáneas con gran componente científico. Sus novelas históricas no fantásticas están situadas tanto en la Antigüedad Clásica (Egipto y Grecia) como en períodos posteriores como el Imperio Bizantino o la Gran Bretaña romana. Las novelas de Bradshaw han sido publicadas, además de en inglés, en checo, danés, francés, alemán y español. Ha sido aclamada por la crítica debido a la gran verosimilitud tanto de sus obras históricas como de las que incorporan elementos científicos”.
Podéis visitar la web de la autora en http://www.gbradshaw.net/.
Publicado en Antiquitas Graeca et Latina.

Javier Negrete, Salamina

Javier Negrete, Salamina, Espasa Calpe, Madrid, 2009.
Acabamos de leer Salamina, la novela de Javier Negrete editada en 2008.
Sin duda, tenemos que reconocer que es una gran novela histórica, donde se combina magistralmente un conocimiento de las fuentes históricas con una creatividad del autor a la hora de molstrarnos los hechos de la vida cotidiana, los diálogos, la recreación de una época, dentro todo ello de una gran preocupación por no separarse de los datos reales y crear una atmósfera verosímil, allí donde la falta de datos deja margen a la imaginación y a la orginalidad.  El aprovechameniento de “los huecos de la historia”, como dice el propio autor, le ha permitido crear una gran novela histórica sobre un hecho altamente conocido, pero con un resultado único sumamente atractivo para el lector.
Al mismo tiempo, resulta muy interesante y destacable el interés de Negrete por recrear no sólo el mundo griego del siglo V a. C., sino también el mundo persa.
La novela tiene como personaje central a Temístocles, un artero político y comerciante, más cercano al ideal de Ulises que al de Aquiles y los nobles Eupátridas defensores del ideal hoplítico.  La obra comienza con la batalla de Maratón como preludio necesario para la batalla de Salamina.  En ella, a pesar de todo su esfuerzo y planificación, Temístocles se ve privado de la gloria en beneficio de Arístides. 
A partir de aquí Temístocles usará todos los medios (sobornos, coacciones, cohechos, engaños, mentiras, demagogia, etc.) para llevar a Atenas a un final para su mayor gloria personal: eso será la batalla de Salamina.  Lealtades y traiciones, espías y dobles espías aparecerán a partir del momento en que Temístocles visitará Babilonia y conocerá en persona a Jerjes.
Junto a la historia y a los grandes personajes, Negrete sabe disponer en el entramado de su novela personajes de la vida cotidiana que serán el contrapunto de Temístocles, Jerjes, Mardonio, Arístides, Cimón, etc.  Así Apolonia, su amante, Sicino-Mitranes, su esclavo persa, Euforión, su “amigo” traidor, y la visión de otros personajes como Fidípides, el corredor de Maratón, dan humanidad a los grandes hechos descritos por la historia oficial, al tiempo que suponen una humanización de Temístocles y su entorno.
Así, en este mismo sentido, la presencia de dos personajes femeninos, uno ficiticio -Apolonia- y otro real, aunque será objeto de la inventiva y de la deformación de Negrete, -Artemisia- ofrecen una sensibilidad mayor a la novela, un mayor apego a la realidad y un alejamiento del idealismo de los líderes políticos y de la guerra.
Narrativamente, Negrete hace gala de una gran variedad de registros: a sus diálogos ágiles, directos, verosímiles, vibrantes, se añaden descripciones precisas, ni concisas ni innecesariamente extensas, con un gran conocimiento de estrategia militar, de la vida cotidiana, de geografía, de urbanismo, arte, religión, mitología, etc, pero todo ello sin dar las típicas y forzadas  ”píldoras de erudición” que distorsionan la narración, deteniéndola y haciéndola menos natural.  Además, sabe cómo simultanear la narración desde varios puntos de vista a la vez (en concreto en la narración de la batalla final de Salamina) para retrasar el desenlace de la novela y manejar el tempo de la misma.
Sin lugar a duda, una novela imprescindible para todo aquel que quiera acercarse al mundo clásico en general y las Guerras Médicas en particular.
La sinopsis de la novela es la siguiente: “Siglo V a. C. La joven democracia ateniense se enfrenta a un terrible desafío. El gigantesco Imperio Persa pretende destruir Atenas y conquistar Grecia. En ese momento decisivo aparecerá un hombre, un genio, un visionario: Temístocles.  Él será el hilo conductor de esta deslumbrante novela que, cimentada en la historia, tiene el aliento de la tragedia y la fuerza de la épica. Desde la carga suicida de los atenienses en Maratón a la batalla de las Termópilas, pasando por la fabulosa ciudad de Babilonia, todos los hilos de la trama desembocan así en la jugada maestra de Temístocles: Salamina, la mayor batalla naval de la Antigüedad y el lugar donde se dirimió el futuro de nuestra civilización.  Javier Negrete recrea este momento irrepetible con un ritmo magistral y dota de vida a un elenco inolvidable de personajes, entre los que destaca Artemisia, reina de Halicarnaso, griega de nacimiento, aliada de los persas y cuyo corazón se convierte también en un campo de batalla inesperado”. 
Sobre Javier Negrete, la web Planeta de los Libros nos ofrece esta pequeña biografía: “Javier Negrete nació en Madrid en 1964. Estudió Filología Clásica y desde 1991 trabaja como profesor de griego en el IES Gabriel y Galán de Plasencia. En 1992 publicó su primera novela, La luna quieta. Es autor de otras obras de ciencia ficción como La mirada de las furias (premio Ignotus a la mejor novela, 1998) y Estado crepuscular (premio Ignotus y Gigamesh al mejor relato, 1994). Ha cultivado también la literatura juvenil con Memoria de dragón y Los héroes de Kalanúm. Con Buscador de sombras ganó el Premio UPC de novela corta del año 2000 y ha recibido tres veces la mención especial del jurado de dicho premio. Por otro lado ha resultado finalista de los premios Edebé, El Barco de Vapor y La Sonrisa Vertical. En Minotauro publicó en 2003 La Espada de Fuego, merecedora del premio Ignotus a la mejor novela, y El espíritu del mago, en 2005. Ambas obras han tenido una entusiasta acogida de público y crítica. También ha aparecido en edición de bolsillo el ómnibus que contiene Buscador de sombras y La luna quieta. En 2006 ganó el Premio Minotauro con Señores del Olimpo. Tiene una hija de quince años llamada Lydia”.
Si se busca un acercamiento al tema desde otro punto de vista, os sugerimos la lectura también amena e interesante de Barry STRAUSS, La batalla de Salamina. El mayor combate naval de la Antigüedad, Barcelona, Edhasa, 2006, 448 pp, cuya reseña en la revista Gerión os facilitamos pinchando en el corespondiente enlace.   También en Chironweb.org/Pergamon.
Publicado en Sobre Griegos y Romanos.

Barry STRAUSS, La batalla de Salamina. El mayor combate naval de la Antigüedad

Barry STRAUSS, La batalla de Salamina. El mayor combate naval de la Antigüedad, Barcelona, Edhasa, 2006, 448 pp. [ISBN 978-84-350-2678-7]

 

De gran acierto debemos calificar la edición traducida al castellano de la obra de Barry Strauss aparecida en 2004 bajo el título de Salamis: The Greatest Naval Battle of the Ancient World, 480 BC, que alcanzó gran éxito editorial en su país, Estados Unidos, y que ya ha sido traducida a cinco idiomas. No sólo hay que agradecerle al autor su acercamiento a un tema y a una batalla tan interesante, sino que, además, guardando las distancias, este trabajo de inspiración herodotea viene a sumarse a la revisión de dicho historiador y vuelve a ponerlo de moda, lo cual ya consiguió recientemente Ryszard Kapuscinsky con sus Viajes con Heródoto.

La originalidad del trabajo de Strauss trabajo reside en su concepción de la obra y en la elección de un método, en cierto modo también muy próximo al de Heródoto. Los editores españoles lo catalogan de “ensayo histórico” dada su peculiar planteamiento, pues, en realidad es una propuesta atrevida y acertada, por cuanto el estudio puede considerarse a mitad de camino entre una sesuda monografía sobre el tema propuesto y la novela histórica tan en boga en la actualidad, pero con la virtud de saber extraer de cada una de ellas lo positivo. De esta manera, el autor no sólo se aseguraba la atención de los estudiosos de la historia de Grecia, sino también la aceptación de los aficionados a la historia desde la visión más prosaica y más literaria de la novela histórica, en especial sobre el mundo clásico, tan en boga por obras como las de Massimo Manfredi o Gillian Bradshaw, por citar algunos nombres de actualidad. Así, para quien participe de las dos aficiones, la del especialista en historia antigua y la del “devorador” de novela histórica, la obra de Strauss resulta una lectura altamente gratificante, por cuanto cumple la máxima clásica del docere delectando.

No obstante, el éxito de la obra no reside exclusivamente en la concepción de la obra, sino en otros factores de los que a continuación daremos cuenta.

 

 

En primer lugar, el historiador, Barry Strauss, profesor de Historia y Cultura Clásica en la Universidad de Cornell, es un gran estudioso de la historia griega, no sólo de aspectos meramente políticos, como los manifestados en obras suyas como  Athens after the Peloponnesian War: Class, Faction and Policy 403-386 BC, de 1986, sino también de otras cuestiones como la estrategia y los hechos militares, demostrados en obras como The Anatomy of Error: Ancient Military Disasters and Their Lessons for Modern Strategists, de 1990. Como cúmulo de sus investigaciones y de sus conocimientos multidisciplinares, el autor abarcará en esta obra cuestiones históricas, sociales, económicas, demográficas, militares, topográficas, náuticas, climáticas y eólicas, gastronómicas y alimenticias, etc., para ofrecer su visión de la batalla desde todos las perspectivas y factores que pudieron influir en ella, incluyendo referencias a hechos históricos anteriores y posteriores, en especial de la Guerra del Peloponeso. Así, la estancia en Grecia y Turquía le permitió conocer de primera mano la topografía y orografía de las zonas del Ática y de las islas cercanas donde se produjo la batalla de Salamina y de las ciudades e islas del mar Egeo, así como las condiciones climáticas (en especial, la intensidad y dirección de los vientos) del estrecho de Salamina y diversos aspectos arqueológicos.

También allí se documentó sobre la maniobrabilidad y construcción de trirremes y otros aspectos de las marinas de la Antigüedad. En cierto modo, la obra resulta una pequeña enciclopedia sobre la batalla estudiada.

Además, el estudio demuestra un gran conocimiento de las fuentes de la Antigüedad, centrándose sobre todo en las figuras y obras de Heródoto, de Esquilo (en concreto, su obra Los persas) y de Plutarco (Vida de Temístocles), que, en especial en los dos primeros casos, servirán de hilo conductor de sus presupuestos históricos y de sus suposiciones e hipótesis sobre todo aquello de lo que no hay argumentos ni restos históricos demostrables. Junto a ello, la obra destila un profundo conocimiento de la crítica moderna sobre el tema. En este sentido, dos de los aspectos que alejan al presente estudio de las tradicionales monografías históricas, en ocasiones tan farragosas y difíciles de leer, reside, por un lado, en la inserción de notas, no a pie de página, sino al final del libro —clasificadas por capítulos en 19 páginas—, y sólo para indicar de manera general la referencia literaria clásica de las que saca sus hipótesis, y, por otro, en reducir al mínimo —sólo catorce páginas—, al final del libro, las referencias bibliográficas, catalogándolas por temática. Aquí se puede plantear, no obstante, un pequeño reproche al profesor Strauss, por cuanto, salvo escasas excepciones, toda la bibliografía está en lengua inglesa, sin referencias a obras en otros idiomas; con todo, el traductor ha incluido la indicación de ediciones en castellano de los textos clásicos greco-latinos.

El libro, tras los preceptivos agradecimientos y unas pequeñas páginas dedicadas a notas sobre onomástica, toponimia y abreviaturas, cronología del año 480 a. C. y sobre las embarcaciones (en cierto modo, estas páginas iniciales podrían considerarse una introducción), se estructura en cuatros partes o, quizás sea más correcto decir fases respecto de la batalla de Salamina: “El avance”, “La trampa”, “La batalla” y “La retirada”; las dos primeras partes se dividen en cuatro capítulos cada una y las dos últimas en otros tres respectivamente (el primero y último de los catorce serán el prólogo y el epílogo de toda la obra).

De esta “introducción” destaca un desglose de los distintos momentos de recopilación del material y de la composición del presente estudio, así como el cuadro cronológico por el cual se nos indica que desde los preparativos de la batalla (las maniobras de Jerjes para hacer cruzar a todo su ejército desde Asia a Europa en el Helesponto) hasta la retirada persa del Ática y la vuelta de los espartanos al Peloponeso, sólo transcurrieron cinco meses, de mayo a octubre del 480 a.C., y que la batalla se desarrolló en un solo día (se propone el 24 de septiembre).

La narración del estudio se articula en todos los casos de la misma manera: tras un mapa de la zona, donde se sitúan los accidentes geográficos fundamentales para los hechos y las posiciones ocupadas por sus protagonistas, cada capítulo, intitulado con un topónimo (Artemisia, Termópilas, Atenas, Salamina, Falero, Andros y Susa), comienza generalmente con la presentación de un personaje, no sólo de primera línea como Temístocles de Atenas, la reina Artemisia de Halicarnaso, el rey Tetramnesto de Sidón o Euribíades de Esparta, sino también secundarios para la guerra como Hermótimo, un eunuco de Jerjes, Sicino, el esclavo de Temístocles, o el poeta Esquilo, utilizados estos últimos para dar cierto halo de misterio a los hechos. Con el personaje de cada capítulo se introducen los proyectos, preparativos y movimientos previos de tropas, embajadas, consejos de guerra y asambleas relativos a la batalla y se analiza su importancia respecto de la misma.

A partir de la descripción del personaje se analizan en cada capítulo diversos factores, cruciales o no, de los preparativos de la batalla, de la batalla en sí y de sus consecuencias e implicaciones: en cierto modo, cada capítulo, salvo los de la cuarta parte, “La retirada”, suponen pequeñas aportaciones, pequeños granitos de arena, que hacen comprender en su conjunto el hecho puntual de la batalla de Salamina, conduciendo, por tanto, a un único fin. Unido a esta disposición narrativa, hemos de decir que también resulta atractiva la consideración de los hechos desde la perspectiva de los griegos (sobre todo) y de los persas, con las implicaciones de los protagonistas y también de los personajes anónimos.

Otra característica atractiva del libro es el empeño de su autor por mostrarnos de un lado la psicología de los personajes principales (Temístocles, Jerjes, Euribíades y la reina Artemisia, sobre todo), sus tejemanejes, sus formas de actuar; así, en varios momentos se habla de la improvisación de los griegos y de la falta de escrúpulos de Temístocles a la hora de traicionar a los suyos y provocar la guerra, se expone la actitud de Jerjes, que no atiende a ningún consejo, pues ya tiene tomada su decisión, y, por último, se indica que entre los contingentes y nobles persas no había unión, sino sólo una ambición y un deseo por medrar y adquirir el favor real. Junto a ello, es remarcable una gran meticulosidad por parte del autor a la hora de describir la situación política en Grecia, marcada por la total desunión y la gran rivalidad entre las distintas poleis, así como el conglomerado de razas, costumbres, modos, fuerzas y armas que había en las tropas persas al servicio de Jerjes.

Otro factor que hace excelente el resultado de la obra de Strauss es el estilo narrativo, ágil, accesible, en ocasiones emocionante y dramático, con digresiones que detienen y retrasan la culminación de los hechos; en otras ocasiones con precipitación de los acontecimientos. Con frecuencia, la descripción de los hechos tiene ciertos tintes cinematográficos que enganchan al lector, pues al describir la ansiedad, la angustia o la espera de los personajes se crea en el lector dichas sensaciones.

En este sentido, una de las mayores preocupaciones de Strass ha sido intentar contar lo que hacían o pensaban los pobres, los remeros, los soldados anónimos de a pie, así como retratar qué les pasaban a los niños, ancianos y mujeres.

La narración de los hechos se ve favorecida también el paso de lo trivial a lo crucial dentro de los hechos se hace con gran naturalidad, de manera que no sólo resulta atrayente la narración, sino que, en consonancia con la combinación de personajes vitales como Temístocles y Jerjes con personajes secundarios, cuasi anónimos, nos hace conscientes de que los grandes acontecimientos de la historia son inviables sin los hombres anónimos que en ellos participan. En parte, esta doble combinación pretende realzar el significado de la batalla de Salamina: para Strauss es la victoria de la democracia y la victoria del talento de un personaje ambiguo como es Temístocles. Así, la obra se concibe ad maiorem gloriam de Temístocles, de la democracia y de Atenas.

Un elemento que añade valor a este ensayo es el atrevimiento de su autor a entrar en el terreno de lo que podríamos llamar ucronía, es decir, elucubrar o hipotetizar, a veces en exceso, acerca de cómo habría sido la historia en caso de que la batalla de Salamina hubiera sido vencida por los persas o acerca de los proyectos y previsiones que cada uno de los bandos tenía. Por consiguiente, aparecen con gran frecuencia el verbo “imaginar” y sinónimo, así como formas verbales condicionales que denotan planes, proyectos de los personajes y un futuro que ahora sabemos a ciencia cierta irreal e imposible. De hecho, en clara vinculación a esta tendencia, también se puede leer qué es lo que harían o qué penalidades podrían pasar los remeros, los pobres, los desprotegidos, etc. Desde el punto de vista de la concepción de la obra esta tendencia recurrente a las hipótesis e incluso a la divagación da un toque de irrealidad, originalidad y creatividad al libro que contrarresta o, mejor dicho, equilibra la profunda investigación de su autor, pues, además, Strauss deja claro al lector cómo debe discernir entre lo erudito y lo novelesco.

En el epílogo, en relación con la concepción de la obra ad maiorem gloriam de Temístocles, de la democracia y de Atenas, se ofrecen reflexiones interesantes sobre la democracia como el gran legado de Salamina, llegando en un somero repaso a la democracia del siglo V a.C. hasta Pericles. Con todo, Strauss no puede abstraerse de criticar dicha democracia, por cuanto, tras la guerra, Atenas se erigió como un imperio democrático, o, si lo preferimos una democracia imperialista (¿en clara, pero velada crítica a la política de Estados Unidos?), de manera que el imperio aqueménida en el Egeo fue sustituido por el imperio ateniense. Además, se enuncia el conflicto desde una perspectiva quizás anacrónica, como el primer enfrentamiento entre Occidente y Oriente, entre la civilización contra la barbarie: Jerjes, el rey tirano de Persia y representante de todo el Oriente Próximo y Medio, es un vengador, un cruel castigador que no tolera los errores, pero va a ser derrotado por Temístocles, el guía de Atenas, el adalid de la democracia y de la libertad como fundamentos de Occidente y el defensor de la ciudad y de la cultura cuna de la nuestra propia cultura occidental.

Por otro lado, al menos, para nosotros, la obra en sí y su estilo ofrecen ciertas reminiscencias añadidas que nos recuerdan a Herótodo y detectables por muy diversos factores: Strauss cuenta algunos pasajes desde la perspectiva del que ha viajado y ha visitado los lugares de la batalla (como Heródoto hizo en su momento); el investigador norteamericano ha elegido conscientemente al público al que va a dirigir su obra (estudiosos y entusiastas de la historia antigua) y constantemente quiere compensar datos complejos con descripciones más mundanas (del mismo modo que Heródoto tenía un público al que debía mantener atento y al que no podía aburrir contando sólo las Guerras Médicas); además, siempre que tiene ocasión se aleja de la narración de los hechos para detenerse en digresiones, anécdotas y tópicos de la Grecia antigua —no necesariamente de los años de las citadas guerras, sino también de hechos anteriores y posteriores a las mismas—, adquiriendo la obra cierto cariz enciclopédico.

Con todo, pocas obras quedan exentas de algunos defectos, que en ocasiones pueden considerarse excesos de lo que en un principio eran puntos positivos del libro: uno de ellos es el uso de estas digresiones y tópicos sobre la Grecia antigua, pues a veces resultan superfluos e innecesarios (por ejemplo, al citar Eleusis explica los misterios eleusinos, al mencionar el monte Himeto explica los productos típicos del lugar, o al describir a Sostrato de Egina nos hace un excursus sobre el poder marítimo de la isla antes de las Guerras Médicas); también se producen repeticiones un tanto pesadas (por ejemplo, cuando menciona el número de barcos de cada contingente en casi todos los capítulos) o el suspense de algo ya conocido en ocasiones puede resultar un tanto cargante. Achacable probablemente al traductor, se producen molestos errores en la trascripción de los nombres propios griegos al castellano y en el uso de términos técnicos, de los que a continuación sólo damos unos ejemplos: Tespia en lugar de Tespias, Mycale por Micale, Euphrantides por Eufrántides, dobletes como Piteas/Pitias y Egaleo/Egileo, deme en lugar de demo, paean por peán. En las notas, se ofrece el nombre del autor clásico traducido al castellano, pero el título de la correspondiente obra no, por lo que leemos citas tan chocantes como Esquilo, Persians, o Plutarco, Life of Themistocles.

Desde el punto de vista de la consideración de los hechos, quizás por dar esa visión cercana a la novela histórica y por cierta imparcialidad a favor de los griegos y de la democracia, hay momentos en los que la batalla parece estar concebida a modo de un western (o las películas modernas donde generalmente norteamericanos se defienden contra invasores), donde los buenos, defensores del orden y de los grandes principios de la democracia y de la libertad, —los griegos y Temístocles—, luchan contra los malos, el tirano imperialista sin límites a sus ambiciones y sus súbditos, —el gran rey, Jerjes y todos sus súbditos persas, medos, bactrios, fenicios, carios, egipcios, etc.

Por otro lado, al leer el epílogo y reflexionar sobre el conjunto de la obra, queda la sensación de que la batalla está narrada desde un posicionamiento tan favorable a los griegos, que parece que todos los hechos sucedieron por voluntad de los griegos y de Temístocles, planteando el proyecto de Jerjes como un ansia de derrotar a los griegos para vengarse y reconociendo escuetamente el mérito de Jerjes y de su expedición, al tiempo que se recrea en señalar todos los errores tácticos y logísticos de la empresa.

A pesar de todas estas carencias, peccata minuta en un trabajo de tanta calidad, en su conjunto es altamente recomendable la lectura de esta obra por la buena difusión de un tema del que siempre hablamos los helenistas, pero del que a partir de ahora a buen seguro nos hemos enriquecido gracias a los datos y perspectivas de Strauss.

Publicado en Gerión (2007), 25 vol. 2, pp. 177-182.

J.F. GONZÁLEZ CASTRO, Palabras castellanas de origen griego

J.F. GONZÁLEZ CASTRO, Palabras castellanas de origen griego. Madrid, Ediciones Clásicas, 1998, 130 págs. ISBN 84-7882-160-0

De declarada finalidad didáctica como uno de sus objetivos primeros el presente trabajo hace gala, a su vez, de una sólida y rica base científica para un estudio metódico y hasta creativo de los helenismos en la lengua castellana. El libro se configura en tres partes: una primera de introductoria, la segunda con el léxico griego-español, para concluir con un listado de términos español-griego.

En la primera parte introductoria González Castro recoge y trata los puntos más indispensable para que el lector pueda hacerse con las reglas —por lo menos las indispensables— de transcripción griego-castellano (ya sean vocales simples, diptongos, consonantes y espíritu áspero), incluye también dos apartados más sobre sufijación (se centra en -ema, -itis, -mo, -terio) y compuestos híbridos, para concluir con la obligada reseña bibliográfica, buena y corriente al uso. Deberemos observar, sin embargo, que se mantiene el espíritu áspero como ‘h’ en ‘hidro’ siempre y no sólo como segundo elemento de compuestos tal como se nos dice (cf. págs. 6 y 103-104). En segundo lugar, y no en menoscabo de las necesidades pedagógicas, pensamos que sería bueno ampliar la nota bibliográfica con estudios sobre helenismos en otras lenguas: tratándose de las lenguas románicas en la península ibérica, la riqueza léxica se adapta de forma muy parecida en unas y otras (al respecto se puede citar un opúsculo de J. Coromines, Les relacions amb Grècia reflectides en el nostre vocabulari, 1936).

El segundo bloque, el más importante del libro, está propiamente dedicado al léxico. Y aquí conviene resaltar que entre las originales aportaciones de esta obra se encuentran, precisamente, una cantidad nada despreciable de términos que no aparecen en el Diccionario de la Real Academia: por ejemplo sobre gramática y concretamente términos específicos de métrica (‘anadiplosis’, ‘coliambo’, ‘coronis’, ‘crasis’, ‘escazonte’, ‘heptemímera’, ‘lecito’), también se cuentan en este apartado numerosos términos usuales del mundo de la biología y medicina (‘electrograma’, ‘electrocardiograma’, ‘meyosis’…), o términos de  carácter científico más general (‘haliéutica’, ‘climatólogo’, ‘electroacústica’, ‘electrodinámica’…), amén de otros más usuales, que hasta nos atreviríamos a calificar de corrientes, como ‘antievangélico’ o ‘antilogaritmo’ (éste en las aulas de ciencias). Sería bueno, pues, un vaciado exhaustivo de todo el vocabulario que este léxico aporta y que, como decimos, no se recoge en el DRAE o enciclopedias al uso. La lista no sería parca: ‘fototropismo’, ‘dodedáctilo’, ‘endoblasto’, ‘endosperma’, ‘endoblasto’, ‘haliófito’, ‘isótero’, ‘escazonte’, ‘lecito’, ‘acarpo’, ‘abléfaro’, ‘glosoplejía’, ‘hamadríade’, ‘braquipnea’, ‘antievangélico’…

Hace bien el autor en señalar que algunas palabras se introdujeron más como meros galicismos, con mayor fuerza, pues, por el francés que por el griego (cf. ‘estratega’/’estratego’, ‘higiene’, ‘metilo’ del fr. méthyle). En otros casos fue por cultismo latino helenizado: lat. spira (del gr. speíra) ‘espiral’, sisymbrium (del gr. sisýmbrion) ‘sisimbro’, sceptrum (del gr. sképtron) ‘cetro’, p(h)alangae (del gr. phálagx) ‘falange’ y ‘palanca’. O del árabe también, con influjos del griego: ‘almástiga’ (cf. mastíchê), ‘alambique’ (cf. ámbix). No estaría de más, pensamos, incluir la parte del étimo latino en compuestos híbridos (‘automóvil’ y un largo etcétera).

Otro punto a su favor son los numerosísimos nombres propios de origen griego que se recogen (echamos en falta ‘Alicia’, ‘Demades’, ‘Demágoras’, ‘Eurípides’). Por claros motivos de necesidad pedagógica hace bien su autor de obviar nombres propios difíciles de explicar como ‘Odiseo’, ‘Aquiles’, ‘Yocasta’ cuyas explanaciones requieren mayores conocimientos de gramática histórica, como el mismo nombre de ‘Zeus’.

Con prurito por llegar a ser lo más completo posible el trabajo recoge dobletes en la grafía, como ‘anemona/e’, ‘(p)seudónimo’, ‘(p)sicología’, ‘(p)neumonía’. Se recoge ‘colesterina’ (el galicismo) de stéar, pero no el término más corriente, que es ‘colesterol’. Se podrían añadir numerosos términos, sobretodo en los compuestos de preposición, por ejemplo ‘antiemético’, etc.

Casi no se han detectado errores: ‘Quersoneno’ por ‘Quersoneso’, ‘Praxiteles’ por ‘Praxíteles’, ‘filau-tía’, ‘hi-drópata’, ‘hidros-fera’, ‘sín-tesis’, ‘paro-nomasia’ (se deberá revisar la separación de palabras). Y a la hora de enunciar el término griego convendría uniformar la inclusión o no del artículo como marca de género. Un índice de palabras españolas con su correspondiente griego concluyen dignamente el volumen.

RAMON TORNÉ TEIXIDÓ

http://daidalea.blogspot.com

Valerio Massimo Manfredi, El Ejército Perdido y Michael Curtis Ford, La Odisea de los Diez Mil

Valerio Massimo Manfredi, El Ejército Perdido, Grijalbo Barcelona, 2008.
Michael Curtis Ford, La Odisea de los Diez Mil, ediciones Debolsillo, Barcelona,2004.
En el siglo IV a. C. un militar ateniense se embarcó en una expedición que un príncipe persa, Ciro, quería llevar contra su hermano, el rey Artajerjes, para hacerse con el poder del imperio persa. La expedición condujo a 10.000 griegos mercenarios y a un número mayor de tropas persas y de los pueblos nativos de todos los territorios intermedios entre la costa del Mar Egeo de Asia Menor y Mesopotamia. Después de atravesar toda Asia Menor y llegar hasta las puertas de Babilonia, la expedición fue un fiasco, ya que el príncipe murió en el primer combate. Ahora quedaba esperar la suerte de los soldados que, al unirse al príncipe. se rebelaron contra el rey. Estos 10.000 griegos eran temidos como hoplitas, mercenarios máquinas de matar y se les permitió volver a su casa, seguidos, perseguidos y hostigados a través del desierto y de un territorio hostil, teniendo que remontar ríos y valles desde casi el Mar Rojo hasta el Mar Negro en el norte de Asia Menor para llegar finalmente al Mar Egeo.
Esta peripecia histórica fue narrada por ese general ateniense, llamado Jenofonte y el libro es conocido como La Anábasis. Casualmente es uno de los dos autores y una de las obras que hay que traducir en las Pruebas de Acceso a la Universidad de Zaragoza (PAU).
En el 2001 Michael Curtis Ford publicó una novela histórica titulada La Odisea de los diez mil que, lógicamente, cuenta dichos hechos desde la perspectiva y la amenidad de la literatura atual de corte histórico.
Ahora, en de Noviembre de 2008, se ha editado un libro de un gran seguidor y heredero de Ford y uno de los actuales gurús y maestros de la novela histórica, el italiano Valerio Massimo Manfredi; el título es El ejército perdido, y se centra en la figura de Jenofonte para narrar esta odisea.
La sinopsis de la editorial sobre la novela de Manfredi dice: “La historia de una mujer cuyo amor por Jenofonte la empujó a abandonar a su pueblo y acompañarle con el ejército de los diez mil durante una de las campañas bélicas más duras de la Antigua Grecia. La victoria no es el único camino hacia la gloria. 401 a.C. Treinta años de guerra entre Esparta y Atenas han llevado a Grecia al límite de sus fuerzas. En este momento de profunda crisis, Ciro, hermano del emperador persa Artajerjes, decide reunir un enorme ejército de mercenarios griegos, que pasará a la historia con el nombre de «Los Diez Mil». Aunque anunció que su propósito era combatir a las tribus rebeldes, el verdadero objetivo de esta marcha de tres mil kilómetros sigue siendo uno de los grandes enigmas de la Antigüedad. Tras la muerte de Ciro en una batalla, los mercenarios quedaron abandonados a su suerte en un territorio que les era hostil. Poco después, los jefes griegos son aniquilados en una emboscada; Jenofonte, un culto y experimentado guerrero ateniense, toma el mando de la fracasada expedición y emprende el regreso a su patria. A su lado siempre está Abira, una joven tan enamorada de él que había abandonado a su familia y su pueblo para seguirle. El ejército perdido narra la épica aventura de Los Diez Mil y a la vez la historia de un amor incondicional que nunca vaciló ante las mayores adversidades”.
Sobre Manfredi en nuestro blog, pincha aquí.
La sinopsis de la editorial sobre La Odisea de los Diez Mil dice: “En el año 400 a.C., tras una larga guerra, Atenas ha sido vencida por Esparta, sus naves destruidas y su ejército desmembrado. Sin embargo, miles de soldados veteranos están dispuestos a seguir luchando, y se forma un ejército de mercenarios que acude a la llamada de Ciro, hermano del rey persa, que pretende hacerse con el trono. Jenofonte, un joven ateniense, discípulo de Sócrates y guerrero, decide unirse al ejército mercenario junto a su fiel esclavo Teo, con el objetivo de alcanzar la gloria y emular las grandes victorias de su padre, uno de los grandes héroes de Atenas. Así es como el ejército de los Diez Mil emprende una travesía épica, de Grecia a Persia, durante varios meses, donde conocerán la gloria con algunas victorias, pero también el sabor amargo de la derrota. El destino llevará a Jenofonte a capitanear a estos valientes veteranos en su regreso a Grecia, desafiando al enemigo, a las tribus hostiles, el rigor del invierno, el desierto, las montañas nevadas y el hambre. La odisea de los Diez Mil es una epopeya magnífica y un episodio heroico de la historia digno de ser recordado, que Michael Curtis Ford recrea con magistral realismo”.
Sobre Ford, pincha aquí.
Que las disfrutéis, porque en nuestra opinión es una de las mejores obras de Manfredi, con una buena combinación de historia y de ficción, con su maestría narrativa y su buen manejo de las fuentes históricas. En comparación con la novela de Ford, Manfredi resulta más creativo y más cercano a la ficción, mientras que Ford se muestra más fiel a sí mismo, dejando menos margen a la ficción, salvo en los diálogos, y ateniéndose de manera general a las fuentes a pies juntillas. Ambas son muy buenas obras, merecen la pena y docent delectando.
Publicado en Antiquitas Graeca et Latina.

Valerio Massimo Manfredi, Los Idus de Marzo

Valerio Massimo Manfredi, Los Idus de Marzo, editorial Grijalbo, Barcelona, 2009.
Los adictos a la novela histórica de temas clásicos y los incondicionales de Valerio Massimo Manfredi esperábamos con expectación su nueva novela, Los Idus de Marzo, editada el pasado mes de Noviembre y en la que aborda de una forma original un tema muy conocido de la historia de Roma, el asesinato de Cayo Julio César acaecido en los Idus de Marzo (día 15) del año 44 a. C.
La sinopsis en la sobretepa y en la web de la editorial dice: “«¡Guárdate de los idus de marzo!» Esta fue la célebre advertencia que hizo un adivino a Julio César, infausto presagio de lo que iba a suceder. El complot ya estaba urdido y los conspiradores decididos a dar el golpe fatal. Tampoco las palabras de aviso del adivino fueron las únicas que escuchó César en los días previos al asesinato, pero era tan grande su confianza que las rechazó. En muchos aspectos la de César fue una muerte anunciada. Esta obra de Valerio Massimo Manfredi es la crónica implacable de las cuarenta y ocho horas anteriores al sangriento acontecimiento que había de cambiar la historia. En ella todos los personajes -desde César hasta Porcia, desde Cicerón hasta Bruto, la mano ejecutora- van asuminedo su papel con la tensa cadencia de una tragedia griega. Y es que a veces la historia es la mejor novela…”.
La originalidad reside en la combinación de personajes reales de la Historia con mayúsculas, como César, Bruto, Cicerón, Marco Antonio, Cleopatra, etc., con personajes históricos que participaron en los acontecimientos de aquel período, como Publio Sextio, Antistio, Gayo Trebonio, Artemidoro, etc., con personajes completamente ficticios, aunque verosímiles, que crea Manfredi para su trama novelesca, como los correos Rufo, Vibio, Mustela, etc., soldados y esclavos.
La novela pretende narrar los acontecimientos entre las Nonae de Marzo (día 7) hasta los Idus, casi hora por hora, focalizando la acción en tres tramas: los últimos momentos de César entre la incertidumbre de una conjura y su planificación de la guerra contra los partos; los conjurados, jugando con el tiempo en contra y dubitativos respecto de los miembros de la gente que debía participar en la misma; y por último, las peripecias y luchas de los correos de los partidarios de César y de los conjurados contra la naturaleza, las inclemencias del tiempo y entre ellos (probablemente la parte más original de la novela).
Manfredi prescinde de toda la erudición sobre un hecho tan conocido y se dedica a narrar aspectos menores y crear una trama imaginaria sobre cómo pudieron desarrollarse los hechos.
Sin embargo, desde nuestra opinión y conocimiento de otras obras de Manfredi, podemos decir que no es de sus mejores novelas; más bien todo lo contrario: no es una novela histórica fiel a los hechos, donde Manfredi suele ser detallista, sino que más bien es una novela de ficción histórica, donde los personajes reales interactúan con personajes ficticios; a diferencia de otros títulos de esta segunda faceta novelística, como El imperio de los dragones o La conjura de las reinas o La última legión, el autor italiano no logra crear una emoción trepidante, los diálogos no son tan redondos y ágiles como los de otras ocasiones y el dibujo psicológico de los personajes no resulta original ni atractivo.
Sobre Manfredi en este blog, pincha aquí.
Publicado en Antiquitas Graeca et Latina.

Simon Scarrow, Los Lobos del Águila

Simon Scarrow, Los Lobos del Águila, ediciones Edhasa, Barcelona, 2005.
Seguimos con la saga del Águila, es decir, las aventuras de Quinto Licinio Cato, un singular centurión (primero optio) en la Segunda Legión en tiempos del emperador Claudio a las órdenes de Aulo Plautio y Vespasiano en la conquista de Britania.
La cuarta entrega de la serie se titula Los Lobos del Águila (título original en inglés The Eagle and the Wolves, publicado en 2003). A los personajes históricos de la saga como Aulo Plautio y Vespasiano, se suma ahora Verica, rey de los atrebates, una tribu celta que vencida por los catavelaunos se alió con Roma, ayudándola en su conquista de Britania.  En esta novela, Verica, viejo y cercano a la muerte, reina sobre un pueblo hambriento y no puede prestar ayuda a los romanos en la defensa y vigilancia de Calleva, su capital, ni de la ruta de suministros necesarios para la guerra contra Carataco, líder de los britanos.  Por ello, solicita a los romanos la posibilidad de crear unas cohortes de soldados atrebates al servicio de Roma para defender Calleva y los suministros. Aulo Plautio accede y, como no, Cato y su inseparable centurión Macro serán los encargados de instruir estas dos cohortes, que, a imitación del ejército romano, serán instruidas y lucharán bajo estandartes, no de las Águilas romanas, sino de los Lobos (cohorte de Cato) y Jabalies (cohorte de Macro); de ahí, el título de la novela: como la cohorte del protagonista será la que más sobreviva, serán los Lobos del Águila.
La novela se centrará por tanto en el entrenamiento de estos soldados atrebates al servicio de su rey y de Roma y los conflictos políticos que ello conllevará.
Respecto de la instrucción, las cohortes de Lobos y Jabalíes pronto tendrán que entrar en combate contra los durotriges de Carataco; una primera victoria elevará su moral, al tiempo que provocará disensiones internas sobre el uso de las cohortes atrebates para rebelarse contra Verica y pasarse al bando de Carataco, para independizarse o para continuar con los romanos.  No obstante, una nueva batalla con los durotriges conllevará el asedio de Calleva, la destrucción de gran parte de la cohorte de Jabalíes y la resistencia de la de los Lobos.  Esta es la parte de la guerra vista desde el campo de batalla, como algo confuso, humano, casi sin orden ni sentido.
Paralelamente, como a lo largo de toda la saga, las intrigas políticas dan la dimensión histórica de las batallas y de los imperios.  Junto a las ambiciones personales estarán las realidades de los estados, tanto para romanos como para celtas.  En el caso de los atrebates, Verica, el viejo rey, es sabio por viejo, recuerda los viejos tiempos en los que los catavelaunos lo expulsaron de su reino y cómo se vio forzado al exilio y a pedir la ayuda romana para recuperar su reino, a pesar de tener que pagar el precio de la alianza (y yugo) romano.  Sin embargo, nobles atrebates y el propio sobrino del rey, Tincomio, harán lo posible por romper la alianza con los romanos y una traición interna sumada a un ataque externo de los durotriges será el nudo y el desenlace de la novela.
Paralelamente, en el ámbito romano también se encuentran las intrigas: Quintilio, un tribuno aristócrata con pocos escrúpulos y más cobardía, medrará todo lo posible por ascender e incluso conseguir a modo de protectorado una especial de proconsulado del reino atrebate, aunque sin conseguirlo.  La figura e integridad de Vespasiano lo evitarán.  A pesar de ello, son interesantes las negociaciones de romanos y atrebates para mantener la fidelidad de éstos para con aquéllos, plagadas de desconfianzas, dudas, recelos, traiciones, verdades.
La novela tiene todos los ingredientes ya consabidos de la saga (y que ya hemos descrito a colación de otras novelas de Simon Scarrow en este blog, pincha aquí), con un dominio de la estragegia, el mundo militar, y, narrativamente hablando, de la intriga, con un clímax guerrero que se incrementa con la aparente salvación gracias a la llegada de las seis cohortes del legado Vespasiano y con la definitiva salvación no descrita de la llegada de las legiones del general Aulo Plautio.  Como indica Scarrow en su nota histórica, puesto que se lo ahorra en la narración, el mantenimiento de Verica en el trono y de su capital Calleva como eje central de la vía de suministros romanos fueron vitales para la victoria definitiva producida poco después contra Carataco y sus britanos. 
No obstante, en esta ocasión, no hay amoríos ni líos de faldas, Cato es más soldado que otra cosa; en su entorno, la lealtad, el mando, la obediencia serán nuevos y moldearán su carácter; tampoco hay una aventura un tanto forzada de héroes como en la tercera novela de la serie, sino una verosímil situación.
La sinopsis en la web de la editorial Edhasa dice: “Aún en Britania, Quinto Licinio Cato ve la alegría de su ascenso a centurión empañada por una misión casi imposible: convertir a una tribu de bárbaros, los Lobos, en una unidad al servicio del ejército romano que deberá cubrirle las espaldas en su avance por el interior del país. Los infructuosos intentos por dotarlos de disciplina, pese a la ayuda de Macro, darán pie a divertidas escenas, pero hay poco tiempo para las bromas cuando una turbamulta de salvajes se dispone a atacarles.  La presencia de los romanos en Britania es un aspecto de la historia antigua poco tratado hasta la fecha en novelas históricas, y la obra de Scarrow cubre perfectamente esta carencia”.
Sobre Simon Scarrow en este blog, pincha aquí.

Publicado en Sobre Griegos y Romanos.

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