Libros de divulgación
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El nuevo volumen de la Dra. Esteban (144 pp. + un cuadernillo central de 41 pp. con fotografías en color), tan útil y didáctico como los anteriores, comienza situando a Hesíodo y su Teogonía dentro del marco de la poesía épica griega. El largo poema hesiódico (1.022 versos), un relato cosmogónico en que se refiere el origen del universo y de los dioses, es la principal fuente literaria de que disponemos para el estudio de las numerosísimas divinidades preolímpicas, ya que, pese a la complejidad del tema, su hilo principal es la descendencia de Gea y Urano y la sucesión violenta en el poder, un mito de clara procedencia oriental.
El esquema seguido permite abarcar todos los episodios desarrollados en la Teogonía, que llevan desde el oscuro origen del mundo al gobierno instaurado por Zeus:
I. Divinidades primigenias: Caos, Gea -incluyendo la Gigantomaquia y el nacimiento de Erictonio-, Eros, Noche -y sus hijos Tánato, Hipno, Eris, Némesis, las Moiras, las Keres y las Hespérides-, Érebo, Día, Éter, Titanes, Cíclopes, Hecatónquiros, castración de Urano, Erinis, Gigantes, Ninfas Melias, Afrodita, Ponto y sus descendientes -Nereo, las Nereidas, Taumante -padre, por su parte, de las Harpías-, Euribia, Forcis y Ceto y su monstruosa descendencia: Grayas, Gorgonas, Crisaor, Pegaso, Gerión, Equidna, Orto, Cerbero, Hidra de Lerna, Quimera, Esfinge y León de Nemea.
II. Descendientes de los Titanes y Titánides, Océano, Ceo, Crío, Hiperión, Jápeto, Crono, Tea, Rea, Temis, Mnemósine, Febe y Tetis. Además de Oceánidas y Oceánides, Helio, Selene y Bóreas, destacan, especialmente, Hécate, Atlante, Prometeo -y, a propósito de él, cómo no, la creación de Pandora- y los hijos de Crono y Rea, incluyendo el destronamiento de Crono, la Titanomaquia y la Tifonomaquia, y el fin de la sucesión cuando Zeus, padre ya de Temis, las Horas y las Musas, se traga a Metis y da a luz, de su cabeza, a Atenea.
De tan gran número de divinidades, muchas no antropomórficas en sus orígenes, sino abstractas o elementos de la naturaleza, y, por ello, escasamente representados en las artes plásticas, la Dra. Esteban selecciona imágenes y las relaciona con los correspondientes pasajes de la Teogonía, citando, cuando son relevantes, otras fuentes literarias que ayudan a su comprensión.
La bibliografía recogida al final de la obra, invita a seguir profundizando en temas iconográficos que tanto interés suscitan en especialistas y amantes, en general, de la mitología y cultura griegas, a quienes está destinada.
0 comentarios Rosa Mara | Cultura clásica, General, Griego, Libros de divulgación, Libros didácticos
M. Antònia Fornés & Mercè Puig, El porqué de nuestros gestos. La Roma de ayer en la gestualidad de hoy. Barcelona, Editorial Octaedro-Edicions UIB, 2008. 94 pàgs. ISBN 978-84-8063-945-3
Podria costar creure que una investigació que sobrepassa els camps de la lingüística i la filologia, que va enllà de la semiòtica i fins i tot del folklore comparat, sigui presentada de manera tan completa i amena al mateix temps. El secret principal, crec, està en el fet que les dues autores porten molts anys treballant sobre la gestualitat en el camp de la cultura llatina, la qual cosa els confereix una perspectiva privilegiada a l’hora de posar a l’abast d’un públic general els deu aspectes que, en forma de capítols ben informats i ben digeribles, conformen el seu estudi.
Però no es tracta només d’entendre el significat de segons quins gestos en el context d’uns testimonis escrits, d’unes al·lusions que podrien desconcertar qualsevol lector dels clàssics. Més aviat les autores han buscat fer-nos veure que entre el llegat clàssic, a més de les paraules, hi ha tota una cultura gestual que es manté igualment viva mitjançant el parallenguatge i la cinèsica.
El buidat de fonts i testimonis és, en força ocasions, del tot sorprenent. Qui anava a pensar —posem per cas— que el gest de posar-se el dit davant dels llavis demanant silenci ja era descrit per Apuleu (p. 66)? O, més encara, que el nom hel·lenitzat d’Harpòcrates ens porta fins una divinitat egípcia que manava callar els seus fidels fent la mateixa acció?
Donar una ordre, manar a algú que s’atansi o se’n vagi fent petar els dits és un senyal que ja feien servir Tibul o Ciceró (p. 58-59). En altres ocasions també la compostura és signe de bona o mala educació… segons els paràmetres explicats per Ovidi, Plini (p. 41-45) i la corresponent nòmina d’antropòlegs moderns. El significat de les “orelles de ruc”, de traure la llengua, de moure la mà despectivament quan hom parla, d’enviar un petó a distància… hom queda agradablement sorprès en veureauctores llatins explicant allò que nosaltres donàvem per aquirit de manera innata (!?) o sobre el que ni ens havíem aturat a reflexionar.
És en aquest sentit, doncs, que les expectatives del llibre de Maria Antònia Fornés i Mercè Puig són d’un ajut i utilitat més que provats: la comunicació no verbal existia a Roma i s’ha mantingut fins avui. El llibre s’ha de conèixer perquè serà motiu de reflexió, comentaris i debat; la seva lectura enganxa, ensenya, és una delícia.
Ramon Torné Teixidó
http://daidalea.blogspot.com
0 comentarios Ramon Torné Teixidó | Cultura clásica, Disciplinas afines, Estudios, General, Latín, Libros científicos, Libros de divulgación, Libros didácticos
Como su propio nombre indica, estamos ante una obra básica destinada a estudiantes de arte, -pero también de lenguas clásicas que quieran acercarse a la mitología a través del arte-, que puede permitir al alumno un acceso rápido a la información iconográfica de los personajes de la mitología clásica.
La obra presenta una breve pero intensa introducción que traza diacrónicamente una visión general de la evolución y uso del mito clásico a lo largo de la historia, al mismo tiempo que apunta los inicios, fundamentos y evolución de la iconografía. Llena de citas y referencias para ejemplificar la explicación, el autor consigue elaborar en apenas cuatro páginas, con pinceladas precisas, un rápido y certero cuadro de la utilización de la mitología grecolatina cuando los hombres dejaron de creer en sus dioses.
El cuerpo central de la obra está organizado en diez grandes apartados: “Primeras divinidades”, “Dioses olímpicos”, “Otras divinidades”, “Divinidades colectivas”, “Los grandes condenados”, “Héroes guerreros y aventureros”, “Héroes trágicos”, “Otras figuras de la mitología”, “Leyenda romana” y “Personajes históricos”. Estos diez apartados se estructuran en forma de tablas en las que se recogen el nombre de dios o héroe, los episodios más importantes de su relato mítico, sus atributos, sus representaciones más comunes y, en ocasiones, sus funciones. Para el alumno puede ser un buen instrumento de acceso rápido a un conocimiento particular relacionado con la obra de arte, en tanto en cuanto permite identificar el atributo u objeto directamente relacionado con un personaje así como la representación más frecuente de los diversos episodios del mito.
Particularmente interesantes resultan, sin embargo, para el lector más versado en la mitología, los cuatro apéndices finales: “Mitología y mundo de ultratumba. Iconografía funeraria en el arte clásico”, “Paganismo y cristianismo. Iconografía de una apropiación”, “De la Lujuria al Amor o el renacimiento de Venus” e “Iconografía clásica y Estado moderno”. Cuatro apéndices, relacionados también diacrónicamente (Clasicismo, Edad Media, Renacimiento y Barroco) que aportan, a través del Amor y la Muerte, de la Religión y el Estado, un análisis de la contextualización de la obra de arte y la mitología contenida en ella, es decir, de la significación de la obra, del mensaje que la obra de arte lanza al espectador a través del lenguaje mítico y de la motivación del encargo por parte del comitente. Para, en palabras del autor, “pasar de la historia del mito a la historia del arte”.
Juan Carmona Muela es autor de otras obras sobre iconografía: Iconografía cristiana. Guía básica para estudiantes e Iconografía de los santos, ambas editadas también por Akal.
0 comentarios Elena Fuentes Cara | Cultura clásica, Griego, Latín, Libros de divulgación, Libros didácticos
Novela juvenil que resulta interesante en primer lugar por intentar traer a nuestros días el mundo clásico en general y la tragedia griega en particular. El detonante de la obra es una copia de la máscara de Agamenón traída como regalo desde Grecia a Juan, el adolescente protagonista. La máscara y unas palabras dichas en griego parecen desencadenar una maldición por la cual los diversos familiares del muchacho adoptan el rol de los distintos protagonistas de la trilogía de Esquilo, La Orestía, y desarrollan un comportamiento similar al de los personajes de las dos primeras obras de la trilogía, Agamenón y Coéforos.
La ambientación en una familia plenamente mediterránea, amplia, compuesta por tíos y tías no siempre unidos por los lazos de sangre sino por los de la costumbre, parejas, abuelos, amigos y vecinos varios, incluida una taxista macarra, sirve de apoyo al reparto de papeles de la tragedia traspuesta al mundo real. La obra teje un argumento lleno de simbolismo en los personajes contemporáneos que son el trasunto de los distintos elementos humanos y divinos míticos de la trilogía esquilea -no exento el cruce de relaciones de una mirada freudiana-: las Parcas o Moiras que hilan, el oráculo, el dios Apolo, Agamenón, Casandra, Clitemnestra y Egisto, Ifigenia, Orestes y Electra, etc.
Pero además de las continuas menciones a la obra de Esquilo, a la ciudad de Micenas y al mito de la casa de Atreo, que ya por sí solas la hacen agradable, destaca el uso del griego moderno en algunas frases de la familia griega invitada. Escritas en cursiva con grafía latina, permiten acercar el sonido del griego moderno a los lectores y ayudan a transmitir la idea del griego como idioma vivo. Se alterna el uso del griego moderno con versos y frases en griego antiguo, lo que permite trabajar la evolución de la lengua a lo largo de los siglos.
En otro orden de cosas, la obra trabaja, entremezclados, distintos contenidos transversales: por una parte, la valoración del interés que el mundo clásico puede suscitar en un adolescente con ansias de saber, en un chico que se distingue de “la normalidad” entendida en términos de frecuencia: amante de la lectura y de los clásicos, con ganas de divertirse (playa y piscina), pero también con sus complejos e inseguridades (está un poco gordito) y con sus pulsiones ocultas (el despertar del erotismo y del enamoramiento), que los adultos ven con la condescendencia que otorga la experiencia. Se trabajan valores a desarrollar y potenciar como el respeto a los ancianos como depositarios de la sabiduría de la vida, la hospitalidad para con el extranjero, o la observación, el análisis y la deducción como mecanismos de resolución de problemas. Trata también aspectos más controvertidos de la conducta y el pensamiento humanos, controvertidos en el sentido de que, desgraciadamente, aún se ven estigmatizados en nuestra sociedad: la homosexualidad, el nudismo o la defensa (velada) de la laicidad en el devenir humano, aspectos que la obra deja caer, a veces abierta, a veces subliminalmente, para quien sepa recogerlos.
En definitiva, la obra contiene, en un lenguaje accesible, los elementos que pueden hacerla agradable para un público adolescente (misterio, aventuras y primeros amores, toques de humor) y que nos pueden permitir a los profesores de secundaria y Bachillerato trabajar con los alumnos el mundo clásico y la tragedia griega desde un enfoque constructivo y actual, partiendo de la identificación del alumno con el protagonista, y contribuir a desarrollar su acercamiento a la vida adulta y la afirmación de su personalidad mediante sus actos.
0 comentarios Elena Fuentes Cara | Cultura clásica, Griego, Libros de divulgación, Libros didácticos, Obras literarias y mundo grecolatino
Tras la caída de Troya, para los combatientes griegos comienzan los regresos a sus respectivas patrias. El más amargo de todos es, sin duda, el de Agamenón, miembro de la cuarta generación de una familia en la que los crímenes más atroces se suceden unos a otros, sin respetar parentesco alguno: esposos, padres, hijos, hermanos, primos, tíos. En una espiral de venganzas, las maldiciones se van encadenando: la de Mírtilo hacia Pélope, la de Pélope hacia Atreo y Tiestes, las Erinias que persiguen a Orestes azuzadas por Clitemestra…
En esta obra, Iconografía de la mitología griega. El ciclo troyano IV: El regreso de Agamenón (historia de una familia sangrienta, Editorial Dhyana Arte, Madrid 2010 (134 págs. más un cuadernillo central de 37 páginas con fotografías en color), Alicia Esteban proporciona, con la concisa prosa que le caracteriza, una amplísima información sobre los textos literarios que son fuentes para el estudio iconográfico de los mitos relacionados con la familia de Agamenón. No hay horror que se haya escapado a su representación plástica, y la autora nos los presenta ordenados y bien comentados.

A la primera generación pertenece Tántalo, ingrato con los dioses y castigado a sufrir tormento eterno (en relación a su castigo, se examinan imágenes que exhiben un amplio muestrario de habitantes del Hades, así como el castigo sufrido por su hija Níobe, con hermosísimas imágenes de su conversión en piedra). La segunda generación es la de Pélope, despedazado por su padre, resucitado por Zeus, amado por Posidón, maldito por Mírtilo tras la colaboración que había prestado en la traicionera muerte de Enómao, y maldecidor, a su vez, según algunas versiones de sus propios hijos, Agamenón y Egisto, por el asesinato de su hermanastro Crisipo; a la tercera generación pertenecen Atreo y Tiestes, enfrentados por el poder: ante nuestros ojos se suceden, de forma gráfica, la seducción de Aérope, la matanza de los hijos de Tiestes, la violación de Pelopia por obra de su propio padre, (Tiestes), la exposición del niño que nace, Egisto, el suicidio de Pelopia, el asesinato de Atreo y la ascensión al poder de Tiestes. La cuarta generación es la de Agamenón, de la que se muestran imágenes relacionadas con el rapto de Orestes por Télefo, el sacrificio de Ifigenía, su relación con Criseida, Briseida y Casandra (junto a la violación de ésta por parte de Ayante, hijo de Oileo, y la muerte que se había profetizado), la votación sobre el receptor de las armas de Aquiles y el pérfido asesinato a manos de Egisto y Clitemestra, su esposa; a Menelao, hermano de Agamenón, lo vemos en ocasión de sus nupcias con Helena y cuando la recupera tras la caída de Troya, además de en combate singular con Paris; Clitemestra ocupa, como es de esperar, un apartado propio como madre impotente ante el sacrificio de su hija mayor, Ifigenía, al que asiste en compañía del pequeño Orestes, como colaboradora o asesina de Agamenón y Casandra, como madre caída a manos de su propio hijo y como espíritu vengador que no deja dormir a las Erinias. Orestes, Electra e Ifigenía son los representantes más destacados de la quinta generación de los Atridas: el apartado referido a Orestes lo muestra con ocasión del fallido rapto que intentó Télefo, el reencuentro con su hermana Electra en sus varias versiones, el terrible matricidio, el asesinato de Egisto, su locura según Esquilo en Euménides, el reencuentro con Ifigenía en la tierra de losTauros y el asesinato de Neoptólemo, marido de su antigua prometida y prima, Hermíone, la hija de Helena y Menelao; a Ifigenía la vemos en calidad de víctima sacrificial en Áulide y como sacerdotisa en la Táurica; a Electra,ante la tumba de Agamenón, entre Orestes y Pílades, o incitando al asesinato de Clitemestra.
En este nueva entrega sobre la iconografía del ciclo troyano se pueden encontrar referencias a numerosos personajes relacionados de una manera más o menos directa con los miembros más destacados de tan infausta familia: Aquiles, Diomedes, Tersites, Polimestor, Taltibio, Teano, Sísifo, Ixión, Cerbero, Orfeo, Eneas… así como una orientación bibliográfica final de gran utilidad para el lector.
0 comentarios Rosa Mara | Cultura clásica, General, Griego, Libros de divulgación, Libros didácticos
Alicia Esteban Santos es Profesora Titular de Filología Griega de la Universidad Complutense de Madrid, colaboradora habitual del Seminario de Estudios Iconográficos de dicha Institución y fundadora y directora de las “Jornadas Homéricas”, que suman ya siete ediciones con las celebradas este año. Se caracteriza, además, por ser una entusiasta divulgadora teórica y práctica de la mitología, la literatura e incluso la filosofía griega (a las que ha dedicado, junto con Mercedes Aguirre Castro, seis volúmenes de Cuentos, publicados por Ediciones de la Torre). Es, también, autora de novela (¡Ya no existe Troya!) y teatro (Troya: los horrores de la guerra), publicados por Dhyana Arte, la misma editorial en la que ha aparecido la serie dedicada a la iconografía de la guerra de Troya, de la que es buena conocedora: El ciclo troyano I: Los antecedentes de la guerra de Troya, El ciclo troyano II: En la guerra (Episodios de la Ilíada), El ciclo troyano III: La caída de Troya, El ciclo troyano IV: El regreso de Agamenón (Historia de una familia sangrienta) y El ciclo troyano V: El regreso de Ulises (Episodios de la Odisea).
El volumen que ahora reseñamos (Iconografía de la mitología griega. El ciclo troyano III: La caída de Troya, Dhyana Arte, Madrid 2010, 100 págs. y un cuadernillo central con 41 páginas más con ilustraciones en color) comienza con una concisa información sobre los mitos de Troya y sus diversas fuentes literarias: la poesía épica (Los Cantos Ciprios, La Ilíada, La Etiópida, La Pequeña Ilíada, El saco de Troya, La Odisea y Los regresos), la poesía lírica (Semónides, Hiponacte, Teognis, Safo, Alceo, Estesícoro, Ibico, Píndaro y Baquílides) y la tragedia (La Orestea de Esquilo, Electra, Ayante y Filoctetes de Sófocles, y Troyanas, Hécuba, Andrómaca, Helena, Ifigenía en Aulide, Ifigenía entre los Tauros, Electra y Orestes de Eurípides). Se divide, a continuación, el contenido del volumen en dos grandes apartados: episodios anteriores al final de la guerra y consecuencias inmediatas del fin de la guerra, con un comentario de los mitos y sus fuentes literarias y la lectura de las imágenes que los ilustran en pintura vascular y escultura, acompañados de una abundante bibliografía citada al final de la obra.
Centrados en la figura de Aquiles, se suceden los episodios relacionados con el asesinato de Troilo, la lucha con Pentesilea, el duelo con Memnón, la muerte de Aquiles, la disputa entre Ayante y Odiseo por las armas del hijo de Peleo y el suicidio de Ayante. Como requisitos para la caída de Troya se necesita la colaboración de Filoctetes y Neoptólemo, a quien se entregan las armas de Aquiles, el robo del Paladio, la fabricación del caballo y el castigo de Laocoonte, temas también comentados sobre las imágenes en que aparecen. Con la caída de Ilión comienza una larga serie de actos violentos entre los que destacan los asesinatos de Príamo y Astianacte, la violación de Casandra y el sacrificio de Políxena, que se contraponen a la huída de Eneas con su padre, Anquises, y Ascanio, su hijo. La parte final está dedicada a los que logran escapar: Eneas, cuyo viaje dará tema a Virgilio para su Eneida, y Helena convertida de nuevo en reina de Esparta. El punto final lo pone un resumen sobre el destino que aguardaba a troyanas y troyanos.
Una obra de las características descritas, escrita con claridad y concisión e ilustrada con diferentes imágenes que permiten en ocasiones comparar diversas versiones de un mito (la fabricación del caballo de Troya es un ejemplo) resulta realmente útil tanto para buenos conocedores del mundo clásico como para amantes de la mitología, la literatura griega o el arte, dejándose llevar por el simple placer de leer o para preparar las clases. La presentación del libro está extremadamente cuidada y es, por su tamaño, muy cómoda de consultar. La existencia de un índice de personajes y lugares citados ayudaría al lector en sus búsquedas, pero esta ausencia no resta un ápice de mérito a esta obra en la que bien puede apreciarse la enorme proximidad y el cariño que profesa la autora al mundo homérico.
0 comentarios Rosa Mara | Cultura clásica, General, Griego, Libros de divulgación, Libros didácticos
Ahora, en la Hipatia de Martínez Maza nos encontramos con una obra completamente distinta. No es una novela, sino una monografía histórica profunda, bien estructurada y documentada, pero escrita no sólo para sesudos historiadores y entendidos en la materia, sino también para una divulgación -algo culta- de lo que las novelas y el cine con la película Ágora de Alejandro Amenábar, de próximo estreno, van a popularizar.
0 comentarios Roberto Lrida | Estudios, Libros científicos, Libros de divulgación
Barry STRAUSS, La batalla de Salamina. El mayor combate naval de la Antigüedad, Barcelona, Edhasa, 2006, 448 pp. [ISBN 978-84-350-2678-7]
De gran acierto debemos calificar la edición traducida al castellano de la obra de Barry Strauss aparecida en 2004 bajo el título de Salamis: The Greatest Naval Battle of the Ancient World, 480 BC, que alcanzó gran éxito editorial en su país, Estados Unidos, y que ya ha sido traducida a cinco idiomas. No sólo hay que agradecerle al autor su acercamiento a un tema y a una batalla tan interesante, sino que, además, guardando las distancias, este trabajo de inspiración herodotea viene a sumarse a la revisión de dicho historiador y vuelve a ponerlo de moda, lo cual ya consiguió recientemente Ryszard Kapuscinsky con sus Viajes con Heródoto.
La originalidad del trabajo de Strauss trabajo reside en su concepción de la obra y en la elección de un método, en cierto modo también muy próximo al de Heródoto. Los editores españoles lo catalogan de “ensayo histórico” dada su peculiar planteamiento, pues, en realidad es una propuesta atrevida y acertada, por cuanto el estudio puede considerarse a mitad de camino entre una sesuda monografía sobre el tema propuesto y la novela histórica tan en boga en la actualidad, pero con la virtud de saber extraer de cada una de ellas lo positivo. De esta manera, el autor no sólo se aseguraba la atención de los estudiosos de la historia de Grecia, sino también la aceptación de los aficionados a la historia desde la visión más prosaica y más literaria de la novela histórica, en especial sobre el mundo clásico, tan en boga por obras como las de Massimo Manfredi o Gillian Bradshaw, por citar algunos nombres de actualidad. Así, para quien participe de las dos aficiones, la del especialista en historia antigua y la del “devorador” de novela histórica, la obra de Strauss resulta una lectura altamente gratificante, por cuanto cumple la máxima clásica del docere delectando.
No obstante, el éxito de la obra no reside exclusivamente en la concepción de la obra, sino en otros factores de los que a continuación daremos cuenta.
En primer lugar, el historiador, Barry Strauss, profesor de Historia y Cultura Clásica en la Universidad de Cornell, es un gran estudioso de la historia griega, no sólo de aspectos meramente políticos, como los manifestados en obras suyas como Athens after the Peloponnesian War: Class, Faction and Policy 403-386 BC, de 1986, sino también de otras cuestiones como la estrategia y los hechos militares, demostrados en obras como The Anatomy of Error: Ancient Military Disasters and Their Lessons for Modern Strategists, de 1990. Como cúmulo de sus investigaciones y de sus conocimientos multidisciplinares, el autor abarcará en esta obra cuestiones históricas, sociales, económicas, demográficas, militares, topográficas, náuticas, climáticas y eólicas, gastronómicas y alimenticias, etc., para ofrecer su visión de la batalla desde todos las perspectivas y factores que pudieron influir en ella, incluyendo referencias a hechos históricos anteriores y posteriores, en especial de la Guerra del Peloponeso. Así, la estancia en Grecia y Turquía le permitió conocer de primera mano la topografía y orografía de las zonas del Ática y de las islas cercanas donde se produjo la batalla de Salamina y de las ciudades e islas del mar Egeo, así como las condiciones climáticas (en especial, la intensidad y dirección de los vientos) del estrecho de Salamina y diversos aspectos arqueológicos.
También allí se documentó sobre la maniobrabilidad y construcción de trirremes y otros aspectos de las marinas de la Antigüedad. En cierto modo, la obra resulta una pequeña enciclopedia sobre la batalla estudiada.
Además, el estudio demuestra un gran conocimiento de las fuentes de la Antigüedad, centrándose sobre todo en las figuras y obras de Heródoto, de Esquilo (en concreto, su obra Los persas) y de Plutarco (Vida de Temístocles), que, en especial en los dos primeros casos, servirán de hilo conductor de sus presupuestos históricos y de sus suposiciones e hipótesis sobre todo aquello de lo que no hay argumentos ni restos históricos demostrables. Junto a ello, la obra destila un profundo conocimiento de la crítica moderna sobre el tema. En este sentido, dos de los aspectos que alejan al presente estudio de las tradicionales monografías históricas, en ocasiones tan farragosas y difíciles de leer, reside, por un lado, en la inserción de notas, no a pie de página, sino al final del libro —clasificadas por capítulos en 19 páginas—, y sólo para indicar de manera general la referencia literaria clásica de las que saca sus hipótesis, y, por otro, en reducir al mínimo —sólo catorce páginas—, al final del libro, las referencias bibliográficas, catalogándolas por temática. Aquí se puede plantear, no obstante, un pequeño reproche al profesor Strauss, por cuanto, salvo escasas excepciones, toda la bibliografía está en lengua inglesa, sin referencias a obras en otros idiomas; con todo, el traductor ha incluido la indicación de ediciones en castellano de los textos clásicos greco-latinos.
El libro, tras los preceptivos agradecimientos y unas pequeñas páginas dedicadas a notas sobre onomástica, toponimia y abreviaturas, cronología del año 480 a. C. y sobre las embarcaciones (en cierto modo, estas páginas iniciales podrían considerarse una introducción), se estructura en cuatros partes o, quizás sea más correcto decir fases respecto de la batalla de Salamina: “El avance”, “La trampa”, “La batalla” y “La retirada”; las dos primeras partes se dividen en cuatro capítulos cada una y las dos últimas en otros tres respectivamente (el primero y último de los catorce serán el prólogo y el epílogo de toda la obra).
De esta “introducción” destaca un desglose de los distintos momentos de recopilación del material y de la composición del presente estudio, así como el cuadro cronológico por el cual se nos indica que desde los preparativos de la batalla (las maniobras de Jerjes para hacer cruzar a todo su ejército desde Asia a Europa en el Helesponto) hasta la retirada persa del Ática y la vuelta de los espartanos al Peloponeso, sólo transcurrieron cinco meses, de mayo a octubre del 480 a.C., y que la batalla se desarrolló en un solo día (se propone el 24 de septiembre).
La narración del estudio se articula en todos los casos de la misma manera: tras un mapa de la zona, donde se sitúan los accidentes geográficos fundamentales para los hechos y las posiciones ocupadas por sus protagonistas, cada capítulo, intitulado con un topónimo (Artemisia, Termópilas, Atenas, Salamina, Falero, Andros y Susa), comienza generalmente con la presentación de un personaje, no sólo de primera línea como Temístocles de Atenas, la reina Artemisia de Halicarnaso, el rey Tetramnesto de Sidón o Euribíades de Esparta, sino también secundarios para la guerra como Hermótimo, un eunuco de Jerjes, Sicino, el esclavo de Temístocles, o el poeta Esquilo, utilizados estos últimos para dar cierto halo de misterio a los hechos. Con el personaje de cada capítulo se introducen los proyectos, preparativos y movimientos previos de tropas, embajadas, consejos de guerra y asambleas relativos a la batalla y se analiza su importancia respecto de la misma.
A partir de la descripción del personaje se analizan en cada capítulo diversos factores, cruciales o no, de los preparativos de la batalla, de la batalla en sí y de sus consecuencias e implicaciones: en cierto modo, cada capítulo, salvo los de la cuarta parte, “La retirada”, suponen pequeñas aportaciones, pequeños granitos de arena, que hacen comprender en su conjunto el hecho puntual de la batalla de Salamina, conduciendo, por tanto, a un único fin. Unido a esta disposición narrativa, hemos de decir que también resulta atractiva la consideración de los hechos desde la perspectiva de los griegos (sobre todo) y de los persas, con las implicaciones de los protagonistas y también de los personajes anónimos.
Otra característica atractiva del libro es el empeño de su autor por mostrarnos de un lado la psicología de los personajes principales (Temístocles, Jerjes, Euribíades y la reina Artemisia, sobre todo), sus tejemanejes, sus formas de actuar; así, en varios momentos se habla de la improvisación de los griegos y de la falta de escrúpulos de Temístocles a la hora de traicionar a los suyos y provocar la guerra, se expone la actitud de Jerjes, que no atiende a ningún consejo, pues ya tiene tomada su decisión, y, por último, se indica que entre los contingentes y nobles persas no había unión, sino sólo una ambición y un deseo por medrar y adquirir el favor real. Junto a ello, es remarcable una gran meticulosidad por parte del autor a la hora de describir la situación política en Grecia, marcada por la total desunión y la gran rivalidad entre las distintas poleis, así como el conglomerado de razas, costumbres, modos, fuerzas y armas que había en las tropas persas al servicio de Jerjes.
Otro factor que hace excelente el resultado de la obra de Strauss es el estilo narrativo, ágil, accesible, en ocasiones emocionante y dramático, con digresiones que detienen y retrasan la culminación de los hechos; en otras ocasiones con precipitación de los acontecimientos. Con frecuencia, la descripción de los hechos tiene ciertos tintes cinematográficos que enganchan al lector, pues al describir la ansiedad, la angustia o la espera de los personajes se crea en el lector dichas sensaciones.
En este sentido, una de las mayores preocupaciones de Strass ha sido intentar contar lo que hacían o pensaban los pobres, los remeros, los soldados anónimos de a pie, así como retratar qué les pasaban a los niños, ancianos y mujeres.
La narración de los hechos se ve favorecida también el paso de lo trivial a lo crucial dentro de los hechos se hace con gran naturalidad, de manera que no sólo resulta atrayente la narración, sino que, en consonancia con la combinación de personajes vitales como Temístocles y Jerjes con personajes secundarios, cuasi anónimos, nos hace conscientes de que los grandes acontecimientos de la historia son inviables sin los hombres anónimos que en ellos participan. En parte, esta doble combinación pretende realzar el significado de la batalla de Salamina: para Strauss es la victoria de la democracia y la victoria del talento de un personaje ambiguo como es Temístocles. Así, la obra se concibe ad maiorem gloriam de Temístocles, de la democracia y de Atenas.
Un elemento que añade valor a este ensayo es el atrevimiento de su autor a entrar en el terreno de lo que podríamos llamar ucronía, es decir, elucubrar o hipotetizar, a veces en exceso, acerca de cómo habría sido la historia en caso de que la batalla de Salamina hubiera sido vencida por los persas o acerca de los proyectos y previsiones que cada uno de los bandos tenía. Por consiguiente, aparecen con gran frecuencia el verbo “imaginar” y sinónimo, así como formas verbales condicionales que denotan planes, proyectos de los personajes y un futuro que ahora sabemos a ciencia cierta irreal e imposible. De hecho, en clara vinculación a esta tendencia, también se puede leer qué es lo que harían o qué penalidades podrían pasar los remeros, los pobres, los desprotegidos, etc. Desde el punto de vista de la concepción de la obra esta tendencia recurrente a las hipótesis e incluso a la divagación da un toque de irrealidad, originalidad y creatividad al libro que contrarresta o, mejor dicho, equilibra la profunda investigación de su autor, pues, además, Strauss deja claro al lector cómo debe discernir entre lo erudito y lo novelesco.
En el epílogo, en relación con la concepción de la obra ad maiorem gloriam de Temístocles, de la democracia y de Atenas, se ofrecen reflexiones interesantes sobre la democracia como el gran legado de Salamina, llegando en un somero repaso a la democracia del siglo V a.C. hasta Pericles. Con todo, Strauss no puede abstraerse de criticar dicha democracia, por cuanto, tras la guerra, Atenas se erigió como un imperio democrático, o, si lo preferimos una democracia imperialista (¿en clara, pero velada crítica a la política de Estados Unidos?), de manera que el imperio aqueménida en el Egeo fue sustituido por el imperio ateniense. Además, se enuncia el conflicto desde una perspectiva quizás anacrónica, como el primer enfrentamiento entre Occidente y Oriente, entre la civilización contra la barbarie: Jerjes, el rey tirano de Persia y representante de todo el Oriente Próximo y Medio, es un vengador, un cruel castigador que no tolera los errores, pero va a ser derrotado por Temístocles, el guía de Atenas, el adalid de la democracia y de la libertad como fundamentos de Occidente y el defensor de la ciudad y de la cultura cuna de la nuestra propia cultura occidental.
Por otro lado, al menos, para nosotros, la obra en sí y su estilo ofrecen ciertas reminiscencias añadidas que nos recuerdan a Herótodo y detectables por muy diversos factores: Strauss cuenta algunos pasajes desde la perspectiva del que ha viajado y ha visitado los lugares de la batalla (como Heródoto hizo en su momento); el investigador norteamericano ha elegido conscientemente al público al que va a dirigir su obra (estudiosos y entusiastas de la historia antigua) y constantemente quiere compensar datos complejos con descripciones más mundanas (del mismo modo que Heródoto tenía un público al que debía mantener atento y al que no podía aburrir contando sólo las Guerras Médicas); además, siempre que tiene ocasión se aleja de la narración de los hechos para detenerse en digresiones, anécdotas y tópicos de la Grecia antigua —no necesariamente de los años de las citadas guerras, sino también de hechos anteriores y posteriores a las mismas—, adquiriendo la obra cierto cariz enciclopédico.
Con todo, pocas obras quedan exentas de algunos defectos, que en ocasiones pueden considerarse excesos de lo que en un principio eran puntos positivos del libro: uno de ellos es el uso de estas digresiones y tópicos sobre la Grecia antigua, pues a veces resultan superfluos e innecesarios (por ejemplo, al citar Eleusis explica los misterios eleusinos, al mencionar el monte Himeto explica los productos típicos del lugar, o al describir a Sostrato de Egina nos hace un excursus sobre el poder marítimo de la isla antes de las Guerras Médicas); también se producen repeticiones un tanto pesadas (por ejemplo, cuando menciona el número de barcos de cada contingente en casi todos los capítulos) o el suspense de algo ya conocido en ocasiones puede resultar un tanto cargante. Achacable probablemente al traductor, se producen molestos errores en la trascripción de los nombres propios griegos al castellano y en el uso de términos técnicos, de los que a continuación sólo damos unos ejemplos: Tespia en lugar de Tespias, Mycale por Micale, Euphrantides por Eufrántides, dobletes como Piteas/Pitias y Egaleo/Egileo, deme en lugar de demo, paean por peán. En las notas, se ofrece el nombre del autor clásico traducido al castellano, pero el título de la correspondiente obra no, por lo que leemos citas tan chocantes como Esquilo, Persians, o Plutarco, Life of Themistocles.
Desde el punto de vista de la consideración de los hechos, quizás por dar esa visión cercana a la novela histórica y por cierta imparcialidad a favor de los griegos y de la democracia, hay momentos en los que la batalla parece estar concebida a modo de un western (o las películas modernas donde generalmente norteamericanos se defienden contra invasores), donde los buenos, defensores del orden y de los grandes principios de la democracia y de la libertad, —los griegos y Temístocles—, luchan contra los malos, el tirano imperialista sin límites a sus ambiciones y sus súbditos, —el gran rey, Jerjes y todos sus súbditos persas, medos, bactrios, fenicios, carios, egipcios, etc.
Por otro lado, al leer el epílogo y reflexionar sobre el conjunto de la obra, queda la sensación de que la batalla está narrada desde un posicionamiento tan favorable a los griegos, que parece que todos los hechos sucedieron por voluntad de los griegos y de Temístocles, planteando el proyecto de Jerjes como un ansia de derrotar a los griegos para vengarse y reconociendo escuetamente el mérito de Jerjes y de su expedición, al tiempo que se recrea en señalar todos los errores tácticos y logísticos de la empresa.
A pesar de todas estas carencias, peccata minuta en un trabajo de tanta calidad, en su conjunto es altamente recomendable la lectura de esta obra por la buena difusión de un tema del que siempre hablamos los helenistas, pero del que a partir de ahora a buen seguro nos hemos enriquecido gracias a los datos y perspectivas de Strauss.
Publicado en Gerión (2007), 25 vol. 2, pp. 177-182.
1 comentario Roberto Lrida | Estudios, Libros científicos, Libros de divulgación
Peter Parsons, La Ciudad del Pez Elefante. La vidad de los griegos en el Antiguo Egipto, editorial Debate, Barcelona, 2009.
Una deuda casi sentimental nos ha llevado a leer este libro: nueve años de estudio sobre las Helénicas de Oxirrinco dejan huella y el nombre de esta ciudad del Egipto antiguo bien merece un libro como el publicado por Editorial Debate y cuyo autor es Peter Parsons: La Ciudad del Pez Elefante: La Vida de los Griegos en el Antiguo Egipto.
onces de autores conocidos como Safo y no tan conocidos como el autor de mis queridas Helénicas de Oxirrinco), textos oficiales y administrativos (como impuestos, organización de gremios, órdenes de actuación a subordinados en la administración política, militar y social de Oxirrinco y de Egipto), pero lo que más ha impresionado y destaca es el volumen de escritos privados (no es de extrañar porque en Egipto el papiro era accesible y barato), pero para el estudioso debió de ser estremecedor leer las cartas de un padre a sus hijos, de un hijo revoltoso a su padre (la famosa carta de Teón a su padre, Papiro de Oxirrinco II 119, en la foto), cuestiones de pleitos por herencias, encargos de materiales para que funcionaran los negocios, etc.
Parsons, egiptólogo y especialista en la cultura helenística, es uno de los más importantes arqueólogos contemporáneos. Catedrático de la Universidad de Oxford, es un habitual profesor invitado en los mejores centros académicos del mundo y conferenciante. Durante los últimos veinte años ha trabajado en la excavación de Oxirrinco, que ha aportado datos de trascendencia mundial para el conocimiento de la Antigüedad”.Publicado en Antiquitas Graeca et Latina.
0 comentarios Roberto Lrida | Estudios, Libros científicos, Libros de divulgación
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