Obras literarias y mundo grecolatino

Diccionario de personajes de la comedia antigua

fullsizerender4

 

Fruto de siete años de trabajo de un amplio equipo interdisciplinar, interuniversitario e internacional dirigido por Carmen González Vázquez, acaba de ver la luz (Libros Pórtico, Zaragoza 2016, 530 págs.) el primer diccionario en el que aparecen estudiados de manera individual todos los personajes con presencia escénica en la comedia griega y latina, independientemente de la importancia de su papel en las tramas, lo que permite el acercamiento a cada uno de ellos por separado o en grupo, y valorarlos en relación con otros personajes del mismo autor, con sus compañeros de reparto en la misma comedia o con los creados por otros autores, así como observar la evolución de determinados personajes y tipos que anticipan los que aparecerán en el teatro posterior. Únicamente quedan sin incluir los personajes de los géneros de la comedia romana togata y de los fragmentos de la comedia romana palliata al no existir documentación suficiente que permita ofrecer información fiable sobre los nombres -escasos- que se conservan. Siguen a las voces un índice de komodoúmenoi, los elencos de cada obra conservada completa o de forma fragmentaria y una bibliografía general.

 

De hombres y dioses. Antología de la poesía lírica griega antigua (siglos VII-V a.C.)

Edición bilingüe, con introducciones, texto, traducción y notas de Fernando García Romero, Escolar y Mayo, Madrid, 2015, 328 págs.

Lírica

La presente antología bilingüe griego-español, de la que es autor Fernando García Romero, Catedrático de Filología Griega de la Universidad Complutense de Madrid, tras definir qué es la poesía lírica y precisar los tipos de de composiciones que se deben incluir dentro de tal concepto, realiza una amplia y cuidada selección de poemas y fragmentos de poetas tradicionalmente denominados mélicos, yámbicos y elegíacos cuya vida (con la única posible excepción de Corina) se desarrolló entre la época arcaica y el comienzo de la época clásica , período en el que Grecia experimentó profundos cambios sociopolíticos de los que los poetas fueron testigos e incluso protagonistas, legando por ello a la posteridad su visión  personal sobre los acontecimientos.  También encuentran su lugar en la obra composiciones que pertenecen a la poesía popular y escolios de autor anónimo, imprescindibles para que el lector disfrute de una visión completa de este género literario. Arquíloco, Semónides, Hiponacte, Ananio, Calino, Tirteo, Mimnermo, Solón, Teognis y el Corpus Theognideum y Jenófanes ocupan la primera parte, dedicada al yambo y la elegía; en la segunda, la poesía popular, se suceden canciones infantiles, de guerra, deportivas y “locrias” o de adulterio; en la tercera, consagrada a la lírica monódica, Safo, Alceo, Anacreonte, Íbico y Praxila comparten capítulo con  canciones áticas de banquete, y cierran la obra Alcmán, Estesícoro, Simónides, Píndaro, Baquílides y Corina como representantes de la lírica coral.

Precede a la selección de textos  y su correspondiente y muy cuidada traducción (con notas explicativas cuando son necesarias) una introdución sobre los aspectos más importantes de la vida y obra del autor, acompañados de un comentario global de los poemas o fragmentos recogidos y una bibliografía selecta.

 

 

 

 

De viaje con Heródoto

herodoto

He leído últimamente con especial agrado el libro de Antonio Penadés  Tras las huellas de Heródoto, publicado este mismo verano por Almuzara, en su colección Sotavento.

Como su autor indica, se trata del seguimiento de un itinerario “en el que habría de recorrer la ribera oriental del mar Egeo desde el suroeste de Turquía hasta Estambul”.  El motivo: seguir, a lo largo de dos mil quinientos kilómetros, los lugares más significativos de la vida de Heródoto, para enlazar luego (desde Sardes) con el itinerario que realizó  la expedición de Jerjes,  en el comienzo de la Segunda Guerra Médica, y narrado por Heródoto en su Historia.

La obra está concebida como un libro de viajes, sazonado a veces con pasajes de ensayo e, incluso, con trazos literarios. El resultado es un agradable relato, que nunca pesa, de un viaje que da pie a multitud de referencias, digresiones y anécdotas, sobre todo históricas y mitológicas.

Al autor se le nota un afecto no disimulado por Heródoto y por todo cuanto se refiere a la cultura griega clásica. Hasta tal punto, que la narración nunca descuida hacer referencia a hechos y situaciones directa o indirectamente relacionados con su viaje: los lugares más significativos de Jonia, donde se halla el origen de  nuestra civilización occidental; descripciones rápidas y ágiles de la Turquía asiática actual;  adelantar hechos gloriosos de las guerras médicas, o explicar pormenorizadamente la constitución de las falanges de hoplitas;  dar a conocer aspectos históricos o legendarios anteriores (por ejemplo,  el caso de Giges, tatarabuelo de Creso, rey de Sardes);  hacer referencia a mitos griegos; etc., etc.

El lector va siguiendo los pasos del narrador, adentrándose en aquellos territorios y enseñándonos  a amar una cultura que el autor procura ponernos delante con cariño. Me han resultado  especialmente gratos  apartados como el dedicado a la rebelión jonia, la riqueza de las descripciones de ciudades, especialmente, las de Mileto, Samos, Éfeso…, la citada explicación de las falanges de hoplitas, todo lo referente a  la relación entre Creso y Ciro. Y, como guinda casi final, la emocionada descripción, concisa y pedagógica, de cuanto se refiere al mito y a la realidad de la guerra de Troya. Hay un broche inesperado con una sorpresa contemporánea al llegar a Estambul

En resumen:  un libro recomendable que leerán con agrado quienes disfruten con la historia y, especialmente, los amantes del mundo clásico griego.

Alicia Esteban Santos, Cuando los monstruos dominaban la tierra (Tragicomedia), Dhyana Arte, Madrid 2015

El libro recientemente aparecido de Alicia Esteban Santos, Cuando los monstruos dominaban la tierra, nos sitúa en el momento anterior a la creación de los seres humanos, cuando los monstruos más célebres de la mitología griega (Medusa, el Minotauro, la Esfinge, Polifemo y las Sirenas) se enteran, por boca del clarividente Prometeo, de que su final está cerca, pues Zeus ha decidido que los nuevos dueños de la tierra sean unas criaturas que, aunque débiles e insignificantes, se multiplicarán gracias a la aparición de un nuevo ser llamado “mujer” y rendirán culto a los dioses. A lo largo de la obra asistimos al suplicio de Prometeo por ayudar a los hombres entregándoles el fuego y enseñándoles sus usos, a la creación de la bellísima Pandora, deseable incluso para los mismos dioses, y a la anticipación de las hazañas de Perseo, Teseo, Edipo, Odiseo y Heracles.

Monstruos

 

La obra, galardonada con el premio al mejor texto original en el XIX Certamen de Teatro Universitario de la Universidad Complutense de Madrid y estrenada en abril de 2015 por el grupo Homérica,  cuenta -al igual que otras obras de la autora- con un amplio comentario  de carácter didáctico en el que se explica lo que hay que saber sobre los personajes, los mitos y sus fuentes literarias, y una completísima sección iconográfica que será, sin duda, de gran utilidad para los profesores y para cuantos directores de teatro se sientan inclinados a recrear aquellos momentos en que los monstruos llevaban  una vida libre y feliz aunque aburrida, pues no podían aterrorizar más que a animalillos sin seso.

Más cerca de Grecia nº 20

Más cerca de Grecia

Acaba de ver la luz  hace pocos días el esperadísimo número 20 de la revista  Más cerca de Grecia (Hablando de Literatura), que reúne una selección representativa de las comunicaciones realizadas  en el marco de los seis seminarios de Literatura Neohelénica que organizó, entre los años 2004 y 2011 y bajo la dirección de la Dra. Penélope Stavrianopúlu, el Departamento de Filología Griega y Lingüística Indoeuropea de la Universidad Complutense de Madrid. En las 39 comunicaciones recogidas en las 492 páginas del volumen, han sido objeto de estudio por parte de especialistas en literatura tardobizantina y neohelénica destacados autores como, entre otros, Várnalis, Papatsonis, Calvos, Kazantzakis, Sikelianós, Elitis, Seferis, Cavadías, Kariotakis, Ritsos, Cavafis y Papadiamandis. Pilar González Serrano, Mariano Villegas y Jesús Taboada forman el Consejo de Redacción de la revista dirigida por Penélope Stavrianopúlu.

El número recién aparecido,  que corresponde a los años 2010- 2013, cierra la primera parte de la larga andadura de una revista que comenzó en 1987 con un monográfico dedicado a la Navidad en Grecia y nos ha acompañado durante 26 largos años a cuantos nos hemos dejado fascinar por la lengua, la literatura y la cultura de la Grecia moderna, cumpliendo con creces el objetivo que ostenta en el título:  llevarnos Más cerca de Grecia.

El 15 de noviembre de 2013 será presentado el volumen que nos ocupa en el Salón de Grados de la Facultad de Filología (edificio A) de la Universidad Complutense de Madrid. La cita es a las 19 horas.

Kavafis, Els poemes inacabats

Konstandinos P. Kavafis, Esborranys i poemes inacabats. Pròleg, traducció i notes d’Eusebi Ayensa i Prat. Eumo Editorial/Cafè Central, Vic 2011. ISBN 978-84-9766-397-7.

«Kavafis repetia insistentment a tothom que el visitava a la clínica d’Atenes on lluitava desesperadament contra el càncer de laringe que, sis mesos després, el duria a la tomba: He d’acabar encara vint-i-cinc poemes. Vint-i-cinc! …. De ben segur que al·ludia, amb les seves enigmàtiques paraules, a un conjunt no de vint-i-cinc sinó de trenta-quatre poemes pertanyents a la seva millor època (1918-1932), en els quals estava treballant els darrers anys de la seva vida i que no van veure la llum pública, en el seu conjunt, fins l’any 1994 en la magistral edició crítica de Renata Lavagnini titulada Atelê poiémata 1918-1932

Amb aquests mots ens introdueix el traductor, Eusebi Ayensa, al context tan especial que envolta els poemes que Kavafis guardava encara al calaix. L’edició ha estat molt ben rebuda per la crítica fins al punt que Jordi Llavina va escriure que és aquell Kavafis mateix que ens commou i s’imposa en el record. De fet, l’últim alè de Kavafis va ser motiu d’una excel·lent presentació a la Biblioteca de Catalunya.

En aquest recull trobem poemes que no deixen de petja el millor Kavafis (o, si voleu, el Kavafis més conegut, «Recorda, cos», «Esperant els bàrbars», «Ítaca»…) . Per mi —i per molts altres lectors— el poeta d’Alexandria serà sempre com un oracle secret, o com l’enamorat bizantí que destil·la imatges suaus i a flor d’ànima seguint la sinuositat d’un llenguatge dolç i etern, sense retòrica ampul·losa però amb ironia mesurada (el petit bisbe, l’avorriment d’Ulisses per la casa pairal, el gat que sembla antipàtic…). Els temes d’aquests poemes no desdiuen dels que havia tractat en els que ja coneixíem però en destaca un personatge al qual dedicà més interès que no semblava: aquest és l’emperador Julià. Hi ha moments en què denota una gran admiració per ell (i per les circumstàncies i fets que va viure, alguns dels quals l’atansen a un theîos anér); hi ha moments, però, en què el tracta com a un simple emperadoret, o un rei execrable. Fóra una tasca apassionant resseguir calmosament l’itinerari espiritual kavafià sobre aquesta figura de valor històric i religiós tan gran.

Els temes amorosos també hi són presents, sempre sota delicades pinzellades i declaracions inequívoques recordant el plaer en un instant fugisser i prohibit. L’amor per la llengua grega no hi manca pas, tampoc: la presència del grec a l’Alexandria al segle VII o l’epitafi adreçat a un sami mort vora el Ganges en són dos motius bellament reeixits («no tinc cap por ni m’encamino vers l’Hades plorant. / Allí m’estaré amb els meus compatriotes / i, per sempre més, parlaré grec»).

Amb tot, crec que el poema  revelació del Kavafis inconegut és «Segona Odissea». Aquí el nostre poeta reprèn el tema que encetà Dante, fent que Ulisses, enyorant les aventures passades, es torni a fer a la mar. Realment podem dir amb ell que es tracta d’una segona Odissea, nova i gran. El poema ja va ser traduït per primer cop en un article de conjunt, Segona Odissea. Ítaca en la literatura grega moderna”, Revista de Girona, 171 (juliol-agost 1995), 109-111, però aquí incorpora algunes petites variacions de detall (em semblaria millor no haver canviat “la seva casa pairal” per “el seu casal patern” en nostrar tò patrikòn tou dôma).

Teníem en català una altra traducció, molt meritòria i força recent d’aquest corpus de poemes, feta pel mestre d’Ayensa, Alexis Eudald Solà, que ell no va arribar a prologar però que Viena editorial va publicar bo i recollint les seves notes, verament erudites: tot un treball que Joan Calsapeu estimà en gran vàlua. L’edició d’Ayensa incorpora, no obstant, les notes més necessàries de manera que, en una edició bilingüe tenim el que més ens feia falta per a copsar el missatge i el rerefons de cadascun dels petits diamants que hi ha dipositats. Donem-li la benvinguda i l’enhorabona!

Ramon Torné i Teixidó
http://daidalea.blogspot.com


Ludvig Holberg, El viatge a sota terra de Niels Klim

portada

Ludvig Holberg, El viatge a sota terra de Niels Klim. Traducció del llatí de Vicenç Reglà. Martorell, Adesiara, col·lecció «d’ací i d’allà» núm. 21, 2011. 309 pàgs. (ISBN 978-84-92405-38-1)

Que el pare de la literatura danesa, el baró de Holberg, escrivís una novel·la en llatí i en plena Il·lustració, no pot deixar ningú indiferent. Que aquesta novel·la és plena de reminiscències d’autors clàssics (Ovidi en gran nombre, però també Petroni, Virgili i Juvenal) recreats en una bella prosa que vessa imaginació i fantasia de manera contínua, i que fueteja irònicament la societat falsa i enganyadora de la que fuig el nostre protagonista, tampoc no ens ha de fer romandre displicents. És que, posats a fer mesura, l’Iter subterraneum de Holberg fa la balançada davant el Candide de Voltaire. I fins em sembla que és un llibre amb molt més nervi i ironia —potser tanta ironia, en alguns passatges, com la que hi ha en Els papers pòstums del Club Pickwick. Cal reclamar, per a Holberg, un lloc entre els humanistes polifacètics, d’una facilitat notable per al sarcasme però a la vegada d’una formació en les ciències humanes de l’època realment envejable.

Niels Klim, un filòsof doblat de teòleg, prim de ventre i delerós de fer proeses que li obrin la porta a una vida com la dels prohoms de la seva vil·la natal, va a raure, fruit d’un accident, al centre de la terra. Ara bé, resulta que la terra és buida per dins fins al punt de trobar-se davant un altre sol i uns planetes que giren a la seva òrbita. Niels Klim cau damunt un d’aquests planetes, Nazar, i la descripció de l’estil de vida —naturalment utòpic— dels potuans li permet d’elaborar una ferotge sàtira que contraposarà, talment com si fes servir un espill deforme, dos estils de vida ben diferents posant davant del lector un poble que estima l’agricultura, la igualtat, la saviesa i la llibertat sota el ceptre d’un rei estimat pels seus súbdits. Al llarg dels seu viatge, a més, el nostre protagonista trobarà éssers de tota mena: micos xerraires i petulants, habitants de països que no saben què és el patiment (i que viuen una existència monòtona), homes esclaus de dones, pobles sempre ditxosos o malaurats, homes sense cap o els habitants del païs del gel. Quan finalment Niels Klim arriba a ser coronat rei es desencadena una guerra entre les nacions… Deixem-ho, però, en aquest punt.

En tractar-se de literatura utòpica és evident que no s’hi troba a faltar la presència —més o menys velada— de tot el magisteri clàssic i modern sobre teories polítiques diverses. Però el fet és que Holberg equitxa contínuament les seves peripècies amb anècdotes, dites i personatges que no ens han de resultar pas llunyans. Llegim aquest breu exemple del cap. XI, «Navigatio in terras paradoxas», en traducció (pàg. 202):

La llengua que parlaven [les sirenes] s’assemblava al martinià, fins al punt que alguns mariners s’hi van poder comunicar sense intèrpret. Una d’elles, havent-li donat un tros de carn que m’havia demanat, em va mirar amb més atenció i va exclamar:
«Heroi, vés-te’n! Tu dominaràs sobre tots els països![1]»
Tanmateix, em vaig limitar a somriure davant aquesta profecia, com si fos una vana adulació, encara que els mariners van afirmar seriosament que les sirenes s’equivocaven molt poques vegades en les seves prediccions. Per fi, després de vuit dies de navegació, vam albirar la terra que els mariners anomenen Picardània. Mentre entràvem al port, volava al voltant nostre una garsa, que em van assegurar que era l’inspector general de duanes, una persona certament molt important. Amb prou feines vaig contenir el riure quan vaig sentir que una garsa ocupava un càrrec de tanta responsabilitat i quan vaig veure que el secretari del tresor

«recorria l’aire pur amb plomes sublims i lliurava el seu cos al vol eteri»[2].

El viatge a sota terra de Niels Klim s’havia traduït normalment a partir de la versió francesa que, al seu torn, ho era de la traducció danesa. Abunden —sap greu dir-ho— en moltes de les edicions més o menys corrents, les omissions. Però no és aquest el cas de la traducció catalana que ha publicat l’editorial Adesiara. En aquesta escaiença, doncs, cal felicitar el seu torsimany, Vicenç Reglà, pel seu treball verament exquisit, encertat i pulcre. Tant de bo el llibre assoleixi novament un èxit no menor al que va tenir entre el públic del seu temps.

Quan a l’edició llatina del text, la canònica i més a l’abast és la que va preparar Karl W. Elberling i publicada a Copenhagen el 1866: una autèntica mostra d’erudició en compulsar passatges d’autors, tant clàssics com més moderns, en què Holberg s’havia inspirat. Com que a Googlebooks van duplicar l’escaneig d’algunes pàgines (fins i tot hi ha parts triplicades, sobretot al pròleg) m’he permès la llicència de penjar un PDF amb el text endreçat i llest per a una lectura còmoda.

[1] Cf. Virgili, Eneida III, 97.
[2] Cf. J. Biderman, Utopia, III, 4.

Ramon Torné i Teixidó

Ressenya disponible també en el blog http://daidalea.blogspot.com.

Santiago Posteguillo, Los Asesinos del Emperador, ed. Planeta (Autores Españoles e Iberoamericanos), Barcelona, 2011, 1185 págs

Acabamos de leer la última novela de Santiago Posteguillo, Los Asesinos del Emperador, editada a comienzos del pasado mes de Septiembre por la editorial Planeta en su colección de Autores Españoles e Iberoamericanos.
La sinopsis de la contraportada y de la web de la editorial es esta: “18 de septiembre del año 96 d. C. Un plan perfecto. Un día diseñado para escribir la Historia, pero cuando todo sale mal la Historia ya no se escribe… se improvisa: una guerra civil, las fieras del Coliseo, la guardia pretoriana, traiciones, envenenamientos, delatores y poetas, combates en la arena, ejecuciones sumarísimas, el último discípulo de Cristo, el ascenso y caída de una dinastía imperial, locura y esperanza, la erupción de Vesubio, un puñado de gladiadores, la amistad inquebrantable, Marco Ulpio Trajano, el mito de las amazonas, una gladiadora, nueve emperadores, treinta y cinco años de la historia de Roma. 18 de septiembre del 96 d. C. Un grupo de gladiadores dispuestos a todo avanza por las alcantarillas de Roma. Nada ni nadie puede detenerlos. Ni siquiera la Historia.”.
Nos encontramos ante otra novela histórica de gran calidad en la que, de nuevo, Posteguillo sabe plasmar todas las virtudes por las que su trilogía anterior sigue siendo un best-seller.
Sabe atraer a los lectores con combinación de historia y ficción (menos ficción de lo que se cree, tal y como el propio autor explica en la Nota Histórica al final de la novela.  La novela está perfectamente documentada en lo que se refiere a los personajes históricos y a los hechos.
Como defensores de la buena novela histórica, mientras que la historia nos cuenta los hechos y sus personajes, la novela histórica pone en cierto modo alma, voz y palabras a dichos personajes.  Posteguillo sabe crear personajes: en unos casos desarrolla personalidades complejas como la de Domiciano en esta novela; en otros casos sigue el proceso vital desde la infancia hasta la muerte de personajes como Escipión en la trilogía anterior.  Quizás se le pueda achacar que estos personajes puedan ser un tanto planos o estereotipados (el malo es muy malo -Domiciano-, frente al bueno que es muy bueno -Trajano, Escipión-), pero el efecto, el comportamiento y la determinación de los personajes en las tramas y en las novelas siempre resulta positivo y airoso.
Entrando en la valoración de la novela, el hilo conductor de la misma es un hecho inaudito y revolucionario: el ascenso hasta el imperium de un emperador de origen hispano, Marco Ulpio Trajano; para ello, de la mano de su padre, seremos testigos de su vida desde la adolescencia hasta dicho momento a través de los distintos emperadores de los que fue coetáneo: veremos el final de Nerón, el turbulento año y medio de los cuatro emperadores (Galba, Otón, Vitelio y Vespasiano), la instauración de una nueva dinastía con dos grandes emperadores (Vespasiano y su efímero hijo Tito), el ascenso y caída de Domiciano y la transición caótica del viejo Nerva, que adoptó a Trajano.
Asistimos, por tanto, a los turbulentos últimos decenios del primer siglo d. C., desde el 63 al 99, con un personaje central y cinco tramas: a pesar de lo que pueda parecer, a nuestro parece, paralelo al hilo conductor de la novela (el ascenso al imperium de Trajano), el personaje central no es Trajano, sino Domiciano y la trama central será su asesinato, como anuncia el título de la novela; para ello, veremos como la historia conduce a este punto desde la perspectiva de varios personajes, que crearán a su alrededor sus propias tramas: Partenio, el consejero de Vespasiano, Tito y Domiciano, que ideará la conjura contra Domiciano; Domicia Longina Augusta, esposa de Domiciano; Marcio, gladiador que participará en la conjura.  Junto a estos personajes tendremos a los pretorianos, brazos ejecutores de las barbaridades de Domiciano y ajusticiadores de los conjurados, en especial en el tramo final Norbano y Casperio.  Mientras todo esto transcurre, Trajano desarrollará su carrera militar en las distintas fronteras del imperio y se mantendrá fiel a los distintos emperadores y al margen de toda conjura.
Una de las maestrías narrativas de Posteguillo es el manejo de los tiempos, de un modo muy cinematográfico: la novela tiene una estructura cuasi-circular con un flashback, ya que se inicia en el año 96, en tiempos de Domiciano, en la escena de su asesinato para retrotraerse a tiempos de Nerón, año 63, y explicar por qué y cómo se ha llegado al asesinato de Domiciano, para continuar con sus consecuencias y el inicio de la estabilidad en el imperio con los primeros años de Trajano al mando, año 99.  Al mismo tiempo, el autor sabe combinar, simultanear y hacer avanzar las vidas de los personajes y sus motivaciones para el asesinato de Domiciano.  Así, la narración de la maldad connatural hasta la locura, los caprichos y la pervesión de Domiciano en todos los ámbitos (poder, sexo, dinero, etc.) discurre paralela a la degradación y destrucción de las mujeres que le rodean (Domicia, su esposa, Flavia Julia y Flavia Domitila , sus sobrinas), a la crueldad en el Anfiteatro Flavio plasmada en Marcio, obligado a matar a su amigo Atilio (se verá compensado con el amor de una gladiatrix y la lealtad de un cachorro) y a la eficacia de Trajano en las fronteras y en la administración.   De este modo, la novela, se va construyendo a base de escenas cortadas de las vidas de distintos personajes que se van simultaneando y avanzando hacia el fin.
Los Asesinos del Emperador muestran lo mejor de la trilogía de Escipión: combinación de personajes elevados e históricos con personajes triviales y secundarios como esclavos y gladiadores, buenos momentos de estrategia militar con cuidadas descripciones junto con escenas cotidianas y amorosas; la vida de palacio y de los mandatarios mezclada con lo mundano, como las cloacas, el barrio de la Subura; en suma, realidad y ficción para dar vida a lo conciso y concreto de la historia.
Sin duda, en el caso de Santiago Posteguillo nos encontramos ante uno de los mejores, si no el mejor, de los autores españoles de novela histórica ambientada en el mundo romano.
La lectura de Los Asesinos del Emperador parece anunciar -como así lo esperamos y, si no, invitamos a su autor a hacerlo- una nueva trilogía centrada en los dos primeros emperadores romanos de origen hispano, Trajano y Adriano.  Hay diversos indicios de ello: toda la novela conduce a un punto, el nombramiento de Trajano como emperador, pero el personaje central es el nefasto emperador Domiciano; si se quiere justificar la valía de Trajano no vale con dejar claro la pésima administración y los desvaríos de Domiciano y el período transitorio del emperador Nerva; se espera que en algún momento se nos diga por qué fue tan buen emperador Trajano.  Se nos ha dibujado muy bien su lealtad, su educación bajo los preceptos de su padre, su buena administración al mando de las legiones a lo largo y ancho del imperio, pero falta en realidad su imperium, por lo que avanzamos nuestra sospecha que eso será el argumento central de un segundo volumen de la trilogía.  Por otro lado, el que hacia la página 1050 aparezca por primera vez nombrado Adriano y que en las últimas 60 hojas del libro tenga un papel importante da qué pensar: aparece de la nada ya adulto (paradójicamente a lo largo del libro sí se habla del resto de la familia de Trajano y sus sobrinas, pero no de Ariano) y el que resulte un personaje activo en el momento en que Trajano es nombrado emperador hacer pensar que el tercer episodio de la trilogía será el nombramiento e incluso el imperium de Adriano.
Con todo, a modo de crítica constructiva, no podemos pasar por alto que “cualquier maestro echa un borrón” y hay una serie de detalles, peccata minuta en todo caso, que afean esta novela, que sería deseable que se corriegieran y cuya culpa deben recaer no sólo en el autor, sino también en los correctores que se espera que una editorial como Planeta tenga y en los editores en última instancia.  Vamos a enumerarlos:
En primer lugar, las malas pasadas del ordenador, de su corrector ortográfico y de la mecanografía mecánica: se escapan correcciones del tipo “sector” en lugar del término “secutor“, “Armiño” en lugar del caudillo querusco “Arminio” y algún Monguntiacum en lugar de Moguntiacum.
Ya que acabamos de citar un topónimo, sería deseable que no se usen nombres modernos de ciudades mezclados con nombres antiguos, es decir, una coherencia, o todos con el nombre latino o con el nombre en castellano, pero no una mezcla: todos los nombres de ciudad citadas en la novela siguen la denominación latina (Sirmium, Singidunum, …), excepto Pompeya (en latín Pompeii; incluso en el mapa interior es la única ciudad cuyo nombre no está en latín) y Jerusalén (en latín Hierosolyma); lo mismo ocurre con las provincias, que generalmente se citan en castellano, pero no es el caso, por ejemplo, de Moesia (en castellano, Mesia).
Alguno de estos errores se debe a un desconocimiento o una no aplicación deliberada de las normas de evolución fonética del latín al castellano -en los sustativos a partir del acusativo- por la que vemos que en ocasiones sí se siguen las normas y en otras no; así, en los antropónimos se producen también unos errores incómodos: si el diptongo latino –ae pasa a -e en castellano no se entiende por qué en un caso se dice Elio Adriano (en latín Aelius Hadrianus), pero aparece en algún caso Casperio Aeliano -y no Eliano- (en latín Casperius Aelianus).  El grupo consonántico –th pasa al castellano a -t y los nominativos latinos acabdos en –o pasan a -ón, de manera que el emperador Otho debería decirse Otón.  Un ejemplo más por no alargarnos: las consonantes geminadas de manera general se simplificaron en su paso al castellano, de manera que -tt pasa a -t y -cc pasa a -c, pero nos encontramos erróneamente a Attio Suburano (en latín Attius Suburanus) frente a un correcto Marco Coceyo Nerva (en latín Marcus Cocceius Nerva).
Además , resulta un tanto incoherente la mezcla de términos latinos en latín con términos latinos traducidos e incluso su explicación; al final del libro hay un extenso y buen glosario que permite entender los latinismos y términos culturales y de realia que aparecen en el texto, pero hemos detectado algún caso con contradicciones: al enumerar un cursus honorum se indican en latín los nombres de los cargos y magistraturas en latín, pero se intercalan algunos en castellano como “tribuno de la plebe” y lo que es peor, que mientras que a lo largo de la novela los términos latinos casi nunca se explican (para eso está el glosario), de repente en dicha enumeración los términos se explican o traducen entre acotaciones [].
Por último, junto a los textos en latín y en griego se dan la traducción de los mismos, a veces un tanto libres, tal y como se indica; sin embargo, en esa libertad a veces se atenta contra el significado del texto e incluso se introduce algún error grave: en la imprecación de Nerva a los dioses de la tríada Capitolina (Júpiter, Juno y Minerva ) el autor aporta el texto velitis, iubeatis, uti M. Ulpius Traianus …, como texto de un ruego; no sabemos si no cayó en la cuenta que dicha expresión es una fórmula abreviada donde se ha elidido el verbo principal e incluso la conjunción (rogo vos ut, “os ruego que” seguida de verbo en subjuntivo); el error es doble, porque no se da cuenta de que hay dos verbos que aparecen en subjuntivo velitis y iubeatis (literalemente “os ruego que querías y ordenéis que” u “os ruego que queráis ordenar que”) y considera que velitis procede de veles, velitis (“soldado auxiliar”), haciéndolo vocativo (aunque la forma en realidad sería genitivo), de manera que, aunque el sentido de la imprecación es claro y evidente, la traducción es errónea y confusa.
Sobre el autor, Santiago Posteguillo, ya hemos hablado en este blog a propósito de su trilogía sobre Publio Cornelio Escipión (Africanus, el hijo del cónsul, Las legiones malditas y La traición de Roma); no obstante, os pasamos la breve biografía que la editorial facilita en su web: “Santiago Posteguillo, profesor titular de lengua y literatura inglesa en la Universitat Jaume I y doctor europeo por la Universitat de València, estudió literatura creativa en Estados Unidos y lingüística, análisis del discurso y traducción en el Reino Unido. Publicó Africanus, el hijo del cónsul en 2006, Las legiones malditas en 2008 y La traición de Roma en 2009. Esta trilogía, aplaudida por centenares de miles de lectores en España y América Latina y en proceso de traducción a diferentes idiomas, ha sido merecedora de grandes elogios por parte de expertos y crítica. Reconocido como uno de los «Valencianos para el siglo XXI» por el periódico Las Provincias, Santiago Posteguillo ha sido finalista del Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza, ha sido premiado por la Semana de Novela Histórica de Cartagena y ha recibido los galardones Hislibris.com 2009 al mejor novelista histórico y a la mejor novela histórica. En 2010 Santiago Posteguillo recibió el prestigioso Premio a las Letras de la Generalitat Valenciana, que dicha institución concede una vez cada dos años”.
Publicado en Sobre Griegos y Romanos.

Antonio Aguilera Vita. El brillo de la máscara. Intramar Ediciones. 2009.

Novela juvenil que resulta interesante en primer lugar por intentar traer a nuestros días el mundo clásico en general y la tragedia griega en particular.  El detonante de la obra es una copia de la máscara de Agamenón traída como regalo desde Grecia a Juan, el adolescente protagonista. La máscara y unas palabras dichas en griego parecen desencadenar una maldición por la cual los diversos familiares del muchacho adoptan el rol de los distintos protagonistas de la trilogía de Esquilo, La Orestía, y desarrollan un comportamiento similar al de los personajes de las dos primeras obras de la trilogía, Agamenón y Coéforos.

La ambientación en una familia plenamente mediterránea, amplia, compuesta por tíos y tías no siempre unidos por los lazos de sangre sino por los de la costumbre, parejas, abuelos, amigos y vecinos varios, incluida una taxista macarra, sirve de apoyo al reparto de papeles de la tragedia traspuesta al mundo real. La obra teje un argumento lleno de simbolismo en los personajes contemporáneos que son el trasunto de los distintos elementos humanos y divinos míticos de la trilogía esquilea -no exento el cruce de relaciones de una mirada freudiana-: las Parcas o Moiras que hilan, el oráculo, el dios Apolo, Agamenón, Casandra, Clitemnestra y Egisto, Ifigenia, Orestes y Electra, etc.  

Pero además de las continuas menciones a la obra de Esquilo, a la ciudad de Micenas y al mito de la casa de Atreo, que ya por sí solas la hacen agradable, destaca el uso del griego moderno en algunas frases de la familia griega invitada. Escritas en cursiva con grafía latina, permiten acercar el sonido del griego moderno a los lectores y ayudan a transmitir la idea del griego como idioma vivo. Se alterna el uso del griego moderno con versos y frases en griego antiguo, lo que permite trabajar la evolución de la lengua a lo largo de los siglos.

En otro orden de cosas, la obra trabaja, entremezclados, distintos contenidos transversales: por una parte, la valoración del interés que el mundo clásico puede suscitar en un adolescente con ansias de saber, en un chico que se distingue de “la normalidad” entendida en términos de frecuencia: amante de la lectura y de los clásicos, con ganas de divertirse (playa y piscina), pero también con sus complejos e inseguridades (está un poco gordito) y con sus pulsiones ocultas (el despertar del erotismo y del enamoramiento), que los adultos ven con la condescendencia que otorga la experiencia. Se trabajan valores a desarrollar y potenciar como el respeto a los ancianos como depositarios de la sabiduría de la vida, la hospitalidad para con el extranjero, o la observación, el análisis y la deducción como mecanismos de resolución de problemas. Trata también aspectos más controvertidos de la conducta y el pensamiento humanos, controvertidos en el sentido de que, desgraciadamente, aún se ven estigmatizados en nuestra sociedad: la homosexualidad, el nudismo o la defensa (velada) de la laicidad en el devenir humano, aspectos que la obra deja caer, a veces abierta, a veces subliminalmente, para quien sepa recogerlos.

En definitiva, la obra contiene, en un lenguaje accesible, los elementos que pueden hacerla agradable para un público adolescente (misterio, aventuras y primeros amores, toques de humor) y que nos pueden permitir a los profesores de secundaria y Bachillerato trabajar con los alumnos el mundo clásico y la tragedia griega desde un enfoque constructivo y actual, partiendo de la identificación del alumno con el protagonista, y contribuir a desarrollar su acercamiento a la vida adulta y la afirmación de su personalidad mediante sus actos.

Rosemary Sutcliff, El Usurpador del Imperio

Rosemary Sutcliff, El Usurpador del Imperio, Plataforma Editorial, Barcelona, 2009 (título original The Silver Branch, 1957)
Acabamos de leer la entrega intermedia de la saga de los Aquila en Britania escrita por la afamada Rosemary Sutcliff en los años 50 del siglo pasado en su Inglaterra natal. Esta vez el título es El Usurpador del Imperio (The Silver Branch en su título original en inglés).
La primera entrega, El Águila de la Novena Legión, hablaba de la llegada de los romanos a Britania en el siglo I d. C. y la pérdida de dicha legión y el intento de uno de los hijos de sus legionarios, Aquila, por recuperar el orgullo y el honor de su padre y su legión, recuperando el águila del estandarte de la novena robado por los pictos
La tercera entrega, Aquila, el Último Romano, nos contaba cómo otro Áquila en el siglo V veía a los romanos abandonar la isla al mando del general Aecio y, en un último intento de mantener el espíritu romano, se unía a las huestes del caudillo romano-britano Ambrosius para hacer frente a los sajones y al traidor Vortigern.
La entrega intermedia, la que vamos a comentar ahora, El Usurpador del Imperio, está situada al final del siglo III d. C. y nos cuenta cómo dos miembros de la familia Áquila, dos primos lejanos, uno Tiberio Lucio Justiniano, Justino en la novela, cirujano subalterno en una legión en Britania, y Marcelo Flavio Áquila, centurión de una de las legiones del emperador Carausio (de origen celta y de nombre completo Marco Aurelio Mauseo Carausio) en Britania, descubren una intriga comandada por el segundo al mando, y encargado de las finanzas Alecto (de origen germano de la tribu menapia), para derrocar al emperador Carausio.  Carausio enviará a los dos primos al muro de Adriano en un aparente destierro por deslealtad, puesto que Alecto descubre que ambos sabían de su traición y tergiversa los hechos y las versiones para hacerles parecer culpables, pero al poco tiempo, tras enterarse del asesinato de Carausio, deciden desertar de la legión, sabedores de que el nuevo emperador, Alecto, los buscaría para matarlos y eliminar los testigos de su traición.
En su huida, llegarán a Portus Adurni donde un tal Paulino se dedica a mandar a la Galia a los perseguidos por Alecto para engrosar las filas del césar Constancio, a la espera de que este vuelva a recuperar Britania para Roma.  Las aventuras se desencadenan entonces, convirtiéndose ambos primos en los responsable del cuidado y envío de todos los sospechosos de Alecto.  Tras la muerte de Paulino, se encargan de tal tarea, pero al final serán descubiertos por los sajones que apoyaban a Alecto y en una rocambolesca aventura, Flavio y Justino encontrarán un águla de bronce sin alas, el Águila perdida de la Novena Legión que su antepasado Áquila había guardado en el hypocaustum de su casa y que, como leyenda, se contaba que había sido recuperda y escondida.
Ante la inminente llegada de dos contingentes, bajo el mando del césar Constancio  y su segundo Ascleiodoto, para enfrentarse a Alecto, Flavio y Justino agruparán a unos 80 hombres como fuerzas de apoyo, exploración y caballería, por su buen conocimiento de la zona y se presentarán bajo el estandarte de la legión perdida.  Su honrosa participación en la batalla y en el sitio y defensa de Calleva les llevará a volver al servicio oficial bajos las águilas, esta vez, al servicio de Constancio.
Como las otras dos entregas de la trilogía, Sutcliff demuestra el por qué de tantos premios como escritora de novela histórica y juvenil y el por qué se le consideró como uno de los 100 escritores más influyentes de la literatura inglesa del siglo XX.
Narración intrépida, con sensibilidad (la preocupación por la descripción de detalles que despiertan los sentidos, como los olores, colores, sonidos es sorprendente), evitando lo escabroso, sin recreación en lo sangriento, reconstrucción magistral del mundo romano-britano, humor, …, son elementos que hacen de la autora y de su trilogía una pequeña delicia.
Como curiosidad, la razón de ser del título original, The Silver Branch (“La rama de plata”), hace referencia a que Carausio tenía un bufón en la novela, llamado Cullen, que tocaba un instrumento de plata en forma de rama de manzano con manzanas; cuando muere Carausio, Cullen buscará a Flavio y Justino durante dos años para entregarles una carta en la que el emperador reconocía que ambos tenían razón al acusar a Alecto y que los alejaba de la corte para que no murieran a manos del traidor; cuando Cullen los encuentra sigue llevando su rama de plata, donde guardaba la carta, y con ella a cuestas, pedirá ser el portaestandarte del águila perdida de la legión en la mini-legión de los 80 despojados.
No queremos extendernos más: lo aquí dicho es extensivo a El Águila de la Novena Legión y a Aquila, el Último Romano, y vice versa, lo allí dicho es aplicable a El Usurpador del Imperio; disfrutadlas.
La sinopsis en la web de Plataforma Editorial dice: “El Imperio vive momentos peligrosos con todas sus fronteras amenazadas por los pueblos bárbaros. También Britania está bajo el constante asedio de los sajones. Pero contra ellos se ha erigido la voluntad del autoproclamado emperador Carausio que se ha apropiado de la púrpura imperial y que desea la supervivencia de la Britania romana. A su servicio se encuentra el cirujano militar Justino y su primo, el centurión Flavio. Por casualidad descubren una conspiración contra el emperador, urdida por su hombre de confianza Alecto, pero se ven desterrados a un lejano puesto fronterizo. Allí se enteran del asesinato de Carausio y de la entronización de un nuevo emperador, el usurpador Alecto. Temiendo por sus vidas, deciden huir y se integran en una red clandestina de agentes al servicio de Roma, con la que prepararán la llegada de las legiones del césar Constancio y el derrocamiento del usurpador. Con la ayuda de desertores y perseguidos, levantarán una vez más el estandarte de las Águilas para que el Imperio siga vivo en Britania durante algunos siglos más.  
Segunda parte de la trilogía que ha vendido un millón de ejemplares y ha sido traducida a 15 idiomas. La autora se encuentra entre los 50 escritores británicos de la segunda mitad del siglo XX más importantes, según The Times. Kevin Macdonald, director de El último rey de Escocia, estrenará próximamente una película basada en la primera parte de esta trilogía”.
Sobre la autora, Rosemary Sutcliff, podéis leer aquí una pequeña nota bibliográfica al hilo de las recensiones de la primera y de la tercera entregas de la saga de los Aquila en Britania.
Publicado en Sobre Griegos y Romanos.

Next »