Novela histórica

Santiago Posteguillo, Los Asesinos del Emperador, ed. Planeta (Autores Españoles e Iberoamericanos), Barcelona, 2011, 1185 págs

Acabamos de leer la última novela de Santiago Posteguillo, Los Asesinos del Emperador, editada a comienzos del pasado mes de Septiembre por la editorial Planeta en su colección de Autores Españoles e Iberoamericanos.
La sinopsis de la contraportada y de la web de la editorial es esta: “18 de septiembre del año 96 d. C. Un plan perfecto. Un día diseñado para escribir la Historia, pero cuando todo sale mal la Historia ya no se escribe… se improvisa: una guerra civil, las fieras del Coliseo, la guardia pretoriana, traiciones, envenenamientos, delatores y poetas, combates en la arena, ejecuciones sumarísimas, el último discípulo de Cristo, el ascenso y caída de una dinastía imperial, locura y esperanza, la erupción de Vesubio, un puñado de gladiadores, la amistad inquebrantable, Marco Ulpio Trajano, el mito de las amazonas, una gladiadora, nueve emperadores, treinta y cinco años de la historia de Roma. 18 de septiembre del 96 d. C. Un grupo de gladiadores dispuestos a todo avanza por las alcantarillas de Roma. Nada ni nadie puede detenerlos. Ni siquiera la Historia.”.
Nos encontramos ante otra novela histórica de gran calidad en la que, de nuevo, Posteguillo sabe plasmar todas las virtudes por las que su trilogía anterior sigue siendo un best-seller.
Sabe atraer a los lectores con combinación de historia y ficción (menos ficción de lo que se cree, tal y como el propio autor explica en la Nota Histórica al final de la novela.  La novela está perfectamente documentada en lo que se refiere a los personajes históricos y a los hechos.
Como defensores de la buena novela histórica, mientras que la historia nos cuenta los hechos y sus personajes, la novela histórica pone en cierto modo alma, voz y palabras a dichos personajes.  Posteguillo sabe crear personajes: en unos casos desarrolla personalidades complejas como la de Domiciano en esta novela; en otros casos sigue el proceso vital desde la infancia hasta la muerte de personajes como Escipión en la trilogía anterior.  Quizás se le pueda achacar que estos personajes puedan ser un tanto planos o estereotipados (el malo es muy malo -Domiciano-, frente al bueno que es muy bueno -Trajano, Escipión-), pero el efecto, el comportamiento y la determinación de los personajes en las tramas y en las novelas siempre resulta positivo y airoso.
Entrando en la valoración de la novela, el hilo conductor de la misma es un hecho inaudito y revolucionario: el ascenso hasta el imperium de un emperador de origen hispano, Marco Ulpio Trajano; para ello, de la mano de su padre, seremos testigos de su vida desde la adolescencia hasta dicho momento a través de los distintos emperadores de los que fue coetáneo: veremos el final de Nerón, el turbulento año y medio de los cuatro emperadores (Galba, Otón, Vitelio y Vespasiano), la instauración de una nueva dinastía con dos grandes emperadores (Vespasiano y su efímero hijo Tito), el ascenso y caída de Domiciano y la transición caótica del viejo Nerva, que adoptó a Trajano.
Asistimos, por tanto, a los turbulentos últimos decenios del primer siglo d. C., desde el 63 al 99, con un personaje central y cinco tramas: a pesar de lo que pueda parecer, a nuestro parece, paralelo al hilo conductor de la novela (el ascenso al imperium de Trajano), el personaje central no es Trajano, sino Domiciano y la trama central será su asesinato, como anuncia el título de la novela; para ello, veremos como la historia conduce a este punto desde la perspectiva de varios personajes, que crearán a su alrededor sus propias tramas: Partenio, el consejero de Vespasiano, Tito y Domiciano, que ideará la conjura contra Domiciano; Domicia Longina Augusta, esposa de Domiciano; Marcio, gladiador que participará en la conjura.  Junto a estos personajes tendremos a los pretorianos, brazos ejecutores de las barbaridades de Domiciano y ajusticiadores de los conjurados, en especial en el tramo final Norbano y Casperio.  Mientras todo esto transcurre, Trajano desarrollará su carrera militar en las distintas fronteras del imperio y se mantendrá fiel a los distintos emperadores y al margen de toda conjura.
Una de las maestrías narrativas de Posteguillo es el manejo de los tiempos, de un modo muy cinematográfico: la novela tiene una estructura cuasi-circular con un flashback, ya que se inicia en el año 96, en tiempos de Domiciano, en la escena de su asesinato para retrotraerse a tiempos de Nerón, año 63, y explicar por qué y cómo se ha llegado al asesinato de Domiciano, para continuar con sus consecuencias y el inicio de la estabilidad en el imperio con los primeros años de Trajano al mando, año 99.  Al mismo tiempo, el autor sabe combinar, simultanear y hacer avanzar las vidas de los personajes y sus motivaciones para el asesinato de Domiciano.  Así, la narración de la maldad connatural hasta la locura, los caprichos y la pervesión de Domiciano en todos los ámbitos (poder, sexo, dinero, etc.) discurre paralela a la degradación y destrucción de las mujeres que le rodean (Domicia, su esposa, Flavia Julia y Flavia Domitila , sus sobrinas), a la crueldad en el Anfiteatro Flavio plasmada en Marcio, obligado a matar a su amigo Atilio (se verá compensado con el amor de una gladiatrix y la lealtad de un cachorro) y a la eficacia de Trajano en las fronteras y en la administración.   De este modo, la novela, se va construyendo a base de escenas cortadas de las vidas de distintos personajes que se van simultaneando y avanzando hacia el fin.
Los Asesinos del Emperador muestran lo mejor de la trilogía de Escipión: combinación de personajes elevados e históricos con personajes triviales y secundarios como esclavos y gladiadores, buenos momentos de estrategia militar con cuidadas descripciones junto con escenas cotidianas y amorosas; la vida de palacio y de los mandatarios mezclada con lo mundano, como las cloacas, el barrio de la Subura; en suma, realidad y ficción para dar vida a lo conciso y concreto de la historia.
Sin duda, en el caso de Santiago Posteguillo nos encontramos ante uno de los mejores, si no el mejor, de los autores españoles de novela histórica ambientada en el mundo romano.
La lectura de Los Asesinos del Emperador parece anunciar -como así lo esperamos y, si no, invitamos a su autor a hacerlo- una nueva trilogía centrada en los dos primeros emperadores romanos de origen hispano, Trajano y Adriano.  Hay diversos indicios de ello: toda la novela conduce a un punto, el nombramiento de Trajano como emperador, pero el personaje central es el nefasto emperador Domiciano; si se quiere justificar la valía de Trajano no vale con dejar claro la pésima administración y los desvaríos de Domiciano y el período transitorio del emperador Nerva; se espera que en algún momento se nos diga por qué fue tan buen emperador Trajano.  Se nos ha dibujado muy bien su lealtad, su educación bajo los preceptos de su padre, su buena administración al mando de las legiones a lo largo y ancho del imperio, pero falta en realidad su imperium, por lo que avanzamos nuestra sospecha que eso será el argumento central de un segundo volumen de la trilogía.  Por otro lado, el que hacia la página 1050 aparezca por primera vez nombrado Adriano y que en las últimas 60 hojas del libro tenga un papel importante da qué pensar: aparece de la nada ya adulto (paradójicamente a lo largo del libro sí se habla del resto de la familia de Trajano y sus sobrinas, pero no de Ariano) y el que resulte un personaje activo en el momento en que Trajano es nombrado emperador hacer pensar que el tercer episodio de la trilogía será el nombramiento e incluso el imperium de Adriano.
Con todo, a modo de crítica constructiva, no podemos pasar por alto que “cualquier maestro echa un borrón” y hay una serie de detalles, peccata minuta en todo caso, que afean esta novela, que sería deseable que se corriegieran y cuya culpa deben recaer no sólo en el autor, sino también en los correctores que se espera que una editorial como Planeta tenga y en los editores en última instancia.  Vamos a enumerarlos:
En primer lugar, las malas pasadas del ordenador, de su corrector ortográfico y de la mecanografía mecánica: se escapan correcciones del tipo “sector” en lugar del término “secutor“, “Armiño” en lugar del caudillo querusco “Arminio” y algún Monguntiacum en lugar de Moguntiacum.
Ya que acabamos de citar un topónimo, sería deseable que no se usen nombres modernos de ciudades mezclados con nombres antiguos, es decir, una coherencia, o todos con el nombre latino o con el nombre en castellano, pero no una mezcla: todos los nombres de ciudad citadas en la novela siguen la denominación latina (Sirmium, Singidunum, …), excepto Pompeya (en latín Pompeii; incluso en el mapa interior es la única ciudad cuyo nombre no está en latín) y Jerusalén (en latín Hierosolyma); lo mismo ocurre con las provincias, que generalmente se citan en castellano, pero no es el caso, por ejemplo, de Moesia (en castellano, Mesia).
Alguno de estos errores se debe a un desconocimiento o una no aplicación deliberada de las normas de evolución fonética del latín al castellano -en los sustativos a partir del acusativo- por la que vemos que en ocasiones sí se siguen las normas y en otras no; así, en los antropónimos se producen también unos errores incómodos: si el diptongo latino –ae pasa a -e en castellano no se entiende por qué en un caso se dice Elio Adriano (en latín Aelius Hadrianus), pero aparece en algún caso Casperio Aeliano -y no Eliano- (en latín Casperius Aelianus).  El grupo consonántico –th pasa al castellano a -t y los nominativos latinos acabdos en –o pasan a -ón, de manera que el emperador Otho debería decirse Otón.  Un ejemplo más por no alargarnos: las consonantes geminadas de manera general se simplificaron en su paso al castellano, de manera que -tt pasa a -t y -cc pasa a -c, pero nos encontramos erróneamente a Attio Suburano (en latín Attius Suburanus) frente a un correcto Marco Coceyo Nerva (en latín Marcus Cocceius Nerva).
Además , resulta un tanto incoherente la mezcla de términos latinos en latín con términos latinos traducidos e incluso su explicación; al final del libro hay un extenso y buen glosario que permite entender los latinismos y términos culturales y de realia que aparecen en el texto, pero hemos detectado algún caso con contradicciones: al enumerar un cursus honorum se indican en latín los nombres de los cargos y magistraturas en latín, pero se intercalan algunos en castellano como “tribuno de la plebe” y lo que es peor, que mientras que a lo largo de la novela los términos latinos casi nunca se explican (para eso está el glosario), de repente en dicha enumeración los términos se explican o traducen entre acotaciones [].
Por último, junto a los textos en latín y en griego se dan la traducción de los mismos, a veces un tanto libres, tal y como se indica; sin embargo, en esa libertad a veces se atenta contra el significado del texto e incluso se introduce algún error grave: en la imprecación de Nerva a los dioses de la tríada Capitolina (Júpiter, Juno y Minerva ) el autor aporta el texto velitis, iubeatis, uti M. Ulpius Traianus …, como texto de un ruego; no sabemos si no cayó en la cuenta que dicha expresión es una fórmula abreviada donde se ha elidido el verbo principal e incluso la conjunción (rogo vos ut, “os ruego que” seguida de verbo en subjuntivo); el error es doble, porque no se da cuenta de que hay dos verbos que aparecen en subjuntivo velitis y iubeatis (literalemente “os ruego que querías y ordenéis que” u “os ruego que queráis ordenar que”) y considera que velitis procede de veles, velitis (“soldado auxiliar”), haciéndolo vocativo (aunque la forma en realidad sería genitivo), de manera que, aunque el sentido de la imprecación es claro y evidente, la traducción es errónea y confusa.
Sobre el autor, Santiago Posteguillo, ya hemos hablado en este blog a propósito de su trilogía sobre Publio Cornelio Escipión (Africanus, el hijo del cónsul, Las legiones malditas y La traición de Roma); no obstante, os pasamos la breve biografía que la editorial facilita en su web: “Santiago Posteguillo, profesor titular de lengua y literatura inglesa en la Universitat Jaume I y doctor europeo por la Universitat de València, estudió literatura creativa en Estados Unidos y lingüística, análisis del discurso y traducción en el Reino Unido. Publicó Africanus, el hijo del cónsul en 2006, Las legiones malditas en 2008 y La traición de Roma en 2009. Esta trilogía, aplaudida por centenares de miles de lectores en España y América Latina y en proceso de traducción a diferentes idiomas, ha sido merecedora de grandes elogios por parte de expertos y crítica. Reconocido como uno de los «Valencianos para el siglo XXI» por el periódico Las Provincias, Santiago Posteguillo ha sido finalista del Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza, ha sido premiado por la Semana de Novela Histórica de Cartagena y ha recibido los galardones Hislibris.com 2009 al mejor novelista histórico y a la mejor novela histórica. En 2010 Santiago Posteguillo recibió el prestigioso Premio a las Letras de la Generalitat Valenciana, que dicha institución concede una vez cada dos años”.
Publicado en Sobre Griegos y Romanos.

Rosemary Sutcliff, El Usurpador del Imperio

Rosemary Sutcliff, El Usurpador del Imperio, Plataforma Editorial, Barcelona, 2009 (título original The Silver Branch, 1957)
Acabamos de leer la entrega intermedia de la saga de los Aquila en Britania escrita por la afamada Rosemary Sutcliff en los años 50 del siglo pasado en su Inglaterra natal. Esta vez el título es El Usurpador del Imperio (The Silver Branch en su título original en inglés).
La primera entrega, El Águila de la Novena Legión, hablaba de la llegada de los romanos a Britania en el siglo I d. C. y la pérdida de dicha legión y el intento de uno de los hijos de sus legionarios, Aquila, por recuperar el orgullo y el honor de su padre y su legión, recuperando el águila del estandarte de la novena robado por los pictos
La tercera entrega, Aquila, el Último Romano, nos contaba cómo otro Áquila en el siglo V veía a los romanos abandonar la isla al mando del general Aecio y, en un último intento de mantener el espíritu romano, se unía a las huestes del caudillo romano-britano Ambrosius para hacer frente a los sajones y al traidor Vortigern.
La entrega intermedia, la que vamos a comentar ahora, El Usurpador del Imperio, está situada al final del siglo III d. C. y nos cuenta cómo dos miembros de la familia Áquila, dos primos lejanos, uno Tiberio Lucio Justiniano, Justino en la novela, cirujano subalterno en una legión en Britania, y Marcelo Flavio Áquila, centurión de una de las legiones del emperador Carausio (de origen celta y de nombre completo Marco Aurelio Mauseo Carausio) en Britania, descubren una intriga comandada por el segundo al mando, y encargado de las finanzas Alecto (de origen germano de la tribu menapia), para derrocar al emperador Carausio.  Carausio enviará a los dos primos al muro de Adriano en un aparente destierro por deslealtad, puesto que Alecto descubre que ambos sabían de su traición y tergiversa los hechos y las versiones para hacerles parecer culpables, pero al poco tiempo, tras enterarse del asesinato de Carausio, deciden desertar de la legión, sabedores de que el nuevo emperador, Alecto, los buscaría para matarlos y eliminar los testigos de su traición.
En su huida, llegarán a Portus Adurni donde un tal Paulino se dedica a mandar a la Galia a los perseguidos por Alecto para engrosar las filas del césar Constancio, a la espera de que este vuelva a recuperar Britania para Roma.  Las aventuras se desencadenan entonces, convirtiéndose ambos primos en los responsable del cuidado y envío de todos los sospechosos de Alecto.  Tras la muerte de Paulino, se encargan de tal tarea, pero al final serán descubiertos por los sajones que apoyaban a Alecto y en una rocambolesca aventura, Flavio y Justino encontrarán un águla de bronce sin alas, el Águila perdida de la Novena Legión que su antepasado Áquila había guardado en el hypocaustum de su casa y que, como leyenda, se contaba que había sido recuperda y escondida.
Ante la inminente llegada de dos contingentes, bajo el mando del césar Constancio  y su segundo Ascleiodoto, para enfrentarse a Alecto, Flavio y Justino agruparán a unos 80 hombres como fuerzas de apoyo, exploración y caballería, por su buen conocimiento de la zona y se presentarán bajo el estandarte de la legión perdida.  Su honrosa participación en la batalla y en el sitio y defensa de Calleva les llevará a volver al servicio oficial bajos las águilas, esta vez, al servicio de Constancio.
Como las otras dos entregas de la trilogía, Sutcliff demuestra el por qué de tantos premios como escritora de novela histórica y juvenil y el por qué se le consideró como uno de los 100 escritores más influyentes de la literatura inglesa del siglo XX.
Narración intrépida, con sensibilidad (la preocupación por la descripción de detalles que despiertan los sentidos, como los olores, colores, sonidos es sorprendente), evitando lo escabroso, sin recreación en lo sangriento, reconstrucción magistral del mundo romano-britano, humor, …, son elementos que hacen de la autora y de su trilogía una pequeña delicia.
Como curiosidad, la razón de ser del título original, The Silver Branch (“La rama de plata”), hace referencia a que Carausio tenía un bufón en la novela, llamado Cullen, que tocaba un instrumento de plata en forma de rama de manzano con manzanas; cuando muere Carausio, Cullen buscará a Flavio y Justino durante dos años para entregarles una carta en la que el emperador reconocía que ambos tenían razón al acusar a Alecto y que los alejaba de la corte para que no murieran a manos del traidor; cuando Cullen los encuentra sigue llevando su rama de plata, donde guardaba la carta, y con ella a cuestas, pedirá ser el portaestandarte del águila perdida de la legión en la mini-legión de los 80 despojados.
No queremos extendernos más: lo aquí dicho es extensivo a El Águila de la Novena Legión y a Aquila, el Último Romano, y vice versa, lo allí dicho es aplicable a El Usurpador del Imperio; disfrutadlas.
La sinopsis en la web de Plataforma Editorial dice: “El Imperio vive momentos peligrosos con todas sus fronteras amenazadas por los pueblos bárbaros. También Britania está bajo el constante asedio de los sajones. Pero contra ellos se ha erigido la voluntad del autoproclamado emperador Carausio que se ha apropiado de la púrpura imperial y que desea la supervivencia de la Britania romana. A su servicio se encuentra el cirujano militar Justino y su primo, el centurión Flavio. Por casualidad descubren una conspiración contra el emperador, urdida por su hombre de confianza Alecto, pero se ven desterrados a un lejano puesto fronterizo. Allí se enteran del asesinato de Carausio y de la entronización de un nuevo emperador, el usurpador Alecto. Temiendo por sus vidas, deciden huir y se integran en una red clandestina de agentes al servicio de Roma, con la que prepararán la llegada de las legiones del césar Constancio y el derrocamiento del usurpador. Con la ayuda de desertores y perseguidos, levantarán una vez más el estandarte de las Águilas para que el Imperio siga vivo en Britania durante algunos siglos más.  
Segunda parte de la trilogía que ha vendido un millón de ejemplares y ha sido traducida a 15 idiomas. La autora se encuentra entre los 50 escritores británicos de la segunda mitad del siglo XX más importantes, según The Times. Kevin Macdonald, director de El último rey de Escocia, estrenará próximamente una película basada en la primera parte de esta trilogía”.
Sobre la autora, Rosemary Sutcliff, podéis leer aquí una pequeña nota bibliográfica al hilo de las recensiones de la primera y de la tercera entregas de la saga de los Aquila en Britania.
Publicado en Sobre Griegos y Romanos.

Julio Murillo Llerda, El agua y la tierra

Julio Murillo Llerda, El agua y la tierraMaratón, Termópilas, Salamina y Platea, editorial Edhasa, Barcelona, 2007
Nuestra última lectura ha sido El agua y la tierraMaratón, Termópilas, Salamina y Platea, de Julio Murillo Llerda.  Tomamos la lectura con cierta precaución, ya que su autor no es un especialista en el mundo clásico, pero el resultado hay que calificarlo de positivo.  Es una buena novela histórica, sin temor a equivocarnos, una novele histórica imprescindible para acercarse a este apasionante período del inicio del siglo V a. C.
La originalidad mayor de la obra reside en el punto de vista del narrador: Esquilo, cercano a su muerte, decide escribir sus memorias, vinculadas a la persona y a la amista de Temístocles.  Esquilo las escribirá para que, dado el rumbo final de los hechos, con el exilio de Temístocles a Persia y su consideración de “traidor”, quede constancia de los hechos reales en los que participó Temístocles, a veces turbios y sangrientos, pero que en todo caso fueron conducentes a la salvación de Atenas y a su victoria en Salamina.
La vida cotidiana de Esquilo, expuesta en su oficio de escritor, en su vida familiar con sus padres y hermanos eupátridas de Eleusis, su amor hacia Eris y sus amistades y lealtades a los “maratonianos” y a Temístocles, se mezclan con la trama: envuelto en un crimen y acogiendo en su casa a Eris, una hermosa joven a cuyo padre y tío han asesinado, Esquilo pde ayuda a Temístocles, quien sospechando el origen del crimen, decide viajar a Delfos con Esquilo y Eris para resolverlo y, de paso, ante los negativos oráculos de la Pitia sobre el destino de Grecia ante la llegada de Jerjes, amañar y modificar los designios divinos.  El tragediógrafo y el político descubriran el saqueo de los tesoros délficos, así como los sobornos que los persas proporcionaban a los sacerdotes del oráculo.  No obstante, para poder acceder al amaño de los oráculos, Esquilo y Temístocles deberán recibir un oráculo de la Pitia en el que cada uno descubrirá su futuro, lo que marcará sus vidas: ambos tendrán que seguir las huellas marcadas por la predicción oracular.
A partir de ahí Temístocles trabajará para cumplir con la salvación de Grecia y Atenas, a pesar del desdichado final que le espera, mientras que Esquilo le ayudará en todo lo posible y, finalmente, se encargará de limpiar su nombre enviando a través de Píndaro sus memorias a Pericles para que las guarde en los archivos de Atenas junto con todas sus tragedias, al tiempo que limpiará su conciencia reconociendo el asesinato de algunos traidores atenienses, violando sus propios principios y convicciones, recurriendo a “la manera ática” de resolver los problemas.
En estas memorias, pues, se repasarán las Guerras Médicas completa y resumidamente, con gran claridad expositiva y amenidad.  La recreación histórica es muy buena y los datos de erudición que se insertan no parecen forzados ni alteran la narración ni la trama principal.  La narración resulta ágil, amena, humana y accesible, enganchando al lector sin defraudar en el desenlace.
Con esta excusa, Esquilo hará, como ya hemos dicho, un repaso histórico a todo el período de las Guerras Médicas, con críticas a los pareceres y a las decisiones de espartanos y de políticos conservadores como Milcíades, Arístides y Cimón, y expondrá las claves de los éxitos griegos en cada batalla.
Supone la novela una nueva perspectiva de Temístocles, en cierto modo semejante a la que en Salamina nos hacía Javier Negrete, aunque, mientras que Negrete escribe su novela ad maiorem gloriam Themistoclis, Murillo resulta más humano, puesto que utiliza el tamiz de la visión de Esquilo para dibujarnos a Temístocles.
La sinopsis en la web de la editorial Edhasa dice: “En el año 456 a.C., durante los preparativos del funeral de Esquilo, el poeta Píndaro encuentra las memorias escritas por el que fuera su amigo: un asombroso recuento del terrible choque entre el poderoso ejército de Jerjes y los Estados griegos rebeldes, un desesperado y desigual combate por la libertad y la democracia, pero también halla una sorprendente confesión acerca de los misteriosos crímenes del Oráculo de Delfos. El Agua y la Tierra narra, con escrupulosa fidelidad histórica y un magistral sentido del ritmo, la totalidad de la mayor guerra de la Antigüedad a través de la lúcida mirada de Esquilo.  Los que disfrutaron de la batalla de las Termópilas (inmortalizada en la obra de Frank Miller, que después la llevaría al cine Zack Snyder con el título Los 300), encontrarán en esta novela en antes y el después de esta historia”. 
En el blog del autor podemos encontrar esta sucinta biografía-curriculum: “Julio Murillo Llerda es escritor, periodista, director creativo, diseñador y experto en comunicación. Colabora habitualmente en revistas y publicaciones impresas y electrónicas; trabaja como articulista freelance, tanto para editoriales –publicaciones mensuales– como para agencias de comunicación y publicidad, multinacionales, radio, productoras de series y programas de televisión. Su primera novela, Las Lágrimas de Karseb. Constantinopla 1453 (MR Novela histórica. 2005) resultó finalista en la V Edición del Premio de Novela Histórica Alfonso X El Sabio. El libro se ha traducido al griego, al portugués y al sistema braille (ONCE). Las Puertas del Paraíso. Los crímenes de la catedral de Florencia (MR Novela histórica. 2006) es su segunda incursión en el terreno de la novela histórica. En la actualidad ha completado El Agua y la Tierra. Memorias de Esquilo, héroe de Maratón y trabaja en un thriller de acción y en un volumen de cuentos y relatos breves.  Como articulista ha colaborado en infinidad de publicaciones: El País, Vibraciones, Ajoblanco, Playboy, Rock Especial, Rock De Luxe, Top News, Salir Salir, Área Visual, Más Allá de la Ciencia, El Cruzado Aragonés, Habita“.  En este mismo blog podéis encontrar otra sinopsis de la novela El agua y la Tierra y más información acerca de la misma.
Publicado en Sobre Griegos y Romanos.

Valerio Massimo Manfredi, Quimaira. Clasificación de sus novelas históricas

Valerio Massimo Manfredi, Quimaira, ediciones DeBolsillo, Barcelona, 2003
Quizás uno de los autores más de moda en los últimos años en el campo de la novela histórica sea Valerio Massimo Manfredi.
Acabamos de leer uno de sus libros, Quimaira, de 2001 y editado en castellano por primera vez en el año 2003, y puede ser un buen momento para repasar la bilbiografía de este autor de moda de obras de un género tan en boga en los últimos tiempos.

Nosotros dividiríamos las obras literarias del autor italiano, al menos, en cuatro categorías.

La primera categoría sería la novela histórica propiamente dicha, con gran rigor histórico en el estudio de los hechos reales, sus fuentes, su geografía, su contexto. Aquí hace gala de su sapiencia como profesor de Historia Antigua y creemos que es el campo donde Manfredi resulta mejor escritor y sus obras más atractivas. En este grupo deberíamos citar su trilogía sobre Alejandro Magno (Aléxandros: El hijo del sueño, Aléxandros: Las arenas de Amón y Aléxandros: El confín del mundo), El tirano, sobre la figura de Dionisio, tirano de Siracusa, o El ejército perdido, recreación de los hechos narrados por Jenofonte en su Anábasis.
Una segunda categoría sería novela de ficción histórica, es decir, novela con personajes reales o contexto histórico auténtico, pero que cuenta hechos no constatados en la realidad, sino a lo sumo meras hipótesis, por lo que supone una ficción, a modo de novelas de aventuras situadas en el mundo antiguo; dentro de este grupo incluiríamos Talos de Esparta, sobre un joven espartano disminuido físico, La última legión, sobre el último emperador de Roma, y El imperio de los dragones, sobre supuestos soldados romanos que llegaron a China y entraron en contacto con un mundo y una civilización nueva. En este grupo es donde, probablemente, Manfredi sea más creativo.
La tercera categoría estaría compuesa por novelas pseudo-históricas o novelas de ficción con trasfondo histórico antiguo; se tratan de entretenimientos donde Manfredi destapa y desarrolla la visión aventurera y romántica del arqueólogo moderno, a la sombra del Indiana Jones cinematográfico, con tintes detectivescos e inclusos de novelas de espías. En medio de sus trabajos de arqueología, los personajes se verán envueltos en misterios y se desarrollarán maldiciones etruscas, profecías griegas, conjuras y complots modernos. A este grupo, pertenecen El oráculo, La torre de la soledad, Quimaira, Paladión. No son de gran calidad literaria, pero son buenas para distraerse, como las novelas de piratas, de ciencia ficción, etc.
El último grupo, la cuarta categoría,  lo constituye, por ahora, una sola obra, Akropolis, en la que nos muestra lo que para él son las claves de la importancia de Atenas en la Antigüedad y de su pervivencia hasta la actualidad; la obra estaría a mitad de camino (o en un cruce de caminos) entre el ensayo, la novela, los apuntes de clase…
Os animamos a que leáis y a que leáis a Manfredi. Que lo disfrutéis.
Sobre Manfredi, la editorial Debolsillo dice: “Valerio Mássimo Manfredi nació en Módena en 1944. Se considera, ante todo, un especialista en el mundo antiguo. Arqueólogo de formación, ha ejercido como profesor en diversas universidades italianas y de otros países, y ha participado en muchas excavaciones y en varias expediciones científicas, algunas de las cuales ha dirigido personalmente. Colaborador de la revista Panorama y del periódico Il Messagero, ha escrito numerosos artículos y diversos ensayos de divulgación histórica. En nuestro país es principalmente conocido por ser el autor de la trilogía sobra la figura histórica de Alejandro Magno, Alexandros, pero también ha escrito otras novelas, basadas siempre en mundo antiguo, entre las que cabe destacar La conjura de las reinas, Paladión, El faraón del desierto, Quimaira y La última legión“.
Sobre Quimaira, su resumen cuenta lo siguiente: “Fabrizio Castellani, un joven y brillante arqueólogo, llega al museo de la ciudad toscana de Volterra para descifrar el secreto que esconde una famosa estatua etrusca. Esa misma noche, una inquietante llamada telefónica y el terrorífico aullido de una bestia interrumpen su estudio. Al día siguiente es descubierto el cadáver de un hombre que ha sido atacado salvajemente por un desconocido animal de dimensiones inauditas. Es el inicio de una serie de espantosas muertes que Castellani relaciona con un asesinato cometido en la antigüedad. Mientras tanto, se descubre una inscripción en bronce que contiene una maldición arrojada a raíz de ese crimen. Convertido en detective del pasado y del presente, Castellani deberá enfrentarse a esa misteriosa maldición que parece retornar de tiempos remotos”.
Publicado en Antiquitas Graeca et Latina.

Gillian Bradshaw, El heredero de Cleopatra

Gillian Bradshaw, El heredero de Cleopatra, ediciones Salamandra, Barcelona, 2003
Publicada en 2001 en lengua inglesa, El heredero de Cleopatra fue traducida al castellano y editada en el 2003 aprovechando el tirón que con otras novelas la estadounidense Gillian Bradshaw había conseguido entre el público de lengua castellana. Con títulos como Teodora, la emperatriz de Bizancio o El faro de Alejandría, Bradshaw mostró una gran maestría en la creación de personajes ficticios dentro del período histórico greco-romano (es el caso de la médica en El Faro de Alejandría, que no desmereció en otros títulos como Ciudadano del Imperio) y un gran tratamiento de fuentes y rigor histórico en el retrato de personajes históricos (como ocurre con Teodora en el primero de los títulos o posteriormente con Arquímedes en El contador de Arena)
Sin embargo, mucho nos tememos que con El heredero de Cleopatra nos encontramos ante una novela que se encuentra muy lejos de sus predecesoras.
La novela es una ficción histórica sobre cuál pudo ser el final de Cesarión tras la toma de Egipto por Octavio Augusto y la muerte de Cleopatra. Cesarión, al que voluntariamente la autora hace epiléptico como su supuesto y posible padre, Julio César, aparece medio muerto en un campamento en el desierto egipcio a punto de ser incinerado en su propia pira funeraria; escapa, es encontrado por un comerciante egipcio de baja clase social y se desarrollarán a partir de aquí una serie de tramas de viajes, negocios, amores, peligros y traiciones que acaban con un Cesarión perdonado por su primo lejano.
Ni las tramas son creíbles ni el dibujo de los personajes es real; la acción resulta predecible constantemente y un toque femenino con el enamoramiento de Cesarión y Melanthe y un toque americano con un “happy end” más que cuestionable (ambos toques rastreables en obras como El faro de Alejandría) deslucen por completo la novela, a la que no nos queda otro remedio que calificar de prescindible.
Por último, lamentar el trabajo de post-producción de la editorial en la traducción (no es la primera vez que lo detectamos en sus libros): aunque la traducción esté bien, desluce enormemente el descuido e ignorancia de las reglas mínimas de transcripción de los nombres clásicos al castellano: no es admisible el uso de formas como Kleón, Kinesias, Archibios, Melanthe, etc., en lugar de las correctas Cleón, Cinesias, Arquibio, Melante, etc.; menos perdonable aún es el uso de formas a veces transcritas y a veces no (Ario y Areios); pero todavía enerva y molesta más que no se sepa que Cisalpine Gaul es el término inglés para la Galia Cisalpina, región situada entre el valle del Po y los Alpes. El colmo de estos despropósitos, posiblemente por correción ortográfica del ordenador, es el cambio de nombres, ya que Marco Vipsanio Agripa pasa a ser Marco Vespasiano Agripa.
La sinopsis de la novela en la web de Ediciones Salamandra dice: “Considerado por algunos la pieza clave de la posible unión entre Roma y Egipto, y despreciado por otros como el indigno fruto de la pasión amorosa de Julio César por Cleopatra, Cesarión es tal vez el personaje más enigmático de aquella fascinante época histórica. Supuestamente asesinado por orden de Octaviano, el hijo adoptivo y sucesor de César, que lo veía como una seria amenaza para sus sueños de expansión del Imperio, poco se sabe de la suerte que corrió el joven heredero de Cleopatra. Apoyándose en la hipótesis de un Cesarión que, tras sobrevivir al intento de magnicidio, se enfrenta al terrible dilema de cambiar de identidad y rehacer su vida o sucumbir ante lo inevitable, Gillian Bradshaw —autora del superventas El faro de Alejandría— narra la dramática situación de un joven obligado a renunciar a sus valores más preciados, el deber y el honor, para iniciar en el anonimato un recorrido por tierras de un Egipto que falsamente creía conocer y cuya maravillosa riqueza se despliega ahora ante sus ojos. Desprovisto de títulos, posesiones e incluso de su nombre, este viaje, tanto geográfico como íntimo, hará que afloren en Cesarión sentimientos prohibidos como la amistad, la honestidad y el amor, que abrirán en él las puertas hacia la verdadera percepción de la condición humana”.
Sobre Gillian Bradshaw, la web de Ediciones Salamandra ofrece unos breves apuntes biográficos: “Gillian Bradshaw es una de las escritoras de narrativa histórica más importantes de Gran Bretaña. Licenciada en Literatura e Historia Clásica en la Universidad de Cambridge, sus obras destacan por el riguroso trabajo de documentación e investigación que realiza antes de escribirlas. De sus diez novelas publicadas en inglés hasta la fecha, SALAMANDRA ha editado la trilogía sobre Bizancio compuesta por Teodora, emperatriz de Bizancio, El faro de Alejandría -que obtuvo un extraordinario éxito de ventas en nuestro país-y Púrpura imperial, El heredero de Cleopatra y ahora El contador de arena. Ganadora del Premio Alex 2001, Gillian Bradshaw reside actualmente en Inglaterra”.
Publicado en Antiquitas Graeca et Latina.

Gillian Bradshaw, Ciudadano del Imperio

Gillian Bradshaw, Ciudadano del Imperio, ediciones Zeta Bolsillo, Barcelona, 2006
Una de las figuras más importantes de las últimas décadas dentro del panorama de la novela histórica es Gillian Bradshaw, norteamericana nacida en Falls Church, pero afincada desde hace ya unos años en Gran Bretaña. Su maestría en el manejo y conocimiento de los hechos históricos y de las fuentes histórica y literarias de donde se obtiene la información y el contexto va acompañada de un profundo saber sobre las costumbres, usos, creecias, tecnología y sociedad greco-romana; además, en la creación de las tramas de sus personajes se muestra hábil, sabiendo mantener hasta el final la intriga de los hechos y el devenir de la narración.
Conocidas son obras suyas como El Faro de Alejandría, La púrpura imperial, El contador de Arena, El heredero de Cleopatra y Teodora, emperatriz de Bizancio.
La novela que vamos a comentar hoy es Ciudadano del Imperio (Render unto Caesar), editada en 2003 en inglés, y en 2006 en castellano en la colección Zeta Histórica (http://www.zetabolsillo.com/).
La sinopsis de la novela es la siguiente, según reza en la contraportada: “Hermógenes, un comerciante romano de Alejandría, se dirige a la capital del Imperio para cobrar una deuda familiar. El deudor es Tario Rufo, un rico e influyente cónsul romano que no sólo se negará a devolverle el dinero, sino que intentará asesinarlo. Hermógenes sobrevivirá gracias a la intervención desinteresada de una ex gladiadora de origen cántabro. El alejandrino, a pesar de las amenazas de Rufo y de su círculo de amistades, no cesará en el empeño de ver saldada la deuda que provocó la ruina de su familia. En tan quimérica misión, Hermógenes recorrerá las calles de Roma, conocerá a gente de todos los estratos sociales y lidiará con toda clase de dificultades en una ciudad en que las luchas por el poder están a la orden del día. Una visión de la discriminación que padecían los ciudadanos romanos de los confines más alejados del Imperio”.
Al margen de lo entretenida de la narración y de las peripecias del personaje, para el lector que se introduce en el mundo clásico debe resultar muy interesante la descripción del ambiente de corrupción política en los albores del imperio en las altas capas de las magistraturas romanas; igualmente resulta valiosa la descripción de detalles de la vida cotidiana y de la sociedad romana de la época: la mezcla de razas en una Roma cosmopolita, la relación entre amos y esclavos, los bajos mundos de Roma en la Subura y otros barrios, la vida en las insulae, etc. El aprovechamiento didáctico de la novela es bastante alto. Quizás se pueda reprochar que, como en otras novelas de Bradshaw, hay un happy ending y una relación amorosa feliz que puede dar un toque “cursi” al relato. No obstante, a pesar de ello, la novela es altamente recomendable.
En http://www.lecturalia.com/autor/374/gillian-bradshaw podemos leer sobre la autora: “Escritora estadounidense nacida en Falls Church, Virginia, el 14 de mayo de 1956. Cursó estudios en la Universidad de Michigan, en donde obtuvo por dos veces premios por sus trabajos sobre la Grecia Clásica. Sus novelas se encuadran dentro de los géneros de la ficción histórica, la fantasía histórica, la ciencia ficción, la literatura juvenil e infantil y ficciones contemporáneas con gran componente científico. Sus novelas históricas no fantásticas están situadas tanto en la Antigüedad Clásica (Egipto y Grecia) como en períodos posteriores como el Imperio Bizantino o la Gran Bretaña romana. Las novelas de Bradshaw han sido publicadas, además de en inglés, en checo, danés, francés, alemán y español. Ha sido aclamada por la crítica debido a la gran verosimilitud tanto de sus obras históricas como de las que incorporan elementos científicos”.
Podéis visitar la web de la autora en http://www.gbradshaw.net/.
Publicado en Antiquitas Graeca et Latina.

Javier Negrete, Salamina

Javier Negrete, Salamina, Espasa Calpe, Madrid, 2009.
Acabamos de leer Salamina, la novela de Javier Negrete editada en 2008.
Sin duda, tenemos que reconocer que es una gran novela histórica, donde se combina magistralmente un conocimiento de las fuentes históricas con una creatividad del autor a la hora de molstrarnos los hechos de la vida cotidiana, los diálogos, la recreación de una época, dentro todo ello de una gran preocupación por no separarse de los datos reales y crear una atmósfera verosímil, allí donde la falta de datos deja margen a la imaginación y a la orginalidad.  El aprovechameniento de “los huecos de la historia”, como dice el propio autor, le ha permitido crear una gran novela histórica sobre un hecho altamente conocido, pero con un resultado único sumamente atractivo para el lector.
Al mismo tiempo, resulta muy interesante y destacable el interés de Negrete por recrear no sólo el mundo griego del siglo V a. C., sino también el mundo persa.
La novela tiene como personaje central a Temístocles, un artero político y comerciante, más cercano al ideal de Ulises que al de Aquiles y los nobles Eupátridas defensores del ideal hoplítico.  La obra comienza con la batalla de Maratón como preludio necesario para la batalla de Salamina.  En ella, a pesar de todo su esfuerzo y planificación, Temístocles se ve privado de la gloria en beneficio de Arístides. 
A partir de aquí Temístocles usará todos los medios (sobornos, coacciones, cohechos, engaños, mentiras, demagogia, etc.) para llevar a Atenas a un final para su mayor gloria personal: eso será la batalla de Salamina.  Lealtades y traiciones, espías y dobles espías aparecerán a partir del momento en que Temístocles visitará Babilonia y conocerá en persona a Jerjes.
Junto a la historia y a los grandes personajes, Negrete sabe disponer en el entramado de su novela personajes de la vida cotidiana que serán el contrapunto de Temístocles, Jerjes, Mardonio, Arístides, Cimón, etc.  Así Apolonia, su amante, Sicino-Mitranes, su esclavo persa, Euforión, su “amigo” traidor, y la visión de otros personajes como Fidípides, el corredor de Maratón, dan humanidad a los grandes hechos descritos por la historia oficial, al tiempo que suponen una humanización de Temístocles y su entorno.
Así, en este mismo sentido, la presencia de dos personajes femeninos, uno ficiticio -Apolonia- y otro real, aunque será objeto de la inventiva y de la deformación de Negrete, -Artemisia- ofrecen una sensibilidad mayor a la novela, un mayor apego a la realidad y un alejamiento del idealismo de los líderes políticos y de la guerra.
Narrativamente, Negrete hace gala de una gran variedad de registros: a sus diálogos ágiles, directos, verosímiles, vibrantes, se añaden descripciones precisas, ni concisas ni innecesariamente extensas, con un gran conocimiento de estrategia militar, de la vida cotidiana, de geografía, de urbanismo, arte, religión, mitología, etc, pero todo ello sin dar las típicas y forzadas  “píldoras de erudición” que distorsionan la narración, deteniéndola y haciéndola menos natural.  Además, sabe cómo simultanear la narración desde varios puntos de vista a la vez (en concreto en la narración de la batalla final de Salamina) para retrasar el desenlace de la novela y manejar el tempo de la misma.
Sin lugar a duda, una novela imprescindible para todo aquel que quiera acercarse al mundo clásico en general y las Guerras Médicas en particular.
La sinopsis de la novela es la siguiente: “Siglo V a. C. La joven democracia ateniense se enfrenta a un terrible desafío. El gigantesco Imperio Persa pretende destruir Atenas y conquistar Grecia. En ese momento decisivo aparecerá un hombre, un genio, un visionario: Temístocles.  Él será el hilo conductor de esta deslumbrante novela que, cimentada en la historia, tiene el aliento de la tragedia y la fuerza de la épica. Desde la carga suicida de los atenienses en Maratón a la batalla de las Termópilas, pasando por la fabulosa ciudad de Babilonia, todos los hilos de la trama desembocan así en la jugada maestra de Temístocles: Salamina, la mayor batalla naval de la Antigüedad y el lugar donde se dirimió el futuro de nuestra civilización.  Javier Negrete recrea este momento irrepetible con un ritmo magistral y dota de vida a un elenco inolvidable de personajes, entre los que destaca Artemisia, reina de Halicarnaso, griega de nacimiento, aliada de los persas y cuyo corazón se convierte también en un campo de batalla inesperado”. 
Sobre Javier Negrete, la web Planeta de los Libros nos ofrece esta pequeña biografía: “Javier Negrete nació en Madrid en 1964. Estudió Filología Clásica y desde 1991 trabaja como profesor de griego en el IES Gabriel y Galán de Plasencia. En 1992 publicó su primera novela, La luna quieta. Es autor de otras obras de ciencia ficción como La mirada de las furias (premio Ignotus a la mejor novela, 1998) y Estado crepuscular (premio Ignotus y Gigamesh al mejor relato, 1994). Ha cultivado también la literatura juvenil con Memoria de dragón y Los héroes de Kalanúm. Con Buscador de sombras ganó el Premio UPC de novela corta del año 2000 y ha recibido tres veces la mención especial del jurado de dicho premio. Por otro lado ha resultado finalista de los premios Edebé, El Barco de Vapor y La Sonrisa Vertical. En Minotauro publicó en 2003 La Espada de Fuego, merecedora del premio Ignotus a la mejor novela, y El espíritu del mago, en 2005. Ambas obras han tenido una entusiasta acogida de público y crítica. También ha aparecido en edición de bolsillo el ómnibus que contiene Buscador de sombras y La luna quieta. En 2006 ganó el Premio Minotauro con Señores del Olimpo. Tiene una hija de quince años llamada Lydia”.
Si se busca un acercamiento al tema desde otro punto de vista, os sugerimos la lectura también amena e interesante de Barry STRAUSS, La batalla de Salamina. El mayor combate naval de la Antigüedad, Barcelona, Edhasa, 2006, 448 pp, cuya reseña en la revista Gerión os facilitamos pinchando en el corespondiente enlace.   También en Chironweb.org/Pergamon.
Publicado en Sobre Griegos y Romanos.

Valerio Massimo Manfredi, El Ejército Perdido y Michael Curtis Ford, La Odisea de los Diez Mil

Valerio Massimo Manfredi, El Ejército Perdido, Grijalbo Barcelona, 2008.
Michael Curtis Ford, La Odisea de los Diez Mil, ediciones Debolsillo, Barcelona,2004.
En el siglo IV a. C. un militar ateniense se embarcó en una expedición que un príncipe persa, Ciro, quería llevar contra su hermano, el rey Artajerjes, para hacerse con el poder del imperio persa. La expedición condujo a 10.000 griegos mercenarios y a un número mayor de tropas persas y de los pueblos nativos de todos los territorios intermedios entre la costa del Mar Egeo de Asia Menor y Mesopotamia. Después de atravesar toda Asia Menor y llegar hasta las puertas de Babilonia, la expedición fue un fiasco, ya que el príncipe murió en el primer combate. Ahora quedaba esperar la suerte de los soldados que, al unirse al príncipe. se rebelaron contra el rey. Estos 10.000 griegos eran temidos como hoplitas, mercenarios máquinas de matar y se les permitió volver a su casa, seguidos, perseguidos y hostigados a través del desierto y de un territorio hostil, teniendo que remontar ríos y valles desde casi el Mar Rojo hasta el Mar Negro en el norte de Asia Menor para llegar finalmente al Mar Egeo.
Esta peripecia histórica fue narrada por ese general ateniense, llamado Jenofonte y el libro es conocido como La Anábasis. Casualmente es uno de los dos autores y una de las obras que hay que traducir en las Pruebas de Acceso a la Universidad de Zaragoza (PAU).
En el 2001 Michael Curtis Ford publicó una novela histórica titulada La Odisea de los diez mil que, lógicamente, cuenta dichos hechos desde la perspectiva y la amenidad de la literatura atual de corte histórico.
Ahora, en de Noviembre de 2008, se ha editado un libro de un gran seguidor y heredero de Ford y uno de los actuales gurús y maestros de la novela histórica, el italiano Valerio Massimo Manfredi; el título es El ejército perdido, y se centra en la figura de Jenofonte para narrar esta odisea.
La sinopsis de la editorial sobre la novela de Manfredi dice: “La historia de una mujer cuyo amor por Jenofonte la empujó a abandonar a su pueblo y acompañarle con el ejército de los diez mil durante una de las campañas bélicas más duras de la Antigua Grecia. La victoria no es el único camino hacia la gloria. 401 a.C. Treinta años de guerra entre Esparta y Atenas han llevado a Grecia al límite de sus fuerzas. En este momento de profunda crisis, Ciro, hermano del emperador persa Artajerjes, decide reunir un enorme ejército de mercenarios griegos, que pasará a la historia con el nombre de «Los Diez Mil». Aunque anunció que su propósito era combatir a las tribus rebeldes, el verdadero objetivo de esta marcha de tres mil kilómetros sigue siendo uno de los grandes enigmas de la Antigüedad. Tras la muerte de Ciro en una batalla, los mercenarios quedaron abandonados a su suerte en un territorio que les era hostil. Poco después, los jefes griegos son aniquilados en una emboscada; Jenofonte, un culto y experimentado guerrero ateniense, toma el mando de la fracasada expedición y emprende el regreso a su patria. A su lado siempre está Abira, una joven tan enamorada de él que había abandonado a su familia y su pueblo para seguirle. El ejército perdido narra la épica aventura de Los Diez Mil y a la vez la historia de un amor incondicional que nunca vaciló ante las mayores adversidades”.
Sobre Manfredi en nuestro blog, pincha aquí.
La sinopsis de la editorial sobre La Odisea de los Diez Mil dice: “En el año 400 a.C., tras una larga guerra, Atenas ha sido vencida por Esparta, sus naves destruidas y su ejército desmembrado. Sin embargo, miles de soldados veteranos están dispuestos a seguir luchando, y se forma un ejército de mercenarios que acude a la llamada de Ciro, hermano del rey persa, que pretende hacerse con el trono. Jenofonte, un joven ateniense, discípulo de Sócrates y guerrero, decide unirse al ejército mercenario junto a su fiel esclavo Teo, con el objetivo de alcanzar la gloria y emular las grandes victorias de su padre, uno de los grandes héroes de Atenas. Así es como el ejército de los Diez Mil emprende una travesía épica, de Grecia a Persia, durante varios meses, donde conocerán la gloria con algunas victorias, pero también el sabor amargo de la derrota. El destino llevará a Jenofonte a capitanear a estos valientes veteranos en su regreso a Grecia, desafiando al enemigo, a las tribus hostiles, el rigor del invierno, el desierto, las montañas nevadas y el hambre. La odisea de los Diez Mil es una epopeya magnífica y un episodio heroico de la historia digno de ser recordado, que Michael Curtis Ford recrea con magistral realismo”.
Sobre Ford, pincha aquí.
Que las disfrutéis, porque en nuestra opinión es una de las mejores obras de Manfredi, con una buena combinación de historia y de ficción, con su maestría narrativa y su buen manejo de las fuentes históricas. En comparación con la novela de Ford, Manfredi resulta más creativo y más cercano a la ficción, mientras que Ford se muestra más fiel a sí mismo, dejando menos margen a la ficción, salvo en los diálogos, y ateniéndose de manera general a las fuentes a pies juntillas. Ambas son muy buenas obras, merecen la pena y docent delectando.
Publicado en Antiquitas Graeca et Latina.

Valerio Massimo Manfredi, Los Idus de Marzo

Valerio Massimo Manfredi, Los Idus de Marzo, editorial Grijalbo, Barcelona, 2009.
Los adictos a la novela histórica de temas clásicos y los incondicionales de Valerio Massimo Manfredi esperábamos con expectación su nueva novela, Los Idus de Marzo, editada el pasado mes de Noviembre y en la que aborda de una forma original un tema muy conocido de la historia de Roma, el asesinato de Cayo Julio César acaecido en los Idus de Marzo (día 15) del año 44 a. C.
La sinopsis en la sobretepa y en la web de la editorial dice: “«¡Guárdate de los idus de marzo!» Esta fue la célebre advertencia que hizo un adivino a Julio César, infausto presagio de lo que iba a suceder. El complot ya estaba urdido y los conspiradores decididos a dar el golpe fatal. Tampoco las palabras de aviso del adivino fueron las únicas que escuchó César en los días previos al asesinato, pero era tan grande su confianza que las rechazó. En muchos aspectos la de César fue una muerte anunciada. Esta obra de Valerio Massimo Manfredi es la crónica implacable de las cuarenta y ocho horas anteriores al sangriento acontecimiento que había de cambiar la historia. En ella todos los personajes -desde César hasta Porcia, desde Cicerón hasta Bruto, la mano ejecutora- van asuminedo su papel con la tensa cadencia de una tragedia griega. Y es que a veces la historia es la mejor novela…”.
La originalidad reside en la combinación de personajes reales de la Historia con mayúsculas, como César, Bruto, Cicerón, Marco Antonio, Cleopatra, etc., con personajes históricos que participaron en los acontecimientos de aquel período, como Publio Sextio, Antistio, Gayo Trebonio, Artemidoro, etc., con personajes completamente ficticios, aunque verosímiles, que crea Manfredi para su trama novelesca, como los correos Rufo, Vibio, Mustela, etc., soldados y esclavos.
La novela pretende narrar los acontecimientos entre las Nonae de Marzo (día 7) hasta los Idus, casi hora por hora, focalizando la acción en tres tramas: los últimos momentos de César entre la incertidumbre de una conjura y su planificación de la guerra contra los partos; los conjurados, jugando con el tiempo en contra y dubitativos respecto de los miembros de la gente que debía participar en la misma; y por último, las peripecias y luchas de los correos de los partidarios de César y de los conjurados contra la naturaleza, las inclemencias del tiempo y entre ellos (probablemente la parte más original de la novela).
Manfredi prescinde de toda la erudición sobre un hecho tan conocido y se dedica a narrar aspectos menores y crear una trama imaginaria sobre cómo pudieron desarrollarse los hechos.
Sin embargo, desde nuestra opinión y conocimiento de otras obras de Manfredi, podemos decir que no es de sus mejores novelas; más bien todo lo contrario: no es una novela histórica fiel a los hechos, donde Manfredi suele ser detallista, sino que más bien es una novela de ficción histórica, donde los personajes reales interactúan con personajes ficticios; a diferencia de otros títulos de esta segunda faceta novelística, como El imperio de los dragones o La conjura de las reinas o La última legión, el autor italiano no logra crear una emoción trepidante, los diálogos no son tan redondos y ágiles como los de otras ocasiones y el dibujo psicológico de los personajes no resulta original ni atractivo.
Sobre Manfredi en este blog, pincha aquí.
Publicado en Antiquitas Graeca et Latina.

Simon Scarrow, Los Lobos del Águila

Simon Scarrow, Los Lobos del Águila, ediciones Edhasa, Barcelona, 2005.
Seguimos con la saga del Águila, es decir, las aventuras de Quinto Licinio Cato, un singular centurión (primero optio) en la Segunda Legión en tiempos del emperador Claudio a las órdenes de Aulo Plautio y Vespasiano en la conquista de Britania.
La cuarta entrega de la serie se titula Los Lobos del Águila (título original en inglés The Eagle and the Wolves, publicado en 2003). A los personajes históricos de la saga como Aulo Plautio y Vespasiano, se suma ahora Verica, rey de los atrebates, una tribu celta que vencida por los catavelaunos se alió con Roma, ayudándola en su conquista de Britania.  En esta novela, Verica, viejo y cercano a la muerte, reina sobre un pueblo hambriento y no puede prestar ayuda a los romanos en la defensa y vigilancia de Calleva, su capital, ni de la ruta de suministros necesarios para la guerra contra Carataco, líder de los britanos.  Por ello, solicita a los romanos la posibilidad de crear unas cohortes de soldados atrebates al servicio de Roma para defender Calleva y los suministros. Aulo Plautio accede y, como no, Cato y su inseparable centurión Macro serán los encargados de instruir estas dos cohortes, que, a imitación del ejército romano, serán instruidas y lucharán bajo estandartes, no de las Águilas romanas, sino de los Lobos (cohorte de Cato) y Jabalies (cohorte de Macro); de ahí, el título de la novela: como la cohorte del protagonista será la que más sobreviva, serán los Lobos del Águila.
La novela se centrará por tanto en el entrenamiento de estos soldados atrebates al servicio de su rey y de Roma y los conflictos políticos que ello conllevará.
Respecto de la instrucción, las cohortes de Lobos y Jabalíes pronto tendrán que entrar en combate contra los durotriges de Carataco; una primera victoria elevará su moral, al tiempo que provocará disensiones internas sobre el uso de las cohortes atrebates para rebelarse contra Verica y pasarse al bando de Carataco, para independizarse o para continuar con los romanos.  No obstante, una nueva batalla con los durotriges conllevará el asedio de Calleva, la destrucción de gran parte de la cohorte de Jabalíes y la resistencia de la de los Lobos.  Esta es la parte de la guerra vista desde el campo de batalla, como algo confuso, humano, casi sin orden ni sentido.
Paralelamente, como a lo largo de toda la saga, las intrigas políticas dan la dimensión histórica de las batallas y de los imperios.  Junto a las ambiciones personales estarán las realidades de los estados, tanto para romanos como para celtas.  En el caso de los atrebates, Verica, el viejo rey, es sabio por viejo, recuerda los viejos tiempos en los que los catavelaunos lo expulsaron de su reino y cómo se vio forzado al exilio y a pedir la ayuda romana para recuperar su reino, a pesar de tener que pagar el precio de la alianza (y yugo) romano.  Sin embargo, nobles atrebates y el propio sobrino del rey, Tincomio, harán lo posible por romper la alianza con los romanos y una traición interna sumada a un ataque externo de los durotriges será el nudo y el desenlace de la novela.
Paralelamente, en el ámbito romano también se encuentran las intrigas: Quintilio, un tribuno aristócrata con pocos escrúpulos y más cobardía, medrará todo lo posible por ascender e incluso conseguir a modo de protectorado una especial de proconsulado del reino atrebate, aunque sin conseguirlo.  La figura e integridad de Vespasiano lo evitarán.  A pesar de ello, son interesantes las negociaciones de romanos y atrebates para mantener la fidelidad de éstos para con aquéllos, plagadas de desconfianzas, dudas, recelos, traiciones, verdades.
La novela tiene todos los ingredientes ya consabidos de la saga (y que ya hemos descrito a colación de otras novelas de Simon Scarrow en este blog, pincha aquí), con un dominio de la estragegia, el mundo militar, y, narrativamente hablando, de la intriga, con un clímax guerrero que se incrementa con la aparente salvación gracias a la llegada de las seis cohortes del legado Vespasiano y con la definitiva salvación no descrita de la llegada de las legiones del general Aulo Plautio.  Como indica Scarrow en su nota histórica, puesto que se lo ahorra en la narración, el mantenimiento de Verica en el trono y de su capital Calleva como eje central de la vía de suministros romanos fueron vitales para la victoria definitiva producida poco después contra Carataco y sus britanos. 
No obstante, en esta ocasión, no hay amoríos ni líos de faldas, Cato es más soldado que otra cosa; en su entorno, la lealtad, el mando, la obediencia serán nuevos y moldearán su carácter; tampoco hay una aventura un tanto forzada de héroes como en la tercera novela de la serie, sino una verosímil situación.
La sinopsis en la web de la editorial Edhasa dice: “Aún en Britania, Quinto Licinio Cato ve la alegría de su ascenso a centurión empañada por una misión casi imposible: convertir a una tribu de bárbaros, los Lobos, en una unidad al servicio del ejército romano que deberá cubrirle las espaldas en su avance por el interior del país. Los infructuosos intentos por dotarlos de disciplina, pese a la ayuda de Macro, darán pie a divertidas escenas, pero hay poco tiempo para las bromas cuando una turbamulta de salvajes se dispone a atacarles.  La presencia de los romanos en Britania es un aspecto de la historia antigua poco tratado hasta la fecha en novelas históricas, y la obra de Scarrow cubre perfectamente esta carencia”.
Sobre Simon Scarrow en este blog, pincha aquí.

Publicado en Sobre Griegos y Romanos.

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