Antonio Aguilera Vita. El brillo de la máscara. Intramar Ediciones. 2009.

Novela juvenil que resulta interesante en primer lugar por intentar traer a nuestros días el mundo clásico en general y la tragedia griega en particular.  El detonante de la obra es una copia de la máscara de Agamenón traída como regalo desde Grecia a Juan, el adolescente protagonista. La máscara y unas palabras dichas en griego parecen desencadenar una maldición por la cual los diversos familiares del muchacho adoptan el rol de los distintos protagonistas de la trilogía de Esquilo, La Orestía, y desarrollan un comportamiento similar al de los personajes de las dos primeras obras de la trilogía, Agamenón y Coéforos.

La ambientación en una familia plenamente mediterránea, amplia, compuesta por tíos y tías no siempre unidos por los lazos de sangre sino por los de la costumbre, parejas, abuelos, amigos y vecinos varios, incluida una taxista macarra, sirve de apoyo al reparto de papeles de la tragedia traspuesta al mundo real. La obra teje un argumento lleno de simbolismo en los personajes contemporáneos que son el trasunto de los distintos elementos humanos y divinos míticos de la trilogía esquilea -no exento el cruce de relaciones de una mirada freudiana-: las Parcas o Moiras que hilan, el oráculo, el dios Apolo, Agamenón, Casandra, Clitemnestra y Egisto, Ifigenia, Orestes y Electra, etc.  

Pero además de las continuas menciones a la obra de Esquilo, a la ciudad de Micenas y al mito de la casa de Atreo, que ya por sí solas la hacen agradable, destaca el uso del griego moderno en algunas frases de la familia griega invitada. Escritas en cursiva con grafía latina, permiten acercar el sonido del griego moderno a los lectores y ayudan a transmitir la idea del griego como idioma vivo. Se alterna el uso del griego moderno con versos y frases en griego antiguo, lo que permite trabajar la evolución de la lengua a lo largo de los siglos.

En otro orden de cosas, la obra trabaja, entremezclados, distintos contenidos transversales: por una parte, la valoración del interés que el mundo clásico puede suscitar en un adolescente con ansias de saber, en un chico que se distingue de “la normalidad” entendida en términos de frecuencia: amante de la lectura y de los clásicos, con ganas de divertirse (playa y piscina), pero también con sus complejos e inseguridades (está un poco gordito) y con sus pulsiones ocultas (el despertar del erotismo y del enamoramiento), que los adultos ven con la condescendencia que otorga la experiencia. Se trabajan valores a desarrollar y potenciar como el respeto a los ancianos como depositarios de la sabiduría de la vida, la hospitalidad para con el extranjero, o la observación, el análisis y la deducción como mecanismos de resolución de problemas. Trata también aspectos más controvertidos de la conducta y el pensamiento humanos, controvertidos en el sentido de que, desgraciadamente, aún se ven estigmatizados en nuestra sociedad: la homosexualidad, el nudismo o la defensa (velada) de la laicidad en el devenir humano, aspectos que la obra deja caer, a veces abierta, a veces subliminalmente, para quien sepa recogerlos.

En definitiva, la obra contiene, en un lenguaje accesible, los elementos que pueden hacerla agradable para un público adolescente (misterio, aventuras y primeros amores, toques de humor) y que nos pueden permitir a los profesores de secundaria y Bachillerato trabajar con los alumnos el mundo clásico y la tragedia griega desde un enfoque constructivo y actual, partiendo de la identificación del alumno con el protagonista, y contribuir a desarrollar su acercamiento a la vida adulta y la afirmación de su personalidad mediante sus actos.

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