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Y Teseo, antes de zarpar, dijo: ``Padre, voy a Creta para derrotar al Minotauro y así librar a Atenas de este oneroso tributo que se ve obligada a pagar cada nueve años´´
Egeo, atónito por lo que dijo su hijo, le respondió: ``Yo iré contigo, mi querido hijo, juntos mataremos al Minotauro.´´
Teseo sabía el gran peligro que la bestia del laberinto suponía para cualquier hombre, razón por la cual reaccionó rápidamente: ``Padre, no, escucha, si vuelvo con vida colocaré estas vel…´´
Egeo: ``No, no te permito ir solo, no voy a tolerar perder a mi hijo para siempre ahora que por fin estás aquí, a mi lado. Siervos, traed enormes sacos de comida y prominentes ánforas de todo tipo de agua y vino para que mi hijo Teseo esté muy bien nutrido para su arduo combate.´´
Después de ser realizada la voluntad de Egeo, tanto él como su hijo navegaron durante una semana para alcanzar Creta y ser el sacrificio engañoso del Minotauro. Sin embargo, Egeo obligaba a Teseo a tomar hasta siete comidas al día, devorando a cada comida ingentes cantidades de carne, fruta, vino y agua. Aunque Teseo intentaba convencer a su padre de que comer tanto sería contraproducente para matar al feroz Minotauro, Egeo, haciendo caso omiso al sensato consejo de su hijo, continuó alimentándolo de forma desmedida, pues según él, esto permitiría que si ``hijito” estuviera grande y fornido para cuando llegara el momento de atacar al Minotauro.
Una vez transcurrida una semana, ambos llegaron a Creta. No obstante, Teseo había perdido gran parte de su agilidad, se sentía pesado y su vientre se asemejaba a una semiesfera flácida, con una apariencia muy distinta a la que conservaba antes de iniciar el viaje.
Una vez en el palacio del rey Minos, Ariadna, su hija, se rió a carcajadas de los nuevos sacrificios atenienses, que a sus ojos no eran más que un viejo decrépito y una bola humana. A continuación, Ariadna les injurió con relampagueantes ofensas e insultos, aseverando que por este absurdo sacrificio Atenas sufrirá a lo largo de los siglos un ignominioso recuerdo en la historia de las polis griegas. Egeo, queriendo expulsar de Teseo toda la carga negativa que en unos momentos Ariadna les había arrojado, le respondió agresivamente que podía hundir con sus punzantes vientos verbales a él, pero que no permitiría que su hijo fuera denigrado de forma tan tajante. Ariadna, cansada de tener a ``esos´´ en los aposentos del rey, los mandó rápidamente al laberinto, pues estaba segura de que su hermano los despedazaría al instante.
Ambos entraron en la encrucijada de muros a los pocos minutos. Teseo caminaba con pasos torpes e imprecisos porque en la última comilona su padre quiso que comiera más que otras veces para prepararse mejor. Entre sombras, rincones, pasillos y entradas permanecieron durante horas, hasta que se encontraron con el Minotauro frente a frente en un patio amplio.
De repente, Egeo cogió la espada de su hijo para atacar al Minotauro. El padre no deseaba que su hijo fuera herido, incluso un hijo que se ``ha preparado´´ para el combate una semana. Egeo, a pesar de su vejez, esquivó la embestida, pero Teseo no tuvo la misma suerte debido a su lentitud. El Minotauro clavó sus cuernos en el vasto cuerpo de Teseo y la sangre brotó apresuradamente de los dos orificios que los cuernos habían ocasionado. Mientras Egeo se acercaba por la espalda para que la espada penetrara dentro del Minotauro, este tuvo tiempo de golpear con sus enormes brazos a Teseo, lo cual resultó ser fatal. Teseo cayó al suelo áspero del laberinto, ya sin ningún indicio de vida. No obstante, Egeo, terriblemente enojado por la reciente muerte de su hijo ante sus ojos, alzó la espada, y, durante unos instantes, notó que una energía vigorizadora crecía no solo dentro de él, sino también dentro de la espada, haciéndola a simple vista más brillante y afilada de lo que era antes. Estas nuevas fuerzas, surgidas de la nada, proporcionaron, en el momento en el que Egeo ahondó la espléndida espada de su hijo, una victoria instantánea.
El Minotauro murió, pero Teseo también. Egeo profirió sonidos terribles procedentes de los llantos que la tristeza le inundaba, lamentándose de todo lo que había hecho. Él mismo se dio cuenta del enorme error que cometió al intentar fortalecer a su hijo, pues ello nunca ocurrió en realidad.
La energía que Egeo sintió antes se manifestó en sus ojos, mostrándole cómo hubiera sido el transcurso del viaje si Teseo se hubiera marchado solo, lo que le produjo más tristeza todavía. Entonces, esa misma energía se materializó fuera, y le dijo lo siguiente: ``Por querer sobreproteger a tu hijo y no pensar ni una sola vez en las consecuencias, te condeno a residir en este laberinto eternamente. Tus lágrimas jamás dejarán de desbordarse de tus ojos.´´
Se dice que una vez el laberinto se inundó de lágrimas hasta que los muros exteriores del laberinto estallaron, y que por esa razón a ese mar se le denominó Mar Egeo.